SALUD Y CONDICIONES DE TRABAJO
La relación entre trabajo y salud se constituye como tal a través de un largo recorrido.
En líneas generales esta relación se va concretando y perfilando en el actual siglo XX. Y esto fundamentalmente, porque tanto la realidad del trabajo como su percepción y concepto, al igual que el de salud general y el de salud de los trabajadores son algo Socialmente Construido, como resultado de potentes factores socioeconómicos, culturales y políticos.
Algunas veces, quizá demasiadas, al leer o estudiar publicaciones y manuales españoles sobre Previsión y Prevención de Riesgos en el trabajo, e incluso de relaciones industriales, se suele comentar que las relaciones entre trabajo y salud o que la preocupación de la medicina, por la salud de los trabajadores ha existido desde la antigüedad clásica. Probablemente, sea una apreciación exagerada.
El concepto de trabajo, tal como lo entendemos en la actualidad, es algo nacido hace poco más de un siglo.
André Gorz (1995), «Lo que nosotros llamamos y consideramos como trabajo ahora, es un invento (construcción) de la modernidad, de la sociedad industrial».
En la antigüedad clásica, griega y romana, cualquier actividad directamente relacionada con la supervivencia material, ya fuese realizada por un esclavo, o un ciudadano libre, constituiría algo despreciable o al menos, no entraba dentro de los comportamientos o actividades que podían desarrollar un Reconocimiento Social y Moral.
Varrón el poeta del siglo I a.n.e., en su tratado sobre Agricultura dividía en tres categorías los instrumentos utilizados.
I. Instrumentos parlantes, esto es, los esclavos.
II. Instrumentos que emiten sonido, los bueyes.
III. Instrumentos mudos, los carros.
Si el trabajo significaba algo, era la exclusión. La condición básica de exclusión, no solo de orden ciudadano, sino del mismo orden moral, de no pertenecer al género humano o lo que en esas sociedades se entendía por hombre y que siendo esto, en principio referido al esclavo, también tocaba al ciudadano con pocos recursos, que tenía que vivir de sus propias manos y que le colocaba en el umbral mínimo de la consideración social.
«Ser humano y ciudadano», se correspondería en realidad con hombre libre, con recursos económicos
La carta de ciudadanía en la sociedad industrial estará dada por la propiedad y el trabajo frente al linaje como expresión de la ciudadanía, en la sociedad antigua, aunque el carácter social y moralmente degradante del trabajo va a continuar presidiendo su significación -con ciertas variaciones e intensidades- hasta el siglo XX
La sociedad romana, recoge el planteamiento griego sobre el trabajo y la esclavitud, aunque a partir del siglo II, el cristianismo va introduciendo ciertas modificaciones que determinan en la época de Adriano (siglo II) el establecimiento de una «legislación de esclavos prohibiendo a sus propietarios darles muerte.
En esta etapa, de la historia de la humanidad, la medicina hegemónica estaba presidida por los médicos de la llamada Escuela de Cos, cuyo representante o personaje emblemático fue Hipócrates. Esta medicina, era fundamentalmente una medicina aristocrática.
Aunque la Escuela de Cos (siglo IV a.n.e.) desarrollase un concepto de la enfermedad como proceso natural, negando su carácter sobrenatural y religioso (teúrgico) por la acción o intervención de «espíritus malignos, demonios o fuerzas irracionales Rene Dubos (1968) y desarrolle y relacione, la salud y la enfermedad, con el medio ambiente natural -físico y biológico e incluso social y político- (vivir en una democracia o en una sociedad con gobierno tiránico no tendría los mismos efectos sobre la salud)[1].
Omite a pesar de su ambientalismo, lo más importante en lo que respecta a la salud y la enfermedad, como es, la ocupación o actividad habitual, de la mayoría de la gente, que es el trabajo.
La aparente preocupación por el trabajo, derivada de alguna referencia aislada en el Corpus Hippocraticum por ejemplo, las intoxicaciones por plomo, o alguna epidemia de difteria de las mujeres esclavas, o a la impotencia que sufren los que montan habitualmente a caballo, y que por lo tanto no afecta a los esclavos, son meras anécdotas. Y en último lugar, si la salud de los esclavos podía tener alguna importancia, estará siempre referida a su estatus de propiedad. Así, hay que entender las recomendaciones de Cayo Varrón (siglo III de n.e.) sobre las tierras insalubres, que ocasionaban una gran mortalidad de, esclavos. Lo mismo ocurría con Galeno (siglo II de n.e.) cuando se ocupaba de la salud de los gladiadores en la Escuela de Pérgamo[2].
Con el cristianismo, se suaviza la maldición sobre la significación del trabajo. Hereda de la cultura mosaica su concepción expiatoria y su postura «defensiva» ante el cuerpo. El trabajo, será un instrumento de purificación, como componente de una estrategia salvífica, que se irá modificando a partir de dos instituciones. Las ordenes monásticas, y la formación de núcleos urbanos.
En las ordenes monásticas y fundamentalmente en la de San Benito, se empieza a contemplar la salud corporal con una nueva mentalidad de carácter productivo. De la misma manera, el desarrollo de las ciudades, con la incorporación de comerciantes y artesanos; a partir del siglo XI, impulsa el desarrollo de nuevas formas de visualización del cuerpo, aunque se muevan teniendo como referencia la Economía de la Salvación.
El Renacimiento y fundamentalmente La Reforma Protestante, determinará un sistema de percepciones sobre el trabajo, e incluso sobre la pobreza, en la que el primero va a ser valorado como actividad positiva, sujeto de reconocimiento social y moral y el No Trabajo, la pobreza, va a ser enfocado con una nueva mirada en la que la anterior sublimación de la Edad Media va a dar paso a percepciones defensivas.

De esta manera, se rompe el orden teológico de la Edad Media en lo que se refiere al equilibrio social, racionalizándose la relación con los pobres.
Luis Vives (1526) en su SUBVENTIONE PAUPERUM comienza a considerar a los pobres no sólo como sujetos de caridad, sino como focos y transmisores de enfermedades.
EL COMIENZO DE LA MEDICINA SOCIAL DEL INDIVIDUO A LAS GENTES.
Se diseña una nueva valoración del cuerpo, incluso una visualización formal del mismo. La medicina se concentra sobre el cuerpo humano (se pasa de las autopsias y disecciones de cerdos a actuar sobre el cuerpo del hombre). Es el tiempo de Vesalio (1514-1564) padre de la anatomía moderna. Giovanni Batista Morgagni, adelantándose a Ramazzini, introducirá en el protocolo de autopsia «la profesión ejercida. Lo que se desarrolla, es una nueva concepción de la vida humana como vida del cuerpo, frente al diseño medieval, centrado en la vida del alma. Súbitamente, comentaría el historiador suizo de la medicina, Henry Sigerist (1948), la gente empieza a desear vivir «más tiempo». Los tratados con la rúbrica de «vita longa» empiezan a proliferar. La hora de la muerte va a dejar de ser considerada como algo predestinado por Dios. El hombre tendría por primera vez, un cierto poder para prolongarla. En 1560, se edita la obra de Paracelso «Liber de Longa Vita», la medicina, la higiene y la dieta serían las herramientas para la consecución de esta vita longa.
Es la época de la traducción al latín y a algunas lenguas europeas de las obras médicas de la Escuela de Salerno, y de la medicina arábigo-medieval. La compilación más importante sería el régimen Sanitatis Salernitanum
En este proceso de
VALORACIÓN DEL TRABAJO
Y
VALORACIÓN DEL CUERPO Y LA VIDA
Va a aparecer un conjunto de médicos que, de manera aislada, pero también respondiendo a un nuevo modelo generacional y cultural de entender la realidad humana y la ciencia, empezarán a describir enfermedades y riesgos relacionados no tanto con individuos aislados o con individuos representativos de las clases poderosas, como con colectivos, que van a estar situados en contextos diferentes como pueden ser los mineros y los artesanos o trabajadores de la naciente manufactura. El primero de estos médicos será Ulrich Ellenborg que en 1473 publicó un folleto dirigido a los orfebres en el que contemplaba los efectos tóxicos de los humos y vapores que se desprenden del carbón, del oxido nítrico, del plomo y del mercurio. Posteriormente Paracelso (1493-1541), Georg Agrícola (1494-1555) y fundamentalmente Benardino Ramazzini (1633-1714) comenzarán a desarrollar lo que podríamos denominar protomedicina del trabajo.
En España, a partir del S. XVI comienza a desarrollarse una rudimentaria medicina pública, que tendrá como objetivo el estudio de las pestes y epidemias
Estos médicos españoles no contemplarán tanto.
DE MORBIS METALLICA
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DE MORBIS ARTIFICUM
De Paracelso, Agricola o Ramazzini y se dedicarán a los estudios sobre DE MORBIS POPULORUM.
Aquí, nos encontraremos con una lista numerosa de médicos que inician en España la medicina social, en la medida en que el estudio de las epidemias de peste hacía hincapié en la Prevención Pública y Colectiva, como preámbulo a lo que más tarde sería la Higiene social. Esta visualización de la enfermedad y de la salud, aunque no tuviese una relación directa con el trabajo como la representada por Ramazzini y Agricola, suponía, no obstante, una nueva perspectiva, al introducir efectos ambientales y al considerar como objetivo de la mirada médica, a las gentes más que al individuo aislado. Por otra parte, estos médicos van a tener en cuenta las nuevas condiciones de vida urbana de las clases populares y los efectos, y las relaciones entre la salud y el inicial desarrollo de la primitiva manufactura española.
Así tendríamos los siguientes médicos:
- Luis Collado (1571-1572). Estudio enfermedades endémicas en Valencia.
- Luis Mercado (1525-1611). Estudio de la epidemia de tifus exantematico (el popular tabardillo) que se desarrolló en Castilla y León en 1574.
- Alonso de Freylas. Estudio de la epidemia de peste que asoló Jaén en 1603.
- Juan Tomás Porcell. Epidemia de peste en Zaragoza en 1656.
- Juan Pascual. Publicó una Información en Valencia en 1555, sobre la contaminación del aire derivada de la posibilidad de que éste fuera «inficionado» por la fetidez resultante de la maceración del cáñamo en las balsas.
- Juan Bautista «Juanini». El promotor de los «Novatores» (movimiento médico que introduce la iatroquímica en España en el reinado de Carlos II), en 1679, en su Discurso Político y Phisico, estudia las sustancias que *impurificaban el aire de Madrid».
- José Lucas Casalet (1680-1701). Publica en 1698 los resultados de una consulta pedida por la Inquisición «Acerca de las consecuencias que la instalación de una fábrica de tabacos dentro de las ciudades podía tener para la salud pública»
La aportación realmente significativa de todos estos médicos es, como hemos señalado antes, el salto desde operaciones o estrategias de prevención centradas en el individuo, a otras que van teniendo como objeto a la sociedad y a colectivos de individuos.
La preocupación por
- La limpieza de las calles.
- La fetidez del aire.
- La higiene de las ropas.
- El control de aguas encharcadas.
- Los oficios contaminantes.
Dará paso años más tarde, ya en el siglo XIX, al estudio de las condiciones ambientales, de vida y trabajo de las clases populares.
Tendríamos así, dos líneas o ejes de desarrollo de la Medicina Social en Europa
Una centrada sobre la minería, metalurgia y manufactura.
DE MORBIS METALLICA Y DE MORBIS ARTIFICUM.
Representada por Paracelso, Agricola y Ramazzini.
Y otra, centrada (en el caso español) en DE MORBIS POPULORUM con el estudio y prevención de las epidemias, y el comienzo de las estrategias públicas de prevención de la salud.
Paracelso, desarrollaría el cuadro clínico de la neumoconiosis minera, como patología específica laboral, junto con las enfermedades «mercuriales», de los trabajadores de la mina y los fundidores.
Si Paracelso, es un médico que todavía trabaja inmerso en una cosmología alquimista (habla de «espíritus metálicos y de mineral lunático»). Georg Agricola, en su obra De Re Metallica (1541), introduce una metodología más rigurosa y moderna, desarrollando una medicina clínica y sobre todo cuadros o mapas de la patología específica minera, e incluso desarrollando normas y estrategias de prevención.
Ramazzini en su obra De Morbis Artificum Diatriba (1700), en la que trata más de 50 profesiones y oficios, sienta los cimientos de una moderna medicina del trabajo, incorporando como lo hiciera Morgagni para las autopsias, el oficio, en el historial clínico, o anatomopatológico.
Para Ramazzini, las causas de la enfermedad estarian entendidas desde dos contextos.
- Las condiciones en que se desarrolla el trabajo.
- El modo de vida a que el trabajador se ve obligado por la exigüidad de sus recursos.
Escribía, Ramazzini en su obra citada:
«La medicina… debe contribuir al bienestar de los trabajadores y vigilar en la medida de lo posible que estos puedan cumplir con sus obligaciones sin daños».
A partir de finales del siglo XVIII y fundamentalmente en la primera mitad del XIX, el panorama ha cambiado profundamente. En esta etapa, la gran dureza en las condiciones de vida y de trabajo, de las clases populares, tanto en la minería como en las primeras fábricas y talleres de la industria textil y de la manufactura en general, van a propiciar el desarrollo de un movimiento de preocupación, de crítica social, de movilizaciones y de reivindicaciones, que dará lugar a un intento de comprensión, no solamente desde la medicina, sino del derecho y la naciente sociología. En general, de la opinión pública de la época, bajo la rúbrica de «la cuestión social».
Estas condiciones de vida y trabajo organizarían una nueva sensibilidad moral, social y científica, que sin duda estará relacionada con el diseño del nuevo modelo político y socioeconómico que la revolución industrial irá consolidando en Europa y en EE. UU. Esta sensibilidad, no podría aceptar una situación que no solamente es (y puede serlo más) conflictiva, sino que iría en contra de la productividad (lo demográfico como reproducción de la fuerza de trabajo) económica y política (la necesidad de tener ciudadanos sanos para el ejército y para la industria).
En palabras de un economista y filósofo de la segunda mitad del siglo XIX «el trabajo mecánico ataca enormemente el sistema nervioso, ahoga el juego variado de los músculos y confisca toda la actividad física y espiritual del obrero…».
En 1784, Thomas Percival, médico fundador de la Sociedad Literaria y Filosófica de Manchester, con motivo de la aparición y estudio de una nueva enfermedad que se denominó «fiebre de las fábricas constató la especial virulencia de la misma en los niños que trabajaban en las fábricas y talleres textiles, denunciando a los industriales, que compraban niños por el precio de 5 libras. Su preocupación llevo al gobierno británico a promulgar en 1802 la Primera Ley Europea del Trabajo «La Ley de Salud y Moral de los Aprendices».
Por la misma época en Austria, Johan Peter Frank, nombrado director general de Salud Pública en la Lombardía Austríaca, publica un discurso en 1790, en donde diseña, lo que va a ser una importante corriente de la medicina centroeuropea de la época, La Medicina Social Con un carácter reivindicativo, que no va a parecerse en nada, a otras corrientes, como la española, cargada de paternalismo.
En su discurso decía lo siguiente:
«El hambre y la enfermedad están pintadas sobre la frente de toda la clase trabajadora. Se la reconoce a primera vista.
Y quien quiera lo haya observado, no llamará a ninguna de esas personas a un hombre libre…»
En 1807 tenemos el Informe del Perfecto Dubois sobre el trabajo de niños en Lyon.
En 1839 el informe de otro francés, Louis Rene de Villermé, también sobre el trabajo de los niños, que quizá motivó igual que ocurriría con el Informe de Percival la primera Ley Francesa del Trabajo de 1841, prohibiendo el trabajo a los niños menores de 8 años, que al igual que la inglesa nunca se aplicó.
En 1831 en Gran Bretaña, el médico Turner Thackrah, publicó un informe señalando los efectos de las condiciones de vida y de trabajo, sobre la salud y la longevidad.
En 1836 en EE. UU., Benjamin Mc Cready, estudió las condiciones de vida y de trabajo en las obras públicas, denunciando la costumbre de pagar la peonada diaria con 5 pintas de whisky.
En 1842, el famoso informe del inglés Edwin Chadwick, sobre «Las condiciones sanitarias de la población trabajadora en Gran Bretaña» reflejarían como se distribuía la esperanza de vida en Liverpool:
- 35 años para la aristocracia.
- 22 años para los comerciantes.
- 15 años para los obreros.
En 1845, el libro de Frederick Engels sobre la situación de la clase obrera en Inglaterra, como síntesis global del problema, constituiría, un verdadero manual de sociología del trabajo, de la salud y del sufrimiento humano.
Por la misma época, tendríamos en Alemania dos médicos que encuadrados en la corriente crítica y liberal de la medicina social alemana, empiezan a desarrollar informes, estudios y publicaciones en las que establecen relaciones directas entre las condiciones de vida y salud de los trabajadores con las condiciones de desamparo -político y social- desde los poderes públicos y con el mantenimiento de modelos de relación contractual ultraliberales (y en el caso alemán, también semifeudales) y en definitiva, negativos para la supervivencia de los trabajadores,
Son el famoso patólogo alemán Rudolf Virchow (1821-1902) y su colaborador Salomón Newmann (1819-1907). Virchow funda, la revista Die Medizinische Reform (1848), proclamando que «la medicina fuese una ciencia social», junto con el derecho de los individuos como trabajadores y como ciudadanos, a una existencia compatible con la salud.
En el mismo año (1848) y en su informe sobre el estudio de una epidemia de tifus en la Alta Silesia (Las Mittheilungen) señala, cómo la solución, a las causas de los males sociales la enfermedad y la pobreza de las clases trabajadoras- asi como su prevención, solamente sería posible con una profunda reforma social.
Salomón Newmanın en 1847, señalaría con toda claridad que, si el Poder Público estaba obligado a proteger la propiedad, en la medida en que la única propiedad que el trabajador tiene es su fuerza de trabajo y su salud, el Estado deberá por lo tanto proteger también ese trabajo de todo riesgo.
La presión pública, tanto desde la medicina social como de sectores políticos, intelectuales, religiosos y de clase (la 1º Internacional se funda en 1864, y en 1867, August Bebel y Wilhelm Liebknecht, fundadores del S.P.D., son elegidos diputados del Parlamento alemán): hace que Alemania sea el primer país europeo en que se conseguiría, la cobertura pública y obligatoria de las enfermedades (1883) de los accidentes (1884) y de la invalidez (1889).
¿Qué ocurre por la misma época en España?, A diferencia del radicalismo de la medicina social alemana y de las fuertes denuncias de los médicos franceses e ingleses, la visualización en nuestro país tanto desde la medicina como desde otras instituciones de la denominada «cuestión social es fundamentalmente paternalista y moralizante
Solamente a finales de siglo, dentro del proceso de modernización y de racionalización de lo social, que promueve la Restauración, y por otra parte, como consecuencia también de la presión organizativa de la clase obrera, se perfilaría un escenario legal, más o menos moderno, con respecto a las condiciones de vida y trabajo y de su relación con la accidentabilidad.
En 1856 el médico catalán Felipe Monlau eleva un informe al Gobierno bajo el título «La Higiene Industrial como memoria de «medidas» que deben ser dictadas por los poderes públicos en favor de las clases obreras.
En las 20 medidas higiénicas de Monlau solamente la 2ª está dirigida a la salubridad de las fábricas, y la 9ª a evitar los accidentes de trabajo. Todas las demás, giran alrededor de formas y hábitos de vida con un fuerte contenido higienista y moralizante.
Por la misma época, otro médico catalán Joaquín Salarich, publica en 1858 su «Higiene del Tejedor», aún más moralizante que el doctor Monlau, proponiendo como remedio a las malas condiciones de vida y de trabajo, la caridad, la educación religiosa y moral y las virtudes del ahorro.
En 1873 se dicta la primera Ley de Accidentes de Trabajo. La Ley Benot, reglamentando el trabajo de los menores que como en otros países, parece que nunca se llevo a la práctica. De cualquier manera, el gran impulso inicial de adecuación legal se dio por primera vez, como hemos señalado, con la Restauración.
En 1883 se funda la Comisión de Reformas Sociales con el mandato de realizar una Gran Encuesta Nacional sobre Condiciones de Trabajo de la Población. Se va a ir estableciendo en nuestro país la práctica estadística tanto en la medicina como en la Administración, bajo el impulso de Ibáñez de Aldecoa en 1879, (aunque en España no habrá realmente una estadística oficial civil hasta 1902). Luis Comenge en 1899 desarrollaría una aceptable metodología de estratificación social en un estudio que realiza en Barcelona sobre mortalidad infantil, en la misma línea que otros médicos como Hauser (con su Informe sobre la Salubridad en Madrid, -1887.), que poco a poco, van utilizando una cierta metodología estadística en sus informes y conclusiones.
De 1900 a 1902 se ponen las bases y se diseña, la estructura de fondo, de la legislación laboral española y por lo tanto de la contemplación pública del contexto de las relaciones y condiciones trabajo.
Lo más significativo de este nuevo diseño es precisamente su comienzo con una Ley de Accidentes de Trabajo. La Ley Dato, 30 de enero de 1900, con un Catálogo de Mecanismos Preventivos (R.D. de 2 de agosto de 1900). En 1902, otro político conservador D. José Canalejas presenta en forma de libro su proyecto de constitución de un Instituto de Trabajo, con la colaboración de profesores de la Institución Libre de Enseñanza como Gumersindo de Azcárate y Adolfo Posada. El Instituto de Trabajo será el antecesor inmediato del Instituto de Reformas Sociales (1903) e incluso del INP (1908) y del andamiaje administrativo que dará lugar, en 1920, a la configuración del Ministerio de Trabajo Español.
Este proceso de renovación y de adecuación del contexto laboral español al europeo, finalizará en 1939, y tendrá su culminación última con la legislación del trabajo republicana cuyos hitos más significativos serán:
- Ley de 31 de noviembre de 1931, de Contrato de Trabajo.
- Ley de 8 de octubre de 1932, de Accidentes de Trabajo.
- Ley de 13 de julio de 1936, de Enfermedades Profesionales.
El 9 de marzo de 1938 para una parte de España, y un año más tarde para toda ella, nacerá una nueva filosofía de la consideración del trabajo con el denominado Fuero del Trabajo.
El eje discursivo, que va de finales del siglo XIX, tanto en España como en Europa hasta los años posteriores a la II Guerra Mundial en que se consolida el Estado de Bienestar, (en el caso español con un ritmo cuantitativo y cualitativo diferentes) la visualización de la salud de los trabajadores recorrería los siguientes momentos:
El de la simple supervivencia.
El problema básico de «la cuestión social» a lo largo de todo el siglo XIX es un problema de «reproducción» de la fuerza de trabajo. La salud, es la no salud. La cuestión principal, que el trabajador, pueda seguir vivo al mes o a la semana siguiente
El eje de preocupación pasaría más, por las condiciones de vida que por las condiciones de trabajo.
A partir de comienzos del siglo XX una vez superadas, las condiciones mínimas de subsistencia, Las Condiciones de Trabajo, empezarían a presentar un claro protagonismo que permitirá la visualización de la salud desde la cobertura y prevención del Accidente y la Enfermedad Profesional.
La cuestión social se convierte «en problema social, esto es en algo, que puede ser estudiado y manejado racionalmente con arreglo al recurso de las ciencias físicas y sociales. Las condiciones de trabajo se convierten en el espacio central, de los conflictos y de las soluciones. Su contemplación racional acotará tanto el riesgo de los accidentes como la productividad y los riesgos sociales. La implantación del Orden y la Disciplina en las condiciones de trabajo constituirá el paradigma, desde el que se contemplarán las relaciones de trabajo y de producción.
Desde un punto de vista psicológico, el sentido último del proceso estaría dado por el salto desde una simbólica del cuerpo doblegado», a una simbólica del «cuerpo automatizado y disciplinado».
En esta línea, recordemos una interesante cita del I Congreso para la Prevención de Accidentes de Trabajo e Higiene Industrial celebrado en Milán en 1912:
«Prevenir… sería procurar que el trabajo venga siempre del mismo modo y que los movimientos que el individuo debe perfeccionar tengan los mismos caracteres, que vengan continuados en la misma forma con energía constante y en la misma dirección…»
El término Condiciones de Trabajo se empezará a utilizar de manera institucional en el momento fundacional de la OIT (Tratado de Versalles 1919), en relación con la protección del trabajador, contra la enfermedad y accidentes profesionales y por lo tanto, incidiendo en la mejora de dichas condiciones de trabajo, pero sin especificar ni fijar el concepto de salud.
La idea de “riesgo” como conjunto de operaciones negativas sobre el cuerpo del trabajador estaría por lo tanto exclusivamente centrada, en el accidente y en la enfermedad.
En los años que van desde la configuración de la Organización Científica del Trabajo (Taylorismo), pasando por la Escuela de Relaciones Humanas tanto en sus versiones Norteamericana (Elton Mayo) como Británica (Escuela de Tavistock), se irán perfilando elementos «extratecnológicos», lo que nosotros denominamos «los que actúan más allá de la máquina que poco a poco, irán organizando nuevos espacios y situaciones de riesgo que al final, se concretarán en la consideración de la salud de los trabajadores como objetivo integral.
Un momento significativo estaría dado por la Conferencia de Dublín en 1950 en la que el Comité Mixto OIT-OMS define la Salud Laboral, como el conjunto de actividades que tienen como finalidad fomentar y mantener el más alto nivel de bienestar físico, mental y social. En el marco ya del nuevo espacio europeo, tendríamos la Declaración Marco nº 391 del Consejo de las Comunidades Europeas de 1989, en donde se consolida la doctrina comunitaria referida a la Salud de los Trabajadores y que en líneas generales se reproduce en nuestra actual Ley de Prevención de Riesgos Laborales de 8 de noviembre de 1995.
[1] Contemplado en los libros de las Epidemias y en «Sobre Aires. Aquas y Lugares
[2] Referencias históricas. Alrededor del siglo II de n.e. Areteo de Capadocia describe nuevamente la Intoxicación por plomo y Plinio el Viejo menciona los efectos negativos del plomo, mercurio y azufre Poetas y escritores como Marcial y Juvenal señalaron, enfermedades de los trabajadores del azufre y los herreros, así como las venas varicosas de los adivinadores como enfermedad profesional. Aunque los comentarios sobre accidentes y enfermedades de las gentes que se movían en otras actividades, como corredores, atletas, y situaciones de salud de hombres de letras, sabios y oradores (la emoción de los oradores), posiblemente ocupó un espacio y una preocupación mayores, en la sociedad romana.