RASTREANDO HUELLAS

RASTREANDO HUELLAS
A propósito de la arqueología del
pensamiento social o, de las sociologías
sin sociólogos en España
Rafael de Francisco López
INDICE
I.- PARA COMENZAR
II.- LA CONSTRUCCIÓN DE LA SOCIOLOGÍA EN ESPAÑA
III.- LAS HUELLAS RECIENTES DE LA SOCIOLOGÍA EN ESPAÑA
IV.- LAS HUELLAS OLVIDADAS/BORRADAS DE LA SOCIOLOGÍA O, ARQUEOLOGÍA DE LA SOCIOLOGÍA ESPAÑOLA.
V.-NATURALEZA, ESPACIO, CIUDAD Y PERSONA: LA SOCIOLOGÍA/ECOLOGÍA ANARQUISTA ESPAÑOLA.
VI.-, LA SOCIOLOGÍA TRASPAPELADA O, UNA SOCIOLOGÍA MENOR ENTRE SALES Y FERRÉ, COSTA, POSADA Y ARBOLEYA.
VII.- ALGUNAS DIGRESIONES SOBRE LENGUAJES, ESCRITURAS, PRÓTESIS Y EVOLUCIÓN HUMANA
VIII.- LOS RECORRIDOS DESDE LA NAURALEZA AL HOMBRE, LO SOCIAL, Y LA SOCIOLOGÍA
IX.- LAS NUEVAS Y FUTURAS SOCIOLOGÍAS: DESDE LAS NEUROSOCIOLOGIAS AL ALGORITMO
X.- EPÍLOGO
I.- PARA COMENZAR
Advertir al lector y, a su vez disculpándonos, al presentar un texto que como es habitual en nuestros escritos supone dos formatos. Uno el central o principal y otro, el de las notas a pie de página en ocasiones quizá excesivamente prolijas, de manera que resultan dos textos paralelos; al final, queriendo ser exhaustivo en la exposición puedan resultar incómodos para el lector y a veces, injustos para la relevancia de ciertos personajes…lo sentimos, no sabemos escribir de otra manera y a la altura de nuestros años, no lo sabríamos enmendar…y, además, sin descontar nuestra propia torpeza, puede constituir una muestra de la finitud nunca conseguible del saber, la razón y la escritura sociológica…siempre imperfecta; continuamente incompleta, abierta y provisional.
Y ¿otra advertencia más? no se sorprenda el sufrido y paciente lector si se encuentra con una escritura poco académica y en ocasiones, pelín anecdótica… un servidor no es otra cosa que un viejo sociólogo fronterizo, indisciplinado y poco tabulado por la Academia que, aprendería su oficio al modo de los viejos maestros de taller barriendo las virutas de tornos y fresadoras
“Rastreando huellas” no es más que, una aproximación a lo que podría o tendría que ser, una particular genealogía del rastro cultural occidental y, de uno de sus relatos como el social y el sociológico que, habrían dejado los humanos durante al menos casi tres milenios en su azaroso modo de vivir/convivir, unos, con o frente a otros. Esas huellas dejadas no solamente, “en la playa de Rodas”[1] sino, en toda la Tierra y, probablemente, en un futuro posiblemente cercano más allá de la misma, de tal manera que, nuestro escrito es a la vez, un rastreo sobre el pasado y una prospectiva de un futuro – ya en esbozo-, en el que el paradigma humano, cultural y científico de la modernidad soportado en la Palabra, la Máquina y el Capital… una sociedad organizada desde sustantividades analógicas, corporales lingüísticas y dinerarias, se vaya transformando/disolviendo en una sociedad líquida/virtual, en donde las viejas realidades nominalistas se disuelvan y, en donde tanto, la razón cartesiana/ilustrada como la productividad funcional del capitalismo de la chimenea y de la apropiación de la tierra, pero con rastros de sangre y carne, vayan dando paso a una razón algorítmica/digitalizada y, a un capitalismo sin cuerpo y sin sangre, al que, muy difícilmente se le pueda agarrar por las orejas. En suma, a una sociedad sin sociedad, o, a lo sumo, a una sociedad absolutamente diferente a la que, venimos construyendo desde hace a lo menos 5 o 6.000 años…Y donde posiblemente la sociología o una de las sociologías que vamos realizando como artefacto científico/protésico para mirar y leer lo no visto ni dicho, sea otra cosa…aunque probablemente siga siendo en estas circunstancias una sociología escayoladora de los presentes y futuros poderes del algoritmo y de un capitalismo desteterrioliozado y tan virtual y su vez, tan real, que ni siquiera exista la analidad del dinero…
Un adelanto a esa sociología deshabitada la tendríamos desde hace algunos años, aunque en la actualidad, se encuentre agazapada en la retranca, representada por la Neurosociología como entrenamiento pertinente para virtualizar/neurodigitalizar/atrancar, una mirada sobre la sociedad probablemente productiva para apuntalar/manejar nuevos formatos de sociedad sin sociedad (cursivas nuestras) Vide: Rafael de Francisco; Cuerpos desmenuzados (texto adelantado en digresionessociologicas.com y editado por Pandorado en febrero del 2026)
Unas huellas principalmente recogidas e inventariadas fundamental/canónicamente, desde ese saber al que llamamos Historia y en ocasiones Arqueología o Paleohistoria,pero que, puede incluir otras formas de recordar y fijar la azarosa vida de los humanos. Unas sustentadas en el infinito arcano emocional de la memoria colectiva y, otras, en lo que tiene de mirada, palabra y escritura en sus más diversas formulaciones. Y, entre estos formatos del memorizar, mirar, escribir y leer la vida de los humanos nos vamos a topar con lo que, no hace ni tan siquiera dos siglos han convenido en llamar Sociología. Probablemente una de las últimas maneras de mirar la vida del hombre desligada de la teología y, que, a partir de la primera mitad del XIX, intenta codearse con las ciencias físico/matemáticas e, incluso ser la ciencia de cierre por excelencia o, ser más ciencia que las acuñadas como ciencias morales y políticas o en general “ciencias humanas”
Años más tarde, los sociólogos posteriores, quizá Marx, el primero de ellos, seguidos por los sociólogos de la compresión (Weber, Simmel) o de la idea y el anarquismo ( Montseny, Tarrida, Alonso, Mañé) iniciarían los recorridos posfundacionales de la disciplina por una senda complementaria y seminal en donde la sociología pasaba a ser una forma de mirar la vida humano/societaria más que, como cierre de las ciencias positivas, como algo integrado/condicionado, por infraestructuras socioeconómicas, y sociopolíticas madrugando, en el sustancial carácter de la lectura sociológica como una especial manera de mirar y relatar desveladora, de la vida de los humanos qué, además y, en general, no necesitaría ser escriturada/dicha, como sociología. Nos atrevemos a decir qué posiblemente en toda la producción bibliográfica marxiana fundacional, no hay un solo renglón en donde explícitamente aparezca negro sobre blanco el neologismo sociología demostrando que, al saber sociológico no le basta con la escrituración de la palabra sociología a modo de un conocimiento repentinamente caído de los árboles como manzana newtoniana, sino que supone, una construcción y un recorrido histórico…de manera que la sociología – quizá como todo saber-, se hace desde la propia historia de los humanos y qué, sorprendentemente con respecto a su enseñanza a modo o reemplazada nosología en nuestras aulas universitarias, es generalmente sustituida, por las respetables cátedras de Historia de las Ideas. Qué confusión…no existen historias de las ideas, estas mismas ideas son así mismos historias, relato de aconteceres condicionados y, la sociología no son ideas son historia/construcción de estas junto a sus formas de construir, y a su vez, historia de hombres y mujeres que desde un rizomático y autopoiético recorrido hacen/construyen ladrillo a ladrillo las ideas de la sociología, la medicina o la física nuclear. Y además las ideas en general están más cercanas de la “doxa” que, de la “episteme” …siendo más verbo que logos…aunque también a veces, sean el verdadero logos, o constructores de un logos lleno de dudas, inseguridades y arpilleras…solamente recordemos a Sócrates, Descartes, Spinoza e incluso del propio Einstein
Es más, y engolfándonos en este asunto, nuestro saber o esta paradójica ciencia a la que llamamos sociología, se engarza y es una consecuencia más de nuestra canon cultural y mental occidental. Aunque haya actualmente sociólogos chinos e indios[2] probablemente en estas sociedades orientales no necesitaron estos saberes y prácticas hasta la acelerada de estas culturas en los territorios globales del mercado… y una de nuestras primeras digresiones: puede que la sociología necesitó un determinado formato de mercado, economía y, de política, para nacer y existir. (cursivas nuestras)
Incluso nos atreveríamos a decir que, eso que llamamos “lo social” como antecedente de la vera sociología academizada a finales del XIX, en un producto cultural y biopolítico cuyas fuentes primogénitas – casi arqueológicas-, brotarían (descontando a los griegos que caminaron por otra senda) en el cristianismo esenio/evangélico fundacional del Profeta de Belén ,e incluso en su refundacional reconstrucción paulino/constantiniana, con los conceptos y la práctica de un novedoso “nosotros” asentado en esa formulación de la ascesis/caridad, alterando el cainita “nosotros” de la sociedad judía emblematizado en la Torah. Es más, el relato rigoso y fundamentalista de Lutero-Calvino puede que de alguna manera suponga, la reconstrucción del relato de la Torah y, ya, que lo nuestro es atrevernos a pensar desde esas posibilidades abiertas, que te proporciona la “imaginación sociológica”[3] puede que en la construcción del nazismo alemán esté en cierta medida presente el relato luterocalvinista, como algo apartado de la piedad cristiano fundacional, aunque solamente fuese por ese encadenamiento a la lectura no tan beatífica pero si, fundamentalista del Antiguo Testamento y que, además probablemente presente enlaces con las versiones metodistas y presbiterianas del cristianismo de la Reforma, alimentadoras de los imperialismos Británico, Norteamericano y Sionista. La actual política hegemónica de Trump como la antigua de cañonera colonial británica podrían tener este anclaje religioso…y sobre todo la sionista/fundamentalista de nuestros días. Por eso, quizá la practica colonial española y forzando el asunto, el propio zafio/fascismo español, han sido diferentes al nazismo alemán y, a los procesos de colonialismo británico, norteamericano y, actualmente israelí; lo cual no implica que el colonialismo castellano ni por supuesto, nuestro peculiar y alpargatero fascismo franquista, estén exentos de sangre y lágrimas.
Con todas estas derivas y digresiones atrevidas podríamos concluir diciendo que este menester científico o paracientífico de la sociología, no supone otra cosa que, un intento de saber sobre el nosotros de factura genealógica cristiana y probablemente reconstruida desde el relato luterano/calvinista. Un relato en ocasiones, tan fundamentalista y cainita como el judaico/sionista, de tal forma que, reformulando la tesis weberiana, no solamente el calvinismo estuvo presente en la genealogía del capitalismo sino también, de la sociología (y del capitalismo sobre la propia sociología) ofreciendo, además-aunque se alimente de éstos-, diferencias notables en los relatos históricos sobre lo social; algo que, sin duda se nutre en el caso español, de peculiares imaginarios construidos desde nuestro siglo XVI y parte del XVII, con la frontera en el tiempo de Cervantes. Abundando en estas digresiones posiblemente podríamos encontrar alguna clave para la comparación diferencial, entre el Quijote cervantino y el Hamlet de Shakespeare.
Al final, las huellas del vivir/convivir…de los humanos se encuentran en la memoria colectiva y en diferentes modelos de escrituras que, pueden incluir la novela, el discurso político/académico, la poesía el teatro o la música, el cine y el arte,[4] junto con textos médicos, antropológicos, políticos y económicos que, inaugurarían una peculiar escritura social, de la que probablemente y no, en todas las ocasiones devendría en Sociología. En suma, y, a pesar de esa abundantes escrituras sociales, puede que la vera sociología, sea únicamente la que realizan los sociólogos que, institucionalmente son sociólogos porque están tabulados académicamente como tales; pero considerando la sociología – como es nuestro entender-, una peculiar forma de mirar/leer la paradójica forma de convivir/existir de las gentes, se puede construir/hacer sociología, presociología, o, sencillamente escritura o pensamiento social, más allá o paralelamente, a la que realizarán los sociólogos académicos…
Huellas, rastros, que han sido diferentes y a la vez, cercanos, según el espacio y el tiempo en que se plasmaron, pero que, estarían unidos en el esfuerzo y la voluntad de agarrar, manejar, cambiar, comprender, y controlar ese especial modo de vivir que, es, el de los seres humanos. Un modo de vivir, y, de existir el humano, que, se realiza por ahora, en dos territorios articulados/interrelacionados, el bionatural terrestre[5], y el societario. Dos espacios además sobre el que las pisadas, las huellas del hombre nos indican que, continuamente, han sido modificados y en cierta medida, ajustados a intereses nunca inocentes yendo por recorridos que superarían, el quizá ingenuo/condicionado diseño darwinista/espenceriano – sociológicamente pertinente para su tiempo-, asentado en la lucha por la vida y el triunfo de los más aptos; ocultando o velando qué, esos “más aptos” no eran otros que, los triunfadores victorianos del tiempo de la cañonera y la fina línea roja de la infantería[6], consiguiendo sus privilegios y su aptitud a costa de millones de gentes al mismo tiempo, domesticadas/tabuladas y civilizadas
Por donde hay huellas de humanos, existe modificación, cambio, dominio, esperanzas y sufrimiento. La aventura humana desde su evolución posterior a su humanización como sapiens o, sentiens[7] posiblemente supere parte del esquema darwinista, sustentado por una suerte de beata lucha por la vida y se transforme en realidad en cuanto atañe al hombre, en una constante e inmisericorde lucha contra la vida, desde la vida misma, que, probablemente continue bajo otra nueva calificación, con el Homo digitalis[8] en la que nosotros llamamos sociedad sin sociedad y donde probablemente la vida no exista en su esencial obscenidad de carne, sangre y emociones, al ser travestida en higienizados y moralizados circuitos y redes de silicio
Además, tamaño rastreo es a su vez, adentrarse en la Historia de la Sociología y, hacer o pretender desarrollar una historia de la sociología supone además realizar una genealogía casi arqueológica de la misma…en definitiva intentar construir una Sociología de la Sociología a modo de esa Lección sobre la Lección de la que nos hablase Pierre Bourdieu (1982) para colocarnos y descolocarnos por un principio de incertidumbre quizá más potente que el bruñido por el físico alemán Werner Heisenberg en 1927 y, probablemente darnos de bruces con el hecho de que, los nuevos datos proporcionados por este repiqueo reflexivo sobre la historia de la sociología, nos puedan conducir a la paradoja de que este neologismo, en cuanto dicho y escrito, se corresponda exclusivamente con el espacio/tiempo de la modernidad fabril/industrial. Incluso que “lo social” no existe realmente o empieza a ser dicho como sociología, hasta el lenguaje de la Revolución en 1789 aunque en nuestros pagos madrugue su prolija sementera, en el XVI, a partir de acontecimientos en principio tan dispares como la política de pobres y el descubrimiento de América, con los escritos de Vives, Luis de Mariana, Alonso de Castrillo, Baltasar Gracián y los cronistas de Indias, incluidos los rescoldos del 1520 castellano
Probablemente, este momento espacio temporal de 1789, necesitó o consistió en una deriva muy anterior en el que “lo social” daba sus primeros pasos quizá, desde esa protomodernidad que llamamos Renacimiento y, que además no se podría fijar en un tiempo nítidamente acotado.
Quizá puede que, sin tener claro lo que es, “lo social” tampoco comprenderíamos el porqué y el ser, de la sociología
En cierta medida, lo social sería su vez, o se relacionaría con la difuminación o debilitamiento de lo sagrado y, por lo tanto, con los dioses; tanto con los dioses de las cavernas como con los dioses o el dios de las culturas del neolítico. La diferencia habría consistido en que en la caverna los dioses eran totémicos, representando el poder y el orden cósmico…todo era sagrado y mágico a la vez. No había preguntas ni respuestas, solamente ritos, simbolismos y magia, y, sobre todo, no había sentido del riesgo ni de la contingencia. La vida y la muerte suponía un momento más del orden cósmico. Un orden y una existencia a las que no se necesitaría hacer preguntas porque las respuestas siempre estaban en la Naturaleza, en los Cielos y en la Tierra o, si se quiere en un modelo de religión sin dioses o con el “orden cósmico” como única religión[9] Con la aparición de las culturas escrituradas del Neolítico (Sumer, India, Egipto, Grecia) aparecerán los dioses y la ordenación de la Naturaleza según dos direcciones. Una apuntando a la Naturaleza y pasando del Kaos al Kosmos. Otra, intentando comprender la vida de los humanos, pero especialmente ordenar, ajustar, esa misma vida humana a las estructuras funcionales de determinados intereses de dominio. Desde esos mismos intereses de dominio se salta de las agrupaciones de convivencia biosociales como la familia tribal a un modelo de agrupación que ya, no va a ser exclusivamente biosocial para ser sociopolítica y constituir sociedades orgánico /funcionales, en las que, la idea de una contingencia asociada al Kaos/Orden cósmico comienza a recomponerse/transformarse en un Kosmos contingente en el que aparece la fortuna en concordancia con la voluntad de los dioses y el riesgo a perder esa especie de designio/protección de dios o de los dioses, organizándose las primeras religiones teologizadas, que van a ser ya, para siempre, religiones de lo prohibido y de la obediencia…posiblemente los primeros ensayos para las biopolíticas de la modernidad y desde las cuales se podría considerar que aparece madrugadoramente el semillado de “lo social” bajo un formato político/religioso como se daría, en los libros sagrados de las sociedades antiguas (Mahabharata, Gilgamesh, Vedas, Hammurabi, La Mikrá) para continuar en un formato más laico/político que religioso, con las Repúblicas de Platón y Cicerón o en la Política de Aristóteles
En este sentido “lo social” constituiría la primera mirada comprensiva y ordenadora del existir de los humanos que, permaneciendo inicialmente unida o, como complemento a la religión se iría progresivamente ladeándose de la misma, para dar paso siglos después, a un ramaje académico al que llamamos o llamaron sociología.
Para nosotros y para comprender los recorridos históricos y políticos que irán construyendo y principalmente haciendo en cierta medida pertinente la aparición/necesidad de lo que se ha convenido denominar como sociología, tendríamos que comenzar por la construcción de lo social, que según nuestra opinión es, inicialmente o parte inicialmente, de un potentísimo artificio engarzado con las pulsiones/prácticas de dominio de las religiones de la obediencia; de las religiones axiales como diría el profesor Beriain(2000) como la judaica, cristiano/paulina o la musulmana.. quizá por ello, las sociologías china, india y japonesa…realmente no existen
Situaciones, hechos de obediencia que, además, llevarían claveteadas pulsiones y racionalizaciones de dominio sobre la propia vida humana y la vida total de la naturaleza. En suma, sobre toda la trama de la vida (Capra,1996)
Una trama de la vida que, en cierto modo y, como apunta el sociólogo alemán Harmut Rosa (2016) a su vez, implica una determinada relación con el mundo… con lo que lleva de cambios y recorridos que, no son más que trazos, senderos y trochas que se esconden y vuelven a ser vistos y legibles desde diferentes formatos y que, de alguna forma y, a pesar de que académicamente los forcemos, nunca podremos acotar nítidamente su primer brote de tal forma que, nunca se puede hablar de una invención realmente moderna de la sociología aunque se acuñase y fuese más escrita que dicha, en el siglo XIX. La invención moderna sobre este difícil convivir/ser/estar de los humanos le ocurre los mismo que a la Antropología, con la supuesta invención del hombre[10]:“Una invención que no fue del todo súbita, sino laboriosa y lenta” y que con relación a la sociología puede que tenga recorridos paralelos de manera que, quizá antes de inventarse lo social y la sociología se inventaría el hombre… (las cursivas nuestras)
Continuando, este recorrido/construcción que, nos conduce de la naturaleza y el hombre a lo social y, de lo social a la sociología pasando por la magia, la filosofía y la teología, nos lleva a exponer ciertas digresiones/reflexiones, sobre el peculiar y excepcional comportamiento evolutivo de los humanos en relación con su propio e inicial espacio de habitabilidad que, desde un tiempo quizá anterior al Neolítico, alteraron su hábitat natural para continuar en los últimos decenios a derivar desde la simple modificación, a una corrosión de alcance posiblemente aún, no discernida en su robustez devastadora. Una domesticación de personas, tierras, animales y aguas que, le va a conducir, incluso desde el hábitat de la caverna, a entender, modificar, controlar los nuevos espacios que se irán construyendo en las interacciones con los otros, para constituir un nosotros continuamente problemático en la medida en qué, ese nosotros se va constituyendo y construyendo desde y contra, el poder y la tutela de los unos o de los pocos (las cursivas son exclusivamente nuestras)
Saltando de la bionaturaleza, a la sociedad, esto es, a ese peculiar territorio de habitabilidad/existencia humana, edificado/construido por los hombres y, a la vez, constructora del hombre, nos podemos encontrar con la persistencia en formato diferente, de las mismas pulsiones de destrucción, control, dominio y domesticación de la vida[11] por los humanos y para los humanos, utilizando un variado agavillado de herramientas y artificios que, en las culturas mágico/totémicas se corresponderían con todo el abanico de rituales, danzas, sacrificios y prácticas en un mundo presidido aun por el Kaos, y en donde únicamente los posteriores dioses hegemónicos de las culturas antropomorfas, serían capaces de diseñar un Kosmos inicial que, asentado inicialmente en lo mítico/mágico, iría deslizándose hacia la filosofía y la física, para culminar en un saber jánico sobre “lo social” que rotulamos como Sociología. Un saber, que en nuestras tierras se realiza de manera acompasada y condicionada por atascos e ilusiones ideológicas, religiosas y políticas sin duda excepcionales, pero que, tampoco suponen diferencias sustanciales en el tiempo, con otros países de nuestro entorno cultural.
Y para terminar nuestra introducción un apunte más. Nuestro escrito es un relato, una palabra sobre la palabra, no es un hecho, no es una sociología hecha, es tan solo una sociología dicha… una sociología que probablemente no la pueda agarrar ni el Capital ni la Academia. A nuestro entender, el único formato que tiene la sociología para no crear plusvalías ni para la ciencia ni para ningún otro poder. Cuando la sociología pasa del dicho al hecho la suele pillar el diablo… en mi propia experiencia como sociólogo fronterizo, con los estudios de mercado y publicitarios junto a la aplicación de mi modesto y siempre incompleto saber, a la gobernanza democrática…siempre, siempre, me pilló el diablo… quizá por eso la sociología dicha, la sociología desde la palabra y la escritura del tiempo de mi senectud, será algo totalmente improductivo… solo quedará en la memoria de unos pocos y probablemente la memoria – por eso su incomodo-,sea más difícil de agarrar por cualquier modelo de poder, qué el alma… quizá también, porque la memoria corresponde al cuerpo y, paradójicamente suele ser más difícil controlar los cuerpos que el espíritu, o mejor dicho cuando se controla el cuerpo se controla el alma. De ahí la productibilidad de las religiones y de la moral o, de la vera sociología, la que más que dicha es la que realmente se hace desde los mercados ya sea, del Capital, de la Academia o desde cualquier modelo de Gobernanza…en fin, un escrito que puede que tampoco pretenda ser canónicamente sociológico sino sencillamente, un torpe panaché de sociología, historia, memoria y emoción…una de las muchas maneras fronterizas de hacer sociología…formatos nunca pretendidamente científicos a diferencia de las encuestas u otras técnicas/tecnologías al uso. A estas siempre las va a pillar el diablo; a los sociólogos fronterizos de alguna forma, el diablo en general, solamente les rozará…paradójicas ventajas al no intentar hacer ciencia…en el fondo y en la forma, tan solo digresiones sobre lo sentido, leído y vivido…por eso quizá, nuestro torpe y frágil modo de escribir sobre esa manera de saber que han llamado sociología cuando posiblemente se trate más que de un saber; solamente de una simple mirada que intenta escudriñar una realidad absolutamente diferente, a las realidades de la Naturaleza…la carnal realidad de lo vivido… el pensamiento encadenado a la práctica de la vida. Nunca, jamás entenderemos nada de sociología sino la acercamos a la vida real de la gente…si no sabemos encontrar el sentido del vivir/estar de los humanos si nos quedamos en Comte o en Feuerbach y no sabemos llegar a Marx a pesar de sus luminosas ingenuidades…si no, queremos toparnos con la trama y trampas del capital…el Poder, el Dios infinito y continuamente camuflado desde que el hombre y la naturaleza propiciaron excedentes e hicieron posible la mercancía en la mediana del Neolítico. Una mercancía inmisericorde e implacable que encadena la vida y probablemente también a la Sociología (las cursivas con su exceso retórico son exclusivamente nuestras)
Y para terminar con esta especie de introducción, adelantarnos a la posible confusión del lector ante un escrito en el que puede dar la impresión de que se nos van apareciendo sociólogos por todos los rincones de nuestra historia intelectual, literaria o cultural. Nuestra personal opinión es que, en los recorridos hasta la actual sociología profesionalizada y academizada se habrían dado momentos y circunstancias diferentes y, algunas de ellas despistadoras o a lo menos, condicionantes, que, al final habiendo posiblemente una sola o vera sociología, resultan -y a diferencia de otros saberes-, varias sociologías…y sobre todo unas sociologías o unos sociólogos que, sin ser desde la actualidad ni sociologías ni sociólogos, harían sociología. Y, para entender esto, hay que tener en cuenta que lo acuñado por Comte (1838) con el neologismo sociología, altera y hasta intenta cientificar lo que hasta ese momento (ladeando al cura Sieyès, siempre olvidado y arrinconado por sus propios compatriotas) no era otra cosa que una mirada realista y hasta crítica del vivir, existir, relacionarse de las gentes…lo que podemos llamar “literatura o/y escritura social” abarcando casi, infinitos formatos y soportes, que, en general eran descriptivos pero a su vez, presentando, intentando, deseando, correcciones o mejoras de lo fotografiado. En cierta medida la “escritura social” sería “social” porque era crítica. En suma, lo que consigue o intenta conseguir Comte como buen politécnico con su Física social, serían dos cosas. Por un lugar que ese saber sobe lo social, se adornara con lo que todo saber serio era para un politécnico, colocarse y alienarse con las veras ciencias, las ciencias físico/naturales. En segundo lugar, proporcionar a las burguesías revolucionarias de 1789, devenidas unas burguesías del dinero y que ya, comenzaban a apropiarse/comprar tierras de la nobleza y la clerecía, una herramienta de control que bajo la moralidad científica fuese ordenando una sociedad en la que ya, aparecían serios nubarrones a partir de la Revolución de Julio (1830) con las primeras revueltas obreras en Lyon y Paris en 1831, 1832, 1834 y 1835. De cualquier manera, una astuta idea que, de una u otra manera iba a formar parte de uno de los artefactos científicos más productivos para los sectores más inteligentes del Capital. No podemos adivinar lo que pasó por la mente del Sr. Comte para este malabarismo intelectual al convertir las escrituras y miradas sociales en Sociología, pasando del relato al dato; pero sin duda sería algo que pudo conseguir que, la crítica social se fuese al convertirse en “Física” arrinconándola y ladeando en la cientícidad y beatitud moral de las veras ciencias. Este y no su endeble saber sociológico, fue para nosotros la gran aportación de Comte a la productividad social de la sociología, como herramienta de control y proveedora de plusvalías. Pero hete aquí, que algunos intelectuales y políticos continuaron en Francia (por ejemplo, Le Play) y en España personajes como Salmerón, Vicente Colorado o Álvarez de Bohorques haciendo y mirando la vida y los problemas de las gentes y en especial de las clases trabajadoras, desde el relato y no desde el dato y los distanciamientos de la ciencia; desde una escritura social que sin ser vera sociología era sociología. Abundando es estas disquisiciones resulta que esta inclusión de lo social, como sociología en los terrenos de las ciencias duras de la sociedad del capital, trabaja sobre paradigmas cambiantes, de forma qué cuando la Física (el mecanicismo estricto) cede el paso o cohabita con el evolucionismo aparece la sociología más cerca del relato que, del dato para enlazar algo más tarde con las sociologías (unas dichas, otras no, como en Marx) hermenéuticas de la comprensión de la vida social, de la mano de Max Weber cuyo escrito sociológico central se va a subtitular: “Esbozo de una sociología comprensiva” (1921) Por esos años y aún antes ( la saga de sociólogos anarquistas) se inicia una proliferación de escritos en nuestro país que rotulados o no, con el neologismo sociología y sin encuadre en la mínima sociología académica española (Sales, Aznar, Posada) van a inundar las librerías de la intelectualidad del tiempo de la Restauración y del Regeneracionismo con Ortega como representante estrella y en cierta medida por los sociólogos transterrados más que, sin sociedad, expulsados de su sociedad, Echavarría, Recaséns y Ayala. Personajes que partiendo de la filosofía del Derecho o de la novela como Francisco Ayala desembarcan en la sociología relativamente tarde y en sus países de exilio. Solamente Echavarría, tuvo tiempo para estrenarse como sociólogo en España con unas conferencias de sociología impartidas en la Universidad de Santander en 1934. Después el silencio lentamente escamoteado por las arpilleras del franquismo hasta 1956 con la cátedra de Arboleya. Un tiempo, en el qué el que ya, desde la obra de Simmel y los sociólogos de Frankfurt – y, a pesar de Durkheim-, el enfoque fisicalista de Comte se habría difuminado por completo o, eso parecía, pues a partir de los sesenta, fue entrando en España de la mano de Juan Linz, Diez Nicolás y Amando de Miguel, la nueva sociología informatizada de los matemáticos/sociólogos de Columbia, Lazarsfeld y Merton, seguidos por la demoscopia del consumo de George Gallup, diseñada alrededor de los años cuarenta en los Estados Unidos. Un tiempo en el que, se formuló y matematizó con la ayuda de IBM, el modelo de encuesta/sondeo de opinión, bajo los intereses comerciales, “el con cebolla o sin cebolla” o los electorales…en nuestro caso, solamente alrededor de 1977.
Esta presentación puede terminar con las palabras de un anarquista, Joan Montseny (Federico Urales), que escribiría y rotulase como tal, una “Sociología anarquista” (1896) y que, en otro escrito anterior igualmente desconocido, “La Ley de la vida” (1893) escribiese:
“…Existen dos ciencias sociológicas y existen frente a frente. La una vese defendida por sabios satisfechos, y por consiguiente, conservadores; por sabios que no ha hecho la teoría por nosotros concebida, aun teniendo la sanción de la ciencia de su tiempo, carece de fin perfecto, de consecuencia humana, podrá enamorar a una generación, pero no será la destinada a prevalecer en todo tiempo como una verdad absoluta… (op.c. 36-37)
Probablemente unas palabras llenas de emoción y crítica, a una inicial sociología al uso, posiblemente derivada de la titubeante escritura sociológica de los krausistas españoles, pero de gran ingenuidad…al final esa sociología de los “sabios” va a ser la “vera sociología”
En suma, nuestro escrito no va a suponer otra cosa que, un rastreo por esas otras sociologías fronterizas, que fueron sociología sin sociología y que nunca, fue escrita ni por sabios ni por sociólogos, pero que intentaría mirar y ver, la vida de las gentes más allá del dato.

II.- LA CONSTRUCCIÓN DE LA SOCIOLOGÍA EN ESPAÑA
Aunque con un cierto y no muy holgado margen de tiempo derivado del particular desarrollo de la modernización social, industrial y científica española y al igual que en otras latitudes, el siglo XIX será también el siglo de la constitución o nacimiento de la sociología en nuestro país. Si en Francia fue una consecuencia de la Revolución y sus antecedentes posilustrados, más el desarrollo de la modernidad fabril (Sieyès,1780, Saint-Simon, 1813 Comte, 1838), en España, serán los ecos del Trienio con el paréntesis de 1854 – 1856 y de la Gloriosa – incluso forzando el tiempo, del 1812 y de las Comunidades de Castilla-,[12] los que, junto al peculiar modelo cultural y científico representado por el krausismo, desde donde se irá diseñando con una aceptable cadencia, la arquitectura moderna de la sociología en España.
En nuestro país, aparte de esa madrugada presociológica de “lo social” en el XVI, representada por Juan Luís Vives y otros autores más, las aportaciones de los ideólogos del primer liberalismo hispano como Ramón Salas y Cortés, Flórez Estrada y el posterior protosociólogo Ramón de La Sagra[13], en el que “lo social” se iría enganchando a una sociología aún no dicha, dado que la acuñación del neologismo sociología no sería ni mucho manos como se suele escriturar obra de gentes de una u otra manera engarzados o enfrentados al ideario krausista como Moreno Nieto[14] en 1874[15] y Gumersindo de Azcárate en 1876,[16] o Cánovas, sino algo que fue madrugadamente escrito et dit por gentes

relacionados con el proletariado e intectualidad militante de la Federación Regional Española, embrión organizativo del anarquismo ibérico un humilde pero leído/instruido tipógrafo barcelonés de nombre Rafael Farga Pellicer (1844-1890) que en el número inaugural del periódico La Federación (1869) acuña o quizá más que acuñar contextualiza precisamente y por primera vez, el neologismo sociología en nuestro país con una claridad y posiblemente un voluntarismo descayolador al que nunca llegaría Moreno Nieto ni siquiera el Azcárate sociólogo.
Citaremos textualmente los dos momentos y el talonado de fondo desde el que, Rafael Farga escribe sobre sociología como presidente de la junta directiva de La Federación en su número 1 de agosto de 1869, a propósito de la presentación de la publicación y posteriormente de su escrito “Estudio de los conocimientos humanos que se relacionan con la ciencia social”
“…La ciencia social, la sociología, con su contundente e irrefutable lógica, resolverá esos problemas que tienden a alcanzar la emancipación completa de las clases trabajadoras, y, lo que es muy notable, esta grandiosa revolución social, y por la ciencia misma, puede efectuarse sin trastornos ni convulsiones, si a su inevitable curso oponen menguados tiranos su irritable despotismo…”
“…Para no divagar, en educación hay que entender sobre todo a nuestra naturaleza particular y a las relaciones de armonía con la naturaleza en general. Cada día irá siendo más reconocida la universalidad y armonía sociológica de los seres, y no se desconocerá que el derecho ha de ser dignamente fundado sin cesar en la razón…”
Párrafos de un humilde pero leído tipógrafo, que colocan a la sociología en un locus operativo e instrumental totalmente diferente al de los presociólogos krausistas Nieto, Colorado, Azcárate, Serrano, como padres tutores de la sociología española
A este obrero le va a seguir un intelectual anarquista; El arquitecto Trinidad Soriano Heredia nacido en Arahal (1847) un pueblo sevillano de potente memoria preanarquista (sucesos de 1857) que, durante el Congreso de la FRE celebrado en Zaragoza en 1872, y a propósito, de su alegato a favor de una enseñanza integral de las clases trabajadoras, diría como ampliación explicativa a las diferentes disciplinas que deberían formar parte de dicha enseñanza integral:
“…Estas pueden estudiarse en sus relaciones: Derechos y Deberes o sea moral; a cuyo estudio podemos llamarle Sociología…”
Extracto de las actas del segundo Congreso Obrero de la Federación Regional Española celebrado en Zaragoza en los días 4 al 11 de abril de 1872, pág. 121




Por lo tanto, sería posteriormente cuando nos encontremos con los etiquetados krausistas [17] y los contra sociológicos como Cánovas del Castillo[18] (1881) con su Discurso “La idea de Sociología” pero que, en principio y con otras acuñaciones ya, desde los griegos, intentó servir de pauta teórica y operativa para el dominio/control/racionalidad, de la existencia de las gentes. Un saber y una técnica/arte, que tuvo que,

compartir espacio y tiempo con la teología, la medicina y la filosofía, una vez desvinculada de la magia, siendo a su vez, ladeada de los dioses antropomorfos para siglos después, escondiendo a Dios, y

reconstruyendo saberes pretendidamente científicos y laicos, pero que, en puridad, mantuvieron siempre un Dieu caché[19](1955)

De cualquier manera, un saber paradójico cuyo agarre supera el anotar quién escribió/rotuló antes o después, este neologismo si no, el sustrato social, económico y político que haría posible su existencia escritural y semántica que, en el caso español se daría precisamente en el espacio/tiempo del final de la Septembrina y el de la Restauración, teniendo precisamente como primeros acuñadores a personajes que se mueven en escenarios sociopolíticos y culturales en cierto modo cercanos aunque fueron en el caso de Rafael Farga o Trinidad Soriano, absolutamente contrapuestos. Unos, los que ya, hemos comentado de factura claramente libertaria, seguidos por el melifluo diseño de Moreno Nieto de relativa inspiración krausista que, como otros muchos intelectuales de su tiempo se mantuvieron emparedados entre un convencido liberalismo y su misticismo religioso o, ferviente y peculiar cristianismo más cercano al espiritualismo protestante que, al formalismo católico que, casi simultáneamente le seguirían las figuras de Vicente Colorado, Azcárate y Serrano paulatinamente instalados y con diversas tonalidades en el krausopositivismo. Un recorrido con diferentes senderos, pero del que tenemos que resaltar los brotes madrugadores representados documentalmente por el anarquismo español desde su pionera plataforma organizacional de la FRE. No nos equivocaremos mucho si decimos que, mientras que la sociología francesa encuentra sus fuentes en el discurso, relato y la praxis del Tercer Estado, el español, lo haría desde la problemática del Cuarto Estado y de la “cuestión social”
En estos senderos y trochas, no podemos olvidar la también olvidada figura de Don Nicolás Salmerón y Alonso; un personaje político inigualable, ejemplo de honestidad y decencia republicana[20] que, para nosotros hace sociología antes de la sociología o al menos, diseñando el telonado sociopolítico de fondo que pudo servir de inspiración y referencia para las posteriores formulaciones sociológicas
Nicolás Salmerón y Alonso (1837-1908) desde su relación con el krausismo a través de Julián Sanz del Río, pasó a un claro positivismo inspirando de alguna forma la creación de la ILE y sin pretender ser sociólogo ni hacer sociología, se le puede considerar como un precursor de la sociología española sin necesidad de que este neologismo sea escriturado o dicho en sus libros, escritos periodísticos y discursos, aunque solamente fuese por su incansable afán político e intelectual en la defensa de la democracia y la libertad de pensamiento y de expresión creando, uno más, de los caldos de cultivo del que nacería la sociología académica española. Precisamente Sales y Ferré sería su profesor auxiliar en 1871 en la Cátedra de Metafísica de la que era titular Salmerón

A D. Nicolás Salmerón con sus aportaciones como periodista, articulista y parlamentario se le puede considerar como un antecedente o por lo menos como una de las figuras que van abriendo las puertas desde su pensamiento socio político, a la sociología sin necesidad de decirla o escribirla
Entre estas aportaciones citaremos:
1865, El pontificado y la civilización moderna
1865, La Encíclica “Quanta cura” y la civilización moderna
1868-1874; Doctrinal de Antropología (Cuadernos manuscritos escritos por sus alumnos del Colegio Internacional, 1866)
1871, Defensa de la legalidad de la Asociación Internacional de Trabajadores
1876, Un caso entre mil ó (sic) la Prensa y la Dictadura
1877, Cartas sobre el estado de la civilización presente
1904, Contestación al Mensaje de los obreros al jefe de La Unión Republicana
Toda la obra oral y escrita de Salmerón [21]se nos ofrece como muestra de las sementeras que, harían posible la constitución de la sociología académica en España. Un abonado que, desde lo sociopolítico parte fundamentalmente del Sexenio – con sus herencias de 1812-, y de las ilusiones de 1873, dibujando tres decorados o tres fuentes expositivas que sobre todo van a pivotar sobre nuestra peculiar y contumaz tortura histórica representada por la oposición progresismo/conservadurismo, darwinismo/creacionismo más reformas sociales/cerrazón patronal que, inundan el periodismo, el Parlamento, y los escritos reconductores/ordenadores de la cuestión social que, claramente se presenta ya, como “cuestión obrera.” En este sentido Don Nicolás Salmerón actuaría de manera combinada como periodista, parlamentario y defensor de la dignidad/legalidad del ya, reivindicativo movimiento obrero español e internacional; todo ello tejido desde las libertades democráticas y su convencido y militante republicanismo unitario que, sin embargo, le lleva a respetar -como defensor incansable de la libertad-, las opciones del republicanismo federal. Por supuesto que Salmerón no es un sociólogo, pero su obra política y su sensibilidad por la libertad y la democracia haría que, desde lo político, lo social, el periodismo, y la filosofía, incluso la metafísica, se pueda pasar a la construcción de la sociología española. De sus escritos, posiblemente el más próximo a un hacer sociológico sea “Un caso entre mil” (1876) una obra de Salmerón desconocida y perdida en los recovecos de la Biblioteca Nacional hasta que en 1971 fuese desempolvada por Fidel Villar Ribot un escritor y periodista granadino[22]


Además, y a propósito de Salmerón cuyos escritos como hemos apuntado anteriormente, son representativos de una sociología no dicha como tal y que, nos puede llevar a ciertas consideraciones sobre el proceso de constitución no solamente de la Sociología, sino de otras como la Antropología y, quizá a todas las ciencias en general.
Otro de los personajes que bebieron de las aguas del krausismo y, para nosotros, una más de las figuras olvidadas en la construcción del saber sociológico español en la línea de intelectuales, políticos y periodistas que hacen una sociología non dit, sería la del político liberal y articulista José María de Labra Cadrana (1840-1918) que aparte sus escritos sobre la cuestión social y las condiciones de trabajo obrero (Estudios de Economía Social, Madrid, Imp. de Minuesa, 1892) se le puede considerar como un verdadero sistematizador de la sociología de la esclavitud desde sus conferencias en 1872 como líder de la Conferencia Antiesclavista Española condensadas posteriormente, en su libro “La abolición de la esclavitud en el orden económico” (Madrid, J. Noguera, 1873)

Posiblemente colocables en el mismo elenco que hicieron posibles relatos político/sociales y que además en relación con ellos, intentaron reconducirlos hacia su materialización en leyes y anclajes operativos relacionables con la “cuestión social” nos encontramos con D. Emilio Castelar otra figura señera del liberalismo democrático español; otro más de los herederos de las libertades de 1868 que, claramente tampoco sería como D. Nicolás sociólogo, pero que, parte de sus escritos se pueden considerar como adelanto de la sociología política española y a su vez, semillero del clima cultural que haría posible la posterior institucionalización de la sociología en nuestro país. Entre sus escritos, los que consideramos más cercanos a un diseño presociológico fueron:
Cuestiones políticas y sociales, Madrid, Lib. San Martín, 1870
Fórmula del progreso, Madrid, Lib. San Martín, 1870
Recuerdos y esperanzas, Madrid, Lib. San Martín, 1880

posteriormente a Salmerón nos podemos encontrar con otra figura – por supuesto olvidada-, de esta tradición presociológica española representada por Ramón de Cala y Barea (1827-1902) un abogado y obrero del ferrocarril jerezano, con penetradas sensibilidades sociales y obreristas que le llevarían a la creación del Casino de los artesanos en el Jerez de 1864 como antesala de las Casas del pueblo socialistas y cuya obra más sociológica que, presociológica es: “El problema de la miseria resuelto por la armonía de los intereses humanos” (Madrid, Imprenta de Juan Iniesta Mendizábal, 1884)[23]

En estos escarceos casi arqueológicos no nos podemos olvidar de la figura de D. José Canalejas y Méndez (1854-1912) un personaje sin duda conocido como político pero que, nosotros le consideramos también representante de esas trochas que conducen de algún modo a la constitución de la sociología en España. Canalejas es sin duda, junto a Eduardo Dato, ambos víctimas del fanatismo ideológico – del color que sea-,un político excepcional en el que se mezclaron su militante talante liberal y a veces cercano a las ilusiones republicanas con un profundo patriotismo que, le llevaría a su alistamiento como soldado raso en Cuba después de haber sido ministro y, al mismo tiempo, a diseñar una política de independencia/autonómica, que nunca supo entender Sagasta, quizá condicionado por los intereses siempre inefables de la burguesía de los trapos catalana… Rastreando en sus aportaciones nos podemos encontrar con muy diversos escritos, discursos y actividades legislativas; todos ellos rozando o directamente relacionados con la problemática social y política de su tiempo como el Expediente sobre maltratos y torturas a los internos de las prisiones de Valencia y Sueca (1911), su protagonismo en el fallido intento de creación del Instituto de Trabajo (1901) su apoyo a Dato en la promulgación de las Ley de accidentes laborales de 1900, más algún discurso traspapelado como el pronunciado con motivo de la sesión inaugural del curso 1903-1904 en la R.A. de CC. MM. y Políticas en el que realiza una exhaustiva exposición del estado de la enseñanza de la sociología en el mundo.
En todos estos libros, crónicas y discursos, Castelar, Canalejas al igual que Salmerón o Margall, nunca (con la excepción de Canalejas) escrituraron el neologismo sociología… pero sin proponérselo, hicieron sociología en la medida en que miraron críticamente su tiempo político y social.

Recorridos, posiblemente parcos pero seminales, por los senderos que transcurren desde la política y lo social hasta la constitución de la sociología española, en que, nos vamos a topar continuamente con el pensamiento y la práctica liberal/democrática de personajes que, aunque tenga algún leve atisbo o referencia – muchas veces forzada y condicionada por nuestra propia perspectiva temporal-, rastreable desde el XVI, será algo que, realmente tiene sus fuentes más claras en 1812 aunque, arrastre estrechos manantiales desde el siglo XVI. Así, nos podemos encontrar con figuras como José Antonio de Canga y Arguelles (1771-1842) cuyas “Reflexiones sociales…” (1811) se las puede considerar como un patente exponente de ese pensamiento y hacer liberal desde el que lentamente se irá tejiendo el suelo sociocultural sobre el que se edificaría la sociología española.


Nuestro siglo XIX estaría repleto de personajes políticos e intelectuales que hicieron o formaron parte de la constitución del saber sociológico español en su último cuarto de siglo. El recorrido sería desde la naturaleza al hombre y, desde el hombre a lo social, para terminar en la vera sociología finisecular partiendo, de un inaugural pensamiento antropológico español enlazando con la obra de los cronistas de Indias y de escritos como La Antoniana Margarita (Medina del Campo 1554) del médico converso castellano Gómez Pereira que, por otra parte, se puede considerar como un antecedente del Descartes


de 1637 más, la Nueva Filosofía de la Naturaleza del Hombre de Oliva de Sabuco (Madrid, 1587) libro realmente escrito por su padre el bachiller Miguel de Sabuco.
Posteriormente nos encontramos con el médico gallego y militante liberal José Jorge de la Peña (1805-1888) y su libro Ensayo sobre la perfección del hombre (1842) junto a su “Código Social o sea Eco de la Moral” (1844)

Por supuesto no, son obras sociológicas y en el caso de Jorge de la Peña puede que tan solo, un escrito inaugural de higiene socio/doméstica, pero a la vez, son escritos que desvelando la vida del hombre desde su ser biológico enlazan con su medio social. Una operación intelectual que abre el camino para la colocación del ser humano en el territorio social/convivencial de su tiempo, completando/cerrando, el espacio higiénico/antropológico/humanista/renacentista.

Otros autores de la primera mitad del XIX que se mueven en los territorios de la Higiene Pública, como el médico higienista Pedro Felipe Monlau (1808-1871) también se le puede tener a pesar de su insoportable moralismo/paternalista, como precursor de indiscutibles sensibilidades sociales. De la ingente obra de Monlau[24] podemos apuntar:
Remedios del Pauperismo (1846)
Elementos de Higiene Pública (1847)
Memoria sobre las medidas que puede dictar el Gobierno a favor de las clases trabajadoras (1856)
Discurso ante la Academia de CC. MM. y Políticas de Madrid sobre: “Patología Social” (1870)





Sobrepasando la mediana del siglo otros autores como el catalán Manuel Durán y Bas (1823-1917) un precursor del relato catalanista, pero al mismo tiempo un convencido y peculiar liberal/católico que, parte de lo político hacia lo social, en libros y discursos de los que, algunos se pueden considerar como escritos realmente sociológicos, y muy especialmente, Estudios morales, sociales y económicos (Barcelona, Imprenta Barcelonesa, 1895)
Otras referencias:
Estudios políticos y económicos (1856)
Discurso ante el Ateneo de Barcelona sobre “El mejoramiento de las condiciones sociales” (1876)

En oposición a esta saga de gentes que directa o lateralmente recibieron influencias que van desde Las Comunidades castellanas, la antropología fundacional, la higiene pública europea – especialmente la francesa -, hasta la Constitución gaditana y, en cierta manera catalizadas por el krausismo, tendríamos a los políticos e intelectuales que fueron diseñando la matriz de un relato sociológico de alguna forma antisociológico, representada por Cánovas y amparada previamente por el Syllabus (1862) y la Quanta Cura[25] (1864) mostrando a su vez, el complejo escenario que marca el alba de la sociología española. Por un lado, las herencias de 1812; por otro el enterrado brote de la sociología del grito de 1869 más la endeble y velada recepción del positivismo en el caso de Moreno Nieto[26] acompañada de una sociología organicista/positivista del desconocido Vicente Colorado y la quizá titubeante de Azcárate para concretarse en la nítidamente positivista de Urbano G. Serrano y enfrente, una militante resistencia conservadora y claramente antipositivista liderada por Cánovas y sus herencias dejadas por Donoso Cortés en 1851 en su “Ensayo sobre el catolicismo…” Discursos que probablemente marcan y fijan los ejes sociopolíticos y culturales españoles enfrentados en mayor o menor grado y, sobre todo, atragantados desde 1858. El militantismo “comunero” o esa “idea,” de una parte del asociacionismo obrero, más el krausismo: el tímido, pero honesto heredero de un liberalismo que no fue posible ni durante el Trienio, ni desde las ilusiones del 68, pero que, a pesar de su laberíntico misticismo espiritualista, serviría para abonar la libertad de expresión y de pensamiento. Una sementera y una puerta abierta o semiabierta- pero nunca cerrada- por el que entraría el darwinismo, el positivismo y también la sociología. Circunstancias paradójicas que permitirían que por las aspilleras del krausismo se colara la sociología y que, como resistencia y relato táctico/combativo frente a esta sociología de la modernidad democrática, se fuese edificando una contrasociología de la servidumbre, emblematizada por esa “idea de sociología” esgrimida por Cánovas, claramente antipositivista/combativa/conservadora, que, sumada a la confusa de Moreno Nieto, puede que nos ayude a entender el peculiar escenario de aparición/constitución de los primeros relatos en los se acuña como neologismo la palabra sociología. Por una parte, las tímidas pero al fin y al cabo, honestas y sentidas sensibilides positivistas del krausismo fundacional, y, por otra parte, la cultura de resistencia a la modernidad liberal/laica/democrática desde la que se reconstruye, el catolicismo español moderno, por supuesto, imposible de ser ya, trentino, pero continuamente intentando marcar distancias a lo que puede suponer el positivismo en sus diversos nichos[27] más, la sociología, como mirada desveladora o por lo menos, bajo sospecha en una sociedad con demasiados desacuerdos ideológicos, culturales y políticos a los que se uniría esa “rosa de fuego”[28] que supuso la “cuestión social/obrera” en la España finisecular
Volviendo a Moreno Nieto y, aunque se le haya atribuido en general, la falsa madrugada en la escrituración del neologismo sociología, su idea de ésta, se manifiesta con una espesura cuya lectura y comprensión se hace con dificultad; un poco en línea con la retórica escritural de las gentes que, de una forma u otra, han bebido intelectualmente del krausismo. En cuanto a la sociología, admite su necesidad funcional e, incluso, su diseño positivista, pero a su vez, criticando su distanciamiento de los valores espiritualistas de la sociedad occidental. Ambigüedades quizá, también heredadas de un krausismo permanente engatillado entre su seminal vena espiritualista y sus indecisiones, para mirar la cruda realidad política y social de su tiempo qué, posteriormente, sería reconducida por Urbano González Serrano en 1884, instalado plenamente en el krausopositivismo acompañado por la bonhomía intelectual y socio política de Gumersindo de Azcarate (1876)[29] a pesar de sus fantasmas espiritualistas heredados del krausismo fundacional, hasta su academización e institucionalización como saber académico y científico/positivista, por Don Manuel Sales y Ferré que, seguido por Don Adolfo González Posada, los realmente bruñidores de la sociología en España. Y, todo esto, sin olvidarnos de una especie de brote rizomático representado por la sociología escriturada y desarrollada desde el anarquismo finisecular español cuyo representante más resaltable sería para nosotros Joan Montseny (alias Federico Urales) con su libro “Sociología anarquista” (La Coruña, 1896) precisamente en la década en que se publican los escritos de Sales y Ferré y se academiza la sociología española.

Rematando el asunto y siguiendo con el XIX, en el tiempo de Sales y Ferré, debemos mencionar a otra figura olvidada de la constitución de la sociología española. Nos referimos a Vicente Santamaría de Paredes (1853-1924) un personaje eminentemente conservador, aristócrata, ministro en el gabinete Moret, pero paradójicamente dotado de una profunda sensibilidad social que le permitirían desarrollar una documentadísima exposición/lección de sociología, en su Discurso ante la Real Academia de CC MM y Políticas (impresión Madrid, 1896) rotulada: “El concepto de organismo social”

Indiscutiblemente, los años que van de la emblemática fecha de 1871 hasta los primeros escritos sociológicos de Adolfo G. Posada en 1908, son indiscutiblemente los de constitución de la sociología en nuestro país. Un proceso no solamente teórico reflexivo sino al mismo tiempo empírico representado por la exhaustiva encuesta obrera promovida y gestionada desde la Comisión de Reformas Sociales. Es más, nos podemos atrever a decir que, con casi 80 años de diferencia esta encuesta de 1883 junto al Informe FOESSA de 1966 constituyen un ejemplo valiosísimo y probablemente único de la sociología empírica española; la de la Comisión sobre las condiciones de trabajo y el FOESSA, sobre las condiciones de vida.
Una sociología empírica que no es necesariamente cuantitativa, sino que se sustenta en la palabra y que nos, puede conducir además a entender ¿Qué es esto, del hacer sociológico?
Por otra parte, y este es un dato que suele pasar desapercibido La Comisión de Reformas Sociales se desarrolla y nace paralelamente a una potente sensibilidad sociológica en los círculos más concienciados del obrerismo español representado especialmente por el anarquismo ibérico y siendo objetivos algunos sectores de la burguesía menos conservadora – e, inteligente-, Así, en el verano de 1883, unos meses antes del decreto que instaura la CRS, tendría lugar en el Ateneo-Casino Obrero de Valencia un Congreso Nacional Sociológico que, para nosotros supone un significativo momento institucionalizador de la sociología española con una nítida e indiscutible vitola de talante reformista/interclasista que, en cuestión de unos pocos años será criticada/reconducida por el enfoque sociológico anarquista…probablemente menos productivo y posible, pero al mismo tiempo, condicionado/obligado por la cerrazón de los dueños españoles del Capital y del Estado.
Este peculiar pero significativo Congreso Sociológico de Valencia, nos marcaría el clima y el eje de desarrollo que, para nosotros conforma el decorado de fondo desde el que, se irá construyendo la sociología española que, no es tanto un genérico escenario burgués como en cierto modo acuñase el

profesor Arboleya, sino el de un marco concreto en el que las burguesías (especialmente las catalanas) fabriles necesitaban marcos jurídicos y herramientas sociales para el manejo y control de una clase obrera reconstituida después de las represiones de la etapa canovista contra la Internacional.
Curiosa y significativamente este Congreso valenciano se autodefiniría como sociológico, y en cierto modo, como deriva del particular significado que va a tener la sociología española en sus momentos o tiempos fundacionales. Un saber sobre la cuestión social manejando herramientas sociopolíticas de achique y contención que no solo eviten el desmoronamiento del orden del capital sino, que le hagan más funcional y productivo… en el fondo pautando la sinfonía biopolítica de la que, probablemente nace toda la música sociológica y, no solamente la española.

El seguimiento exhaustivo del desarrollo de este Congreso valenciano que no olvidemos fue interclasista, termina consecuentemente con el triunfo de las posturas resistentes a la tutela o intervención estatal ante la “cuestión social “tumbando las propuestas formuladas por el asociacionismo obrero especialmente defendidas por los representantes sindicales del textil barcelonés y los tipógrafos madrileños. Esta situación en cierta medida inestable y contraria a la voluntad tutelar y por qué, no decir interesada del gobierno Sagasta, haría necesaria la creación inmediata de la Comisión de Reformas Sociales como forma de salir de la situación en cierta medida terminada en tablas, del Congreso Sociológico de Valencia. Algo que también nos puede dar alguna pista más, para entender el clima social y político en los años en que se institucionaliza la sociología en nuestro país. Por un lado, la necesidad de los elementos más modernizados del poder para contar con una herramienta científica de control social y por otra, la tozudez de los acaparadores reales del poder en la sociedad española de oligarquía fabril/agrícola y caciquismo electoral (a pesar de la Ley electoral 26/1890)[30]acompañado todos estos relatos contrapuestos con un cierto distanciamiento de las posturas más radicales del asociacionismo obrero, especialmente del barcelonés que se movería mayoritariamente – a pesar de los Pàmies -, inspirado por el relato y la praxis revolucionaria de la Internacional y del 1871 parisino
Volviendo a la encuesta obrera de la CRS y, desde su diseño metodológico nos encontramos con un documento en el que a pesar de su armonicismo y sus fantasmas domésticos de posible herencia krausista (las cursivas siempre nuestras) presenta una praxis sociológica excepcional y exhaustiva en la que se combina la palabra con la escritura desde los mismos encuestados o informantes abarcando no solamente los medios obreros – siempre con cautelas-, sino todo el tejido social y económico de la España fabril de forma directa, a diferencia de los informes, censos, catastros y registros realizados en tiempos anteriores en donde los intermediarios eran los regidores, curas y maestros o, las topografías sociomédicas confeccionadas por los médicos rurales como la de Gaspar Casal a propósito del “Mal de la rosa” (1762) en tierras asturianas.
A fuer de resultar algo prolijos enumeramos el índice de los cinco volúmenes de que consta esta única y valiosísima encuesta/informe con un cuestionario de 223 preguntas:


1.- Información oral de Madrid:
10 Sesiones e informes
2.- Contestaciones de Centros oficiales de Madrid:
5 Informes
3.- Contestaciones de Corporaciones de Madrid:
33 Corporaciones y ponencias tocando desde una comunicación firmada por Serrano Fatigati sobre “La condición económica de la clase obrera” hasta la titulada: “Causas del escepticismo religioso de la claseobrera” por José García y García
4.- Contestaciones particulares de Madrid:
14 Contestaciones desde la Asociación libre del arte de imprimir hasta el Porvenir, sociedad de trabajadores en hierro y demás metales
5.- Memoria de la Comisión provincial de Valencia:
33 Informes
6.- Información oral de Valencia:
7 informaciones
7.- Informaciones orales de los pueblos de Valencia:
13 Informantes
8.- Informaciones escritas sobre Valencia capital y provincia:
41 Informes concernientes a Valencia, Onteniente, Alberique, Liria, Ayora, Sueca, Orriols, Chelva, y Tabernes
9.- Apéndice al apartado valenciano:
54 Documentos y aportaciones
10.- Información de Alicante y su provincia:
15 Comunicaciones
11.- Información de la provincia de Ávila:
10 Informes y comunicaciones
12.- Información de la provincia de Badajoz:
1 Informe
13.- Información de la provincia de Burgos:
12 Informes
14.- Información de la provincia de Cáceres:
3 Informes
15.- Informes de Fundaciones benéficas españolas:
7 Comunicaciones
16.- Informes de Alcaldes de provincias españolas:
10 Informes
17.-Informes de registradores de la propiedad:
12 Informes
18.- Informe de Plasencia:
3 Memorias (2 escritas y otra oral)
18.- Información de la provincia de La Coruña:
10 Comunicaciones
19.- Información de la provincia de Jaén:
2 Informes
20.- Información de la provincia de Navarra:
84 Informes
21.-Información de la provincia de Oviedo:
4 Informes
22.- Información de la provincia de Palencia:
7 Informes orales y 6 informes escritos
23.- Informes provincia de Palencia:
6 Informes
24.- Información de la provincia de Vizcaya:
1 Informe-ponencia
25.-Contestación del Centro Industrial de Cataluña
1 Contestación
En total y, en principio, 393 contestaciones referidas a territorios sociolaborales con una cierta preponderancia de los fabriles marcando el contenido patentemente industrial/maquínico de la posterior Ley Dato de prevención y aseguramientos de los accidentes de trabajo (30 enero 1900) aunque repetimos, echamos de menos la presencia de los territorios y colectivos obreros más candentes/concienciados, como los representados por el asociacionismo catalán o el joven PSOE y, en particular con los del ya, gran colectivo obrero asociado a la FRE, como deriva española de la A.I.T. En esta gran encuesta de la CRS, que por la información que actualmente manejamos y a pesar de sus intenciones de fondo nunca inocentes, no sería igualada en otros países de nuestro entorno, nos muestra un cuestionario con un desarrollo absolutamente integral sobre condiciones de trabajo, datos sociales, económicos, legislativos, institucionales y aspectos psicológicos relacionados con el trabajo, como por ejemplo la pregunta 107 que dice textualmente:
“Efecto del mismo (se refiere al trabajo infantil) en el desarrollo físico y espiritual de la población obrera.”
En total, nada menos que 223 preguntas y cuestiones cuya formulación es totalmente abierta respondiendo a un criterio nunca encorsetado como el realizado habitualmente, por las técnicas de encuesta con cuestionario totalmente cerrado. Estas preguntas se hallan repartidas en 32 escenarios o grupos, referenciando todo el mundo laboral, económico, social, hacendístico, fiscal, jurídico, tutelar y administrativo relacionable con la problemática socio laboral de las ciudades y entornos en los que se contestó al prolijo e inigualable cuestionario en el que se contenía algún dato cuantitativo pero que, en su mayoría, descansó sobre la palabra dicha o escrita de los encuestados
Estos 32 grupos serán los siguientes:
Grupo I.- Gremios
Grupo II.- Huelgas
Grupo III.-Jurados Mixtos
Grupo IV.- Asociaciones
V.- Inválidos del trabajo
VI.-Condición económica de la clase obrera
VII.- Industrias domésticas
VIII.- Condición moral de la clase obrera
X.- Condición social y política de la clase obrera
XI.-Salario IX.- Condición de la familia obrera
XII.- Participación en los beneficios
XIII.- Horas de trabajo
XIV.- Trabajo de las mujeres
XV.- Trabajo de los niños
XVI.- Cultivo de la tierra
XVII.-Obras agrícolas
XVIII.- Labriegos y propietarios
XIX.- Aparcería
XX.- Arrendamiento de fincas urbanas
XXI.- Instituciones censales
XXII.- Influjo en la condición patronal
XXIII.- Crédito territorial
XXIV.-Bienes comunales
XXV.-Montes públicos
XXVI.- Instituciones de prevención de crédito y de seguro
XXVII.-Beneficencia
XXVIII.- Educación
XXIX.- Sucesión hereditaria
XXX.- Impuestos
XXXI.- Industrias explotadas por el Estado
XXXII.-Obras públicas
Una documentación y una madrugadora metodología y diseño ajeno a la cuantificación, que reposaría mayoritaria/estructuralmente, en la palabra y que, como otros documentos y referencias de nuestra memoria sociológica suele pasar inadvertida en nuestras aulas de sociología…
Sin embargo, tendríamos – como hemos ya adelantado casi de refilón-,que hacer alguna puntualización ya, que según nuestras pesquisas y rastreos, el Informe oficial de 1894 sobre esta macroencuesta estaría intencionalmente incompleto apuntando y desvelando, la estrategia de fondo de la misma denunciada por el médico socialista Jaime Vera precisamente, en su respuesta a la Comisión como representante y ponente del informe remitido por el PSOE en 1884 en donde denuncia la ambigüedad de la encuesta y su telonado de fondo burgués conciliador y funcionalmente productivo, para los sectores más inteligentes de las burguesías españolas del capital, la fábrica y la tierra. Otro apartado que hemos echado en falta sería la transcripción e inclusión en el informe oficial de 1894, de las respuestas al Informe/Memoria sobre la situación obrera en Valladolid y su provincia, no obstante, reconstruido y documentado excepcionalmente, por el trabajo de varios investigadores vallisoletanos coordinados por el profesor de la Universidad de Valladolid Jesús María Palomares Ibáñez (1985)
Continuará en su edición definitiva…
[1] Recordando al ecosociólogo norteamericano Clarence J. Glacken (1967)
[2] Por ejemplo el chino Sun Liping profesor de sociología en la universidad de Tsinghua, experto en sociología de la población o el sociólogo hindú Dispankar Gupta experto en cambio social y profesor en la Universidad Jawaharlal Nehru en Nueva Delhi
[3] Recordando la obra de Charles W. Mills, La imaginación sociológica (1959, con versión en castellano por el FCE, de1985)
[4] En la pintura nos encontramos con la potente significación sociológica del punto de fuga en la perspectiva que inaugura en el Renacimiento una nueva forma de ver el espacio que, a su vez, supone nuevas maneras de ver y leer la sociedad y el mundo y que, además nos hace pensar en la enorme complejidad de la mirada no exclusivamente desde la cultura sino, sus implicaciones y conexiones con la complejidad neuronal y socioevolutiva del ojo humano como entidad orgánica/fisiológica específica de los HAM. Posiblemente somos humanos sapiens, no solo porque miramos desde la posición bípeda, sino porque nuestra compleja estructura neuronal en su recorrido evolutivo inervó mano y ojo, haciendo posible no solo una peculiar movilidad sino, además, un cada vez, más preciso manejo y producción de herramientas. Abundando en este asunto, nos atrevemos a escribir que, desde esta nueva manera de pintar y ver el espacio diferente a las iconografías planas/frontales de la antigüedad y de la Edad Media, estamos viendo al hombre en un campo de habitabilidades abiertas que, de una u otra manera nos lleva a un espacio societario en el que caben los otros y donde los otros y nosotros tenemos la posibilidad de movernos; en suma, de hacer y ser sociedad.
Aparte de otros aspectos, lo que tiene de esencial- a menudo no visto-, el Renacimiento – al menos para nosotros como sociólogos-, es que, a partir del mismo, se construye realmente el cuerpo humano como entidad palpable y única psíquico/física en relación abierta con los otros a través de la mirada hurtándola, a su lectura teológica desde tres artificios culturales que, para algunos pueden entenderse, como una simple boutade/ocurrencia de un viejo sociólogo, consistentes en: la disección anatómica con la verificación experimental de la circulación de la sangre, el punto de fuga de la perspectiva caballera y la novela, especialmente la “picaresca” junto a esa otra novela del “héroe desencantado” que supone el Don Quijote cervantino. Tres miradas desde las cuales se puede también entender la posterior construcción sociológica del hombre. de su cuerpo, y del nosotros, en el tiempo de la modernidad industrial-fabril del XIX.
Yendo a la música, quizá podremos encontrar paralelismo y relaciones entre los formatos musicales y determinados recorridos sociales y políticos…incluso podemos discretamente a atrevernos a exponer como la Opera moderna, la del XIX es no solo una reconstrucción de la inaugural Ópera del Barroco italiano de Monteverdi y de la preIlustración francesa con Jean-Philippe Rameau, sino los contrastes y deferencias entre el Fidelio de Beethoven (1805) su Novena (1824) una mezcla de Ópera y Sinfonía, asentada sobre los flecos de la fraternidad de la Revolución Francesa, con las óperas del ciclo wagneriano de El anillo del nibelungo (entre 1848-1874 en donde se representa la respuesta mítica defensiva prusiana ante dos acontecimientos inquietantes. Primero las barricadas del Berlín de 1848 y más tarde, los ecos de la Comuna parisina de 1871. Y, por último, el Verdi de la libertad y del garibaldismo italiano; con su Nabucco (1842) y su emocionante coro del “va pensiero sull´ali dorata” y por último los potentes y emocionales himnos patrióticos como la Marsellesa (1812) de Rouget de Lisle, que siendo el primer himno revolucionario francés, no sería realmente recobrado hasta que la Guardia Nacional, los soldados profesionales defensores de las barricadas de 1871, le hacen suyo….y al hilo de estas notas, que pena, qué desgracia la de nuestra estulticia y pobreza musical…No hemos pasado del género chico del que canta en la Rosa del azafrán aquello “de qué trabajos nos manda el Señor” sin advertir que los dioses no pintan nada en este asunto, sino el patrón y el capital…al final puede que sea mejor que no tengamos letra en nuestro himno nacional…probablemente porque esa letra como la que intentó Pemán, se nos atragante.
Para los interesados por la relación música-sociología aparte de la lectura de Merton, les recomendamos los escritos de diversos autores contenidos en la Revista Papers de la Autónoma de Barcelona, nº 99, 1988
[5] Abarcando, tierras, mares, playas y seres con vida desde animales, bacterias y plantas.
[6] Recordando Las cuatro plumas (Zoltan Korda,1939) en su versión moderna Tempestad sobre el Nilo (1955)
[7] Término acuñado por el sociólogo italiano Franco Ferrarotti (1959)
[8] Utilizada por el socioeconomista francés Daniel Cohen en Homo Numericus, Paris, 2022.
[9] De alguna forma nos hemos inspirado en el libro de Josetxo Beriain; La lucha de los dioses en la modernidad, Barcelona, Anthropos, 2000
[10] Referencias en el luminoso prólogo de Gustavo Bueno a la obra de Elena Ranzón “Antropología y Antropologías” (Oviedo 1991)
[11] El subrayado es totalmente intencionado. Podríamos haber escrito “de la vida social de los hombres”; a nuestro entender sería una redundancia; no hay vida humana que no sea social…la vida de los hombres y las mujeres constituye un existir que solamente se puede dar, desde el ser/estar con los otros en las cuevas y la tierra, desde la selva, el desierto y la sabana o, desde la piedra de la ciudad o el ladrillo de la ciudad construida de Sennett (2018) a esa ciudad de la modernidad deshabitada de la que nos hablará tímidamente/sociológicamente, Adolfo Posada (1927) para ser poéticamente sufrida por Lorca (1930) e irónicamente por Julio Camba (1934) un periodista y escribidor (sic) desenfadado, siempre atrapado entre su cuerpo de burgués y su alma anarquista…al final pudo más su cuerpo, pasando sus últimos años alojado en el Hotel Palace de Madrid
Es más, abundando en este asunto de “los otros” la propia vida biológica sustentada desde la célula es vida, porque esas células se interrelacionan con otras células formado la arquitectura de la vida/existencia, de animales y plantas.
[12] Las Comunidades de Castilla (1520-1521) puede que, en principio no tengan nada que ver con este asunto de la construcción de la sociología española…sin embargo sí, se pueden considerar con una madrugada de los sedimentos sociales y políticos sobre los que se constituye precisamente, el nacimiento de la sociología tras la consolidación del Tercer Estado en Francia. El propio lenguaje de las Comunidades, expresado en los neologismos Junta y Comunidad estarían alumbrando el sentido y la semántica de la sociedad civil, frente a la semántica nobiliaria de la organización social medieval basada en los tres estamentos: nobleza de sangre, alto clero y pueblo llano. Para nosotros, Las Comunidades, a las que se pueden considera como un verdadero intento de Revolución social y política, de algún modo se adelantan en casi dos siglos a la Revolución Francesa intentando precisamente desde el particular Tercer Estado formado por las burguesías industriales castellanas y la que podríamos llamar burguesía de toga y espada (las cursivas son nuestras) y baja clerecía (fundamentalmente del clero regular, con la excepción del Obispo Acuña y su Batallón de sacerdotes) recordemos la Carta de los frailes de Salamanca (1520) suponen de alguna manera, el pistoletazo de salida hacia modelos de sociedad desde los que, serán posibles relatos y miradas constituyentes de las trochas que conducirán a la constitución de la sociología española. Curiosamente la obra de Juan Luis Vives -y contando con sus influencias erasmistas -, se va realizando unos pocos años después del tiempo sociopolítico comunero…para nosotros Las Comunidades puede que fueran un catalizante significativo para el inicio de un nuevo lenguaje sobre ese estar de los unos con los otros en España, rompiendo la estructura feudal y apuntando hacia la modernidad burguesa/fabril.
Es más, la Ley Perpetua promulgada por la Junta de Ávila en 1520 se la puede considerar como una madrugada del Juramento del Juego de la Pelota francés (1789) organizando un verdadero Tercer Estado a la castellana, a modo de la primera revolución social y constitucional europea y americana …probablemente con dos diferencias sustanciales. Una que en la de Ávila, se mantenía la figura del rey; otra, relacionada con su enlosado económico sustentado en el mercantilismo mientras que, en Francia, alboreaba la sociedad del capital y la fábrica.
[13] A los que habría que añadir personajes absolutamente desconocidos que realizan una suerte de sociología empírica antes de su academización como José María Canalejas Ugalde (1808-1873) un militar y comandante de presidios, padre de Francisco de Paula Canalejas a su vez tío del político José Canalejas Méndez. José María Canalejas Ugalde realizaría en 1861 una estadística sobre la “Situación material y moral de los reclusos de la Casa Municipal de Corrección de Barcelona”, que constituye en la línea de la estadística obrera de Ildefonso Cerdá un exponente de esa inaugural sociología española, antes de su institucionalización claramente distanciada, de los escritos de contenido social para ser una verdadera sociología no dicha, y no pensada como tal, pero en la práctica una “vera sociología”
[14] José Moreno Nieto y Villarejo (1825-1882) un eminente arabista y político español militante del Partido Progresista y de la Unión Liberal, de talante liberal/conservador y, que, pronunciaría un discurso en la Academia de Jurisprudencia y Legislación en 1874, utilizando la palabra Sociología considerado equivocadamente por algunos historiadores de la sociología española como el momento en que se utiliza por primera vez en España el neologismo “sociología”
[15] Concretamente en la página 16 y 17 de su Discurso de 1874
[16] Se suele considerar a Gumersindo de Azcárate, como el pionero dentro del krausismo de la sociología en España…quizá una atribución, aunque cierta que, necesitará matizaciones. Realmente lo que le debemos a Azcárate aparte su afianzado liberalismo y su asunción del positivismo, sería su gran sensibilidad por la problemática social de su tiempo y su papel en la celebración del I Congreso de Sociología en Valencia (verano de 1883) en el que participan el propio Azcárate, con Salmerón, Castelar, Silvela y Gabriel Rodríguez abriendo el camino para la fundación de la Comisión de Reformas Sociales (1883) y de su continuación en el Instituto de reformas sociales (1903) cuando si podemos decir que. servirían de arropamiento institucional para la creación en nuestro país de potentes sensibilidades sociales y de tutela de las condiciones de vida y trabajo de las clases populares acompañada además, por la inaugurada de numerosos informes verdaderamente sociológicos a partir de la voluminosa Encuesta obrera de 1884 promovida desde la CRS iniciando de alguna forma la sociología empírica española que, por otra parte, no tendría que ser exclusivamente cuantitativa, y ni siquiera escriturada, para ser continuada con el Instituto de Reformas Sociales ( 1903) en cuya fundación y desarrollo tendría Azcárate un lugar insustituible…puntualizando, debemos anotar que en realidad el membrete de Comisión de Reformas Sociales es de 1890. Inicialmente el Real Decreto fundacional de 1883, llevaba por rótulo “Comisión encargada de recabar datos para el estudio de las cuestiones que interesan a la mejora o bienestar de las clases obreras tanto agrícolas como industriales y que afectan a las relacione entre capital y trabajo”
Como apunte complementario sobre el arriba mencionado Gabriel Rodríguez, diremos que se trata de la figura del no muy conocido y citado ingeniero de caminos y abogado valenciano Gabriel Rodríguez y Benedicto (1829-1901) que en la saga del pensamiento social y desde la economía política, se le puede considerar un precursor de la sociología non dit española. Su obra más significativa desde esta perspectiva sería su conferencia sobre “La influencia de las ciencias económicas y sociales en la educación de la mujer,” (Madrid, Imp. de Rivadeneyra, 1869)
Continuando con Azcarate y la construcción de la sociología y, aunque, en su libro Estudios Económicos y Sociales (1876) dedique algunas páginas (267-268) a propósito de comentar los escritos de Comte, escriturando por dos veces el neologismo “sociología,” y, de algún modo resaltando su papel “en relación con la vida social,”la lectura minuciosa de estas páginas nos deja algo perplejos y sin saber lo que realmente es la sociología para este autor. Por otra parte, en un escrito posterior de Azcárate titulado El problema social (Madrid, Gras Editores, 1881) no menciona en ningún momento la palabra sociología, aunque, años más tarde nos encontraremos con un Azcárate renovado en su Discurso de 1891, “Concepto de Sociología” en el que el concepto de ésta, se iría haciendo más transparente, aunque sin desprender de opacidad y dificultad de lectura propia de los textos krausistas y de alguna manera no llegando a la claridad y rotundidad de su predecesor Urbano G. Serrano (1884). Se podría decir que Azcárate, más que un sociólogo en sentido estricto es sobre todo un catequista empírico y teórico de “lo social “y de la modernidad política/democrática iniciando los esbozos modernos de la sociología española culminados en la obra posterior de Sales y Ferré.
En cuanto a esa defensa de la política democrática y de alguna forma como diseñador de una sociología non dit como sociología, tendríamos una muestra en su escrito “Estudios filosóficos y políticos” (Madrid, 1877)
[17] En nuestras pesquisas bibliográficas hemos encontrado un dato interesante respecto a la obra de un periodista y archivero vallisoletano de nombre Vicente Colorado y Martínez (1850-1904) que en un Discurso de inauguración de la sección de CC. MM. y Políticas del Ateneo en 1882 titula: “Fundamentos de Sociología,” siendo prologada por Urbano González Serrano en su versión escrita en 1883 (Imprenta El Extremeño, Plasencia) Un discurso/escritura lucidísimo que se organiza dentro de manifiestas sensibilidades organicistas y darwinistas, únicamente engatilladas por el peculiar espiritualismo de claras herencias krausistas pero a la vez positivistas. Dice Vicente Colorado:
“…Los principios fundamentales de la sociología radican y parten de la naturaleza misma del hombre. El cual se hacen dispuesto por su organismo para la vida y las relaciones sociales…” (op.c. pág 14)
Una obra sin duda alguna valiosa para entender claves reveladoras para la constitución de la sociología en España en la que, además se pueden percibir madrugadoras sensibilidades ecologistas como cuando Colorado dice:
“…La patria del hombre lo es la tierra que pisa…” (op.c. pág 28)
[18] Sin embargo y, hasta ahora, según criterios institucionales, sería precisamente Cánovas del Castillo (precedido como hemos ya apuntado por los anarquistas Pellicer y Soriano) el que, antes de Moreno Nieto utiliza o escritura la voz sociología en el panorama cultural español en un discurso al parecer escriturado, pero no realizado (Vide: Salustiano del Campo, 1997) en el Ateneo de Madrid (1873) que, había sido titulado prolíficamente:
“Las últimas hipótesis de las Ciencias Naturales no dan más firme fundamento a la sociología que en creencias aún miradas también como hipótesis en que esta ciencia se ha basado hasta ahora…”
En pertinencia con las sensibilidades ideológicas y religiosas de Cánovas, continuaría explayando su concepción de la disciplina en otro discurso posterior bajo el rótulo “Idea de Sociología” que constituye una copia del discurso no llevado a cabo en 1873 en el Ateneo, con el que encabezaría Cánovas en 1881, su discurso de recepción en la Real Academia de CC. MM. y Políticas, constituyendo una crítica a lo que ya se iba entendiendo como un saber alineado con el positivismo y el evolucionismo que, venía ya, penetrando por diferentes senderos intelectuales en España a propósito de la polémica sobre el darwinismo y, que, daría paso a la corriente o ramaje krausopositivista como la delinease tres años después del discurso de Cánovas, Urbano González Serrano en su libro, “La sociología científica moderna” (1884) que pueden suponer junto al poso positivista dejado por el magisterio de Salmerón, la antesala y el andamiaje sobre el que se edificará pocos años después, de la mano de Sales y Ferré y González Posada la verdadera sociología española en un trazado muy diferente al representado tanto por Moreno Nieto y especialmente por Cánovas, para el que, siguiendo a Salustiano del Campo (Real A. de CC:MM. y PP, 1997) la “verdadera Sociología”: “… se apoya para él en los principios tradicionales de las ciencias morales y políticas y busca los fundamentos de la verdad en las altas regiones de la Metafísica y la Teodicea…” manifestando ya, el rumbo que habría que tomar años más tarde el catolicismo español en relación con los fantasmas positivistas y pretensiones científicas de la sociología, presente entre otras aportaciones en la pretendida sociología expuesta por el prelado catalán Torras y Bagues o la del jesuita Martín Brugarola aunque, al final el episcopado español no le quedase otro camino que, el de utilizar la sociología como herramienta pastoral y, sobre todo, para conocer su eficacia, contabilizando por ejemplo, la asiduidad a las misas dominicales.
[19] En recuerdo de mi maestro en la EPHE parisina, Lucien Goldmann durante el bienio 1967 y 1968
[20] Posiblemente ningún político español, tuvo que lidiar con tantas crisis políticas en 45 días, como Don Nicolás Salmerón: la sublevación cantonal, la primera guerra de Cuba y la tercera guerra carlista…y, si se me permite, aunque el ritmo temporal y las circunstancias fuese diferente, algo parecido a lo que sucedió en el primer gobierno (1982) de Felipe González, en que, nos tuvimos que enfrentar desde la política interior, a un miserable y despiadado terrorismo, una durísima reconversión industrial y una urgente reconversión a la democracia de las agencias de seguridad y de la nueva arquitectura de la administración periférica del Estado
[21] Vide: Antonio Llopis y Pérez; Historia política y parlamentaria de D. Nicolás Salmerón y Alonso, Madrid, Imprenta de Ediciones España, 1915
[22] Vide: Prólogo de Fernando Martín López de la reedición de “Un caso entre mil” coordinada por Fidel V. Ribot, Madrid, 2008
[23] Vide: La introducción de Joaquín Carrera Moreno a la reimpresión facsimilada del Problema de la miseria (Ayuntamiento de Jerez de la Frontera, 2002)
[24] Vide: Rafael de Francisco; Más allá de la máquina; Valladolid, Pandorado, 2025
[25] Dos encíclicas de Pio IX, que edifican toda la arquitectura de la postura/resistencia de la Iglesia ante el laicismo, el darwinismo y el positivismo, que debían comentarse en profundidad en nuestras aulas de las Facultades de Sociología, como exponentes de lo que devendría la denominada “sociología cristiana” enlazando con la Rerum novarum (León XIII, 1891) en un intento de equilibrio/aggiornamento, para dar paso a la peculiar e interesante – desde el punto de vista sociológico -, desarrollo del pensamiento y la práctica social y sociológica, de las asociaciones social/católicas españolas desde Las Hermandades de Acción Católica hasta Cáritas.
[26] Veamos de la propia pluma de Moreno Nieto lo que representa esta primera confusa y abigarrada explanación de la sociología en España:
“…Pero me apresuro á advertirlo: el otro problema ó sea el positivo, que considero subordinado al jurídico y que deber ser resuelto por otra ciencia, que llamaré ya sociología, encargada de todo lo que no comprende la filosofía del Derecho…Si, lo diré muy alto, a pesar de ciertos espíritus despreciadores de los tiempos actuales, á los sistemas modernos es fuerza pedir los principales elementos para la sociología; a los positivistas: pero á estos solo materiales: á otros, es decir, á los que han trabajado en la dirección abierta en parte por Savigny y más por Schelling, reformada y completada por modo no poco diverso por Stahl y Krause, y en la indicada entre otros varios…el plan, el concepto y algunas de las principales de esa ciencia…
…En cuanto al concepto y plan de la sociología y á su organización interior, los sistemas indicados ofrecen grandes novedades y excelencias, debidas á su procedimiento sintético y punto de vista objetivo, al carácter orgánico de sus doctrinas y á sus miras más cabales y más exactas, sobre las condiciones críticas y las arquitectónicas de la ciencia en general y de cada una de las ciencias…Tocante a las ideas, entre las que más pueden servir para el adelantamiento de la sociología, señalaré como una de las principales la que consiste en considerar la sociedad no como mero agregado, sino como un ser el llamado por un espíritu colectivo, y por otros, espíritu nacional y espíritu universal, ser que tiene variedad interior, expresada por individualidades con fin y destino propios…Semejantes ideas viniendo en la mayoría de esos sistemas derivadas de conceptos panteístas, tienen sentido falso y pernicioso, pero recibidas libremente por una metafísica espiritualista, y reformadas á su influjo, servirán de valiosos elementos en la obra de la constitución definitiva de la ciencia…” (págs. 16-17 op.c.)
[27] Abarcando y representado por científicos, naturalistas y médicos en los que se combinan positivismo y darwinismo, como: Antonio Machado y Núñez (abuelo de los hermanos Machado) Pedro Mata, Luis Simarro, Augusto González de Linares, Enrique Lluria, Santiago Ramón y Cajal, José María Cortezo, José Rodríguez Carracido, Odón de Buen, José Echegaray o Enrique Serrano Fatigati
[28] Recordando el libro de Joaquín Romero-Maura (Alianza, 1989) relatando el tenso clima revolucionario del obrerismo barcelonés entre 1899 y 1909
[29] Indagando en la obra de Azcárate nos hemos encontrado en uno de sus escritos: Estudios Económicoy Sociales (Madrid, Imprenta de Victoriano Suarez, pp. 267-268, 1876) breves y rápidas alusiones al neologismo sociología, aunque un poco más claras que, las esgrimidas por Moreno Nieto dos años antes, siguen presentando una cierta dificultad comprensiva en línea como siempre hemos considerado la peculiar dificultad expositiva de toda la escritura krausista incluyendo a Gumersindo de Azcárate en su primera época que, felizmente cambiaría de rumbo al filo de la centuria, con su Discurso de recepción en la Real Academia de CC. MM. y PP. (1891) intitulado “Concepto de la Sociología”
En cierta medida la obra de Azcárate es sobre todo algo en la frontera entre “lo social” y la sociología manteniendo siempre una indiscutible sensibilidad por lo que nuestro autor considera “el problema social de nuestro tiempo” o “las relaciones entre capital y trabajo” que desarrollaría en su “Resumen de un debate sobre el problema social” (1881) que constituye paradójicamente, un escrito en el que sin mencionar la palabra sociología, posiblemente sea más sociológico que su Discurso de 1891
Continuando con las sorpresas y rastreos sobre la obra de Azcárate, va a ser en un escueto escrito posterior de tan solo ocho páginas y media en el nº1 de la España Económica (Madrid, 1894) una publicación que llevaría como subtitulación: “Revista Hispano-Americana de Economía Política y Sociología”. En sus páginas, Azcárate intentaría con una cierta fortuna acotar las claves del saber/hacer de la sociología (Azcárate diría el “hecho sociológico”) desde su: “…sentido metódico como observación…” a sus significados y condicionantes propedéuticos: “…hasta tal punto, que las múltiples manifestaciones de la actividad social, ciencia, arte, derecho, política, moral y religión, encuentran en la estructura económica de un pueblo su causa determinante y su razón de ser…” Un párrafo en el que Azcárate, apunta como nota a pie de página referencias a la obra del sociólogo italiano (desconocido en España como sociólogo, aunque se tradujese en 1922 su Filosofía del Derecho) Icilio Vanni (1855-1903) un significativo reconstructor del positivismo sociológico y probablemente acuñador de la sociología crítica occidental – después del “non dit” Marxiano -, con su escrito, “Prime linee di un programa critico de Sociología” (Perugia, 1888) recogiendo un párrafo de la Teoría de la propiedad de Proudhom(1866):
“…la propieté est le príncipe le plus fondemental à l´aidé du quel on puise expliquer les révolutions de l´histoire…elle régit positivement l´histoire…”
“…
[30] Un estudio completísimo en todo lo referente al Congreso de Valencia como a la Encuesta obrera de la CRS la podemos encontrar en el Estudio introductorio que realiza el profesor Santiago Castillo en su cuidada edición de Reformas Sociales, Información oral y escrita publicadas de 1889 a 1893, Madrid, Ministerio de Trabajo, 1985