LA PSICOSOCIOLOGÍA Y LA ERGONOMÍA, UNA ASIGNATURA PENDIENTE

LA PSICOSOCIOLOGÍA Y LA ERGONOMÍA, UNA ASIGNATURA PENDIENTE

ESQUEMAS DIDACTICOS PARA LA ENSEÑANZA DEL MÓDULO DE PSICOSOCIOLOGÍA APLICADA Y ERGONOMÍA EN RELACIÓN CON LA PREVENCIÓN DE RIESGOS LABORALES Y LA VIGILANCIA DE LA SALUD EN EL TRABAJO

ORDENACIÓN DE ESQUEMAS Y CONTENIDOS:

PRESENTACIÓN
TEMA I. LA CONSTRUCCION DE LA PSICOSOCIOLOGÍA Y SU RELACIÓN. CON LA SALUD LABORAL
TEMA II. ERGONOMÍA Y SALUD LABORAL LA ERGONOMÍA PSICOSOCIOLÓGICA
TEMA III. EL PARADIGMA ORGANIZACIONAL
TEMA IV. DISPOSITIVOS, HERRAMIENTAS Y RUTINAS DE LA PSICOSOCIOLOGÍA APLICADA
TEMA V. LA CRONOERGONOMÍA-DISPOSITIVO ERGONÓMICO – PSICOSOCIOLÓGICO DE ANÁLISIS DEL TRABAJO A TURNOS
TEMA VI. EL TIEMPO DE LA FATIGA. DE LA FATIGA PSICOFISICA A LA CARGA DE TRABAJO
TEMA VII. LAS NUEVAS FATIGAS ANSIEDAD, ESTRÉS, DEPRESION
TEMA VIII. EL ESTRÉS, PARADIGMA POSTFORDISTA DE LA FATIGA Y EL SUFRIMIENTO
ADDENDA. SALUD, CONDICIONES DE TRABAJO y ALGUNAS DIGRESIONES
BIBLIOGRAFÍA BÁSICA DE REFERENCIA
 
 

 
A MODO DE PRESENTACIÓN 


El lector se va a encontrar especialmente con un texto didáctico sobre ese aparente cajón de sastre que supone la psicosociología y la ergonomía como disciplinas que pueden servir para prevenir riesgos, corrosiones y enfermedades en los asalariados incluidos todos los oficios y profesiones; funcionarios públicos, profesionales sanitarios o de la enseñanza, la seguridad o los ejércitos qué hasta hace pocas décadas estos últimos por ejemplo, no eran considerados como sujetos de estrategias preventivas en cuanto a su salud como trabajadores haciendo necesario el RD. 175/2007 para los funcionarios civiles y militares de las FF.AA. y posiblemente dejando pendientes otras modificaciones como por ejemplo las relativas a los profesionales de la salud, la enseñanza o Agencias de Seguridad; en concreto la Guardia Civil que, en este caso han podido ser parcialmente contempladas en R.D del 2007.


Por otra parte, no hemos hecho más que, recopilar escritos y esquemas que utilizamos años atrás para intentar concretar saberes y miradas posiblemente apresuradas que, mínimamente pudieran servir para rellenar un campo metodológico y operativo endeble en el que, provisionalmente pudiera hacerse posible la operatividad de la Ley de Prevención de Riesgos en el Trabajo (LPRL) de 1995…una ley que, no tenemos claro que se siga aplicando actualmente con un cierto rigor tras treinta años de su proclamación y, muy especialmente, en lo que se refiere a las situaciones de orden psicosocial, emocional  e, incluso de adecuación ergonómica de espacios y herramientas relacionables con el puesto de trabajo. Es más, en su estadística oficial siguen sin estar definidos con claridad, manteniéndose un cuenteo casi exclusivamente centrado en la accidentalidad traumática.
Todo ello sin duda, contempla una serie de apuntes y consideraciones que se movían aún, en el espacio/tiempo del trabajo y de la maquinización analógica…todavía no se había llegado a la maquinización digital de nuestros días y los venideros, con sus nuevas corrosiones en la salud de los trabajadores que, se nos malicia, se irán agudizando en las próximas décadas y que además, poco van a tener que ver con las patologías tradicionales de las máquinas sencillamente porque cada vez, habrá menos máquinas y los propios trabajadores serán máquinas digitalizadas. El cuerpo del trabajador ya no será una prótesis de la máquina como diría un economista y sociólogo alemán en 1867, sino máquinas neurodigitalizadas
Además, la logística y la aplicalidad de la Ley de 1995, incluía condiciones y supuestos operativos que, en el fondo, dejaban entregados al negocio privado  a la mayoría de la probación trabajadora española mediante esa irresponsable y diabólica prevención ajena, que contempla a las empresas con  menos de 500 trabajadores lo que supone que, en nuestro país, cerca de 20 millones de hombres y mujeres tienen las medidas de prevención traumatológicas, ergonómicas y psicosociales realizadas por empresas privadas de las que una buena parte no son otra cosa que quioscos de corte y confección, como decía hace algunos años José Luis Córcoba, un especialista y predicador incansable de la Prevención desde Comisiones Obreras durante la década de los 90…y privatizar la Prevención cuando se trata de la salud laboral es a su vez, una manera directa y patente de privatizar la salud de las gentes…mucha defensa de la Sanidad Pública y todavía no nos hemos enterado de que la salud en el trabajo y desde el trabajo, es también Sanidad Pública y está privatizada.
Todo lo escrito a continuación lo dejamos sin tocar con excepción del epílogo o conclusiones, según lo redactamos en 1999 en una época, en la que trabajé en una señera Mutua de Accidentes: Fraternidad Muprespa, en donde aprendí, lo poco o mucho que se, sobre la salud de los trabajadores y que, desde ya, en  la a veces lúcida ancianidad, recuerdo con enorme cariño y agradecimiento….Instituciones como las Mutuas a las que, probablemente la sociedad española las debe mucho y, que desde los años 20 y 30 de la anterior centuria realizaron humildes estrategias de prevención que nunca fueron ajenas a las realidades de las corrosiones en la salud de los trabajadores españoles….
  
 
Decíamos así, en 1999:
No siendo nada fácil, cualquier intento de desvelamiento y aclaración de las claves, intenciones, desvaríos y soberbias que nos suelen acompañar a todos los hijos de esta tierra, cuando reproducimos o re-trascribimos pretendidos escritos más o menos originales y rigurosos en los territorios considerados o imaginados, como supuestamente científicos desde la sociología o la psicología social… la cosa se pone más complicada cuando resulta que lo que se prologa no existe como texto tradicional….que lo escrito, se presenta al lector simplemente a través de un encadenado de retazos y de esquemas, a modo de puzles; de significantes sin anclaje denotativo y sin continuidad sintáctica alguna, dejando al lector una cierta libertad de lectura …en las ciencias sociales, nunca está cerrado y concluido el campo de significaciones o quizá en unos pocos…aquellos que, algunos sociólogos olvidados o nunca tomados como sociólogos, nos advirtieron en primer lugar que las cosas no son como parecen para a continuación incidir con la acción devastadora sobre la persona y toda la trama de la vida, de poderes y dineros
Remitiéndonos a nuestro escrito podríamos decir que parte del significado, sino todo, está fuera del texto. Estaría contenido/esbozado en la palabra que, durante más de dos años, este aprendiz de sociólogo y psicólogo social ha intentado transmitir a sus alumnos de diversas instituciones madrileñas que están intentando formar profesionales en el campo de la Salud Laboral con la colaboración de la Empresa de la que formo parte, como Director de Recursos Humanos. «Fraternidad-Muprespa», antes «Fraternidad-; más el Instituto Europeo de Salud y Bienestar Social, el Centro Universitario de Salud Pública de Madrid, la Universidad Carlos III y la Escuela Nacional de Medicina del Trabajo que, a nuestro entender, estarían desarrollando una formación razonablemente digna, en un terreno inundado de mediocridad y mercantilismo.
En este sentido, el pretendido libro que el lector acaba de tener ante sus ojos no sería más que el resultado de agavillar y encuadernar las transparencias que el autor ha utilizado como apoyo didáctico en el transcurso de su enseñanza en los citados centros formativos.
Dicho esto, un material tan particular como el presente, apuntaría en su formulación o materialidad como producto, a la reflexión de que el sentido, la comprensión de la salud de los trabajadores y aún más la aplicabilidad y el significado de cualquier psicología social relacionable con la salud de los mismos, se encuentra no solo como metáfora más allá de la máquina, sino también más allá de cualquier texto; en la observación y comprensión, de la totalidad cotidiana y laboral de las gentes; de la actividad de hombres y mujeres en el escenario concreto de una sociedad organizada y desorganizada desde unas determinadas maneras de entender la existencia – los tan manidos, lejanos y cercanos modos de producción — desde donde únicamente, se podrán reinterpretar, comprender y aplicar los textos de las ciencias sociales que rastrean el trabajo de las gentes.
Agradecimiento, a muchos amigos y compañeros que me han enseñado y ayudado en el intento de aprender algo de un oficio tan discontinuo y extrañamente ejercitado por mí, Eduardo Crespo, José Ramón Torregrosa, y tantos otros, como, los Doctores Manuel Peña y Juan José Díaz Franco
Mi agradecimiento también, a la ayuda y comprensión que han tenido conmigo, directivos y compañeros de Fraternidad como Fernando Eguidazu, Rafa Torres, Pedro Oya, Enrique Navarro, Dr. José Picó, Dra. Ana García Serrano, Dr. Julio Sánchez, Olga Castañeda, a quien les debo además de innumerables aclaraciones profesionales y sobre todo, la transmisión de una potente sensibilidad a la hora de acercarme a la compresión de eso probablemente tan difícil, como necesario y urgente que es, la prevención de la accidentabilidad laboral.
Por último, mi reconocimiento al trabajo de mí colaboradora, Magdalena Santiago, sin la cual, hubiese sido prácticamente imposible la elaboración del presente escrito.
Rafael de Francisco López Madrid, Mayo de 1999.
 
 
LA CONSTRUCCION DE LA PSICOSOCIOLOGIA APLICADA A LA SALUD LABORAL


• Las contribuciones a la prevención de riesgos en el trabajo y a la promoción de la salud laboral desde la psicología social, son relativamente tardías.
• Habría que situarlas a partir de la terminación de la SGM, junto con el desarrollo de la Ergonomía.
• Previamente, desde finales del XIX, habrá una primitiva psicología, LA PSICOFISICA, que irá adentrándose en el escenario de las condiciones de trabajo, realizando estudios de campo, en los que se analizan los efectos del trabajo sobre la fatiga y la capacidad perceptiva del obrero.
• En la primera etapa del industrialismo, se desarrollarán las primeras lecturas sobre las condiciones de existencia del primitivo proletariado urbano. Son fundamentalmente descripciones y denuncias sobre condiciones de habitabilidad y de trabajo realizadas por médicos y reformadores sociales.

• A medida que avanza el proceso de industrialización y de modernización de la sociedad, la sociología y la psicología, comenzarán a reflexionar sobre la estructura de las relaciones de trabajo y sobre aspectos psicosociales, relacionados con el mismo, como la adaptación, la selección y formación profesional, junto con los primeros estudios sobre prevención de riesgos no estrictamente bio-somáticos.

ADDENDA

SALUD Y CONDICIONES DE TRABAJO CON ALGUNAS IMPROVISACIONES

La relación entre trabajo y salud se constituye como tal a través de un largo recorrido.

En líneas generales esta relación se va concretando y perfilando en el actual siglo XX. Y esto fundamentalmente, porque tanto la realidad del trabajo como su percepción y concepto, al igual que el de salud general y el de salud de los trabajadores son algo socialmente construido, como resultado de potentes factores socioeconómicos, culturales y políticos.

Algunas veces, quizá demasiadas, al leer o estudiar publicaciones y manuales españoles sobre Previsión y Prevención de Riesgos en el trabajo, e incluso de relaciones industriales, se suele comentar que las relaciones entre trabajo y salud o que la preocupación de la medicina, por la salud de los trabajadores ha existido desde la antigüedad clásica. Probablemente, sea una apreciación exagerada.

El concepto de trabajo, tal como lo entendemos en la actualidad, es algo nacido hace poco más de un siglo.

André Gorz (1995), «Lo que nosotros llamamos y consideramos como trabajo ahora, es un invento (construcción) de la modernidad, de la sociedad industrial».

En la antigüedad clásica, griega y romana, cualquier actividad directamente relacionada con la supervivencia material, ya fuese realizada por un esclavo, o un ciudadano libre, constituiría algo despreciable o al menos, no entraba dentro de los comportamientos o actividades que podían desarrollar un reconocimiento social y moral.

Varrón el poeta del siglo I a. C. en su tratado sobre Agricultura dividía en tres categorías los instrumentos utilizados.

I. Instrumentos parlantes, esto es, los esclavos.                                                               

II. Instrumentos que emiten sonido, los bueyes.

III. Instrumentos mudos, los carros.

Si el trabajo significaba algo, era la exclusión. La condición básica de exclusión, no solo de orden ciudadano, sino del mismo orden moral, de no pertenecer al género humano o lo que en esas sociedades se entendía por hombre y que siendo esto, en principio referido al esclavo, también tocaba al ciudadano con pocos recursos que, tenía que vivir de sus propias manos y que le colocaba en el umbral mínimo de la consideración social.

«Ser humano y ciudadano», se correspondería en realidad con hombre libre, con recursos económicos

La carta de ciudadanía en la sociedad industrial estará dada por la propiedad y el trabajo frente al linaje como expresión de la ciudadanía, en la sociedad antigua, aunque el carácter social y moralmente degradante del trabajo va a continuar presidiendo su significación -con ciertas variaciones e intensidades- hasta el siglo XX

La sociedad romana, recoge el planteamiento griego sobre el trabajo y la esclavitud, aunque a partir del siglo II, el cristianismo va introduciendo ciertas modificaciones que determinan en la época de Adriano (siglo II) el establecimiento de una «legislación de esclavos prohibiendo a sus propietarios darles muerte.

En esta etapa, de la historia de la humanidad, la medicina hegemónica estaba presidida por los médicos de la llamada Escuela de Cos, cuyo representante o personaje emblemático fue Hipócrates. Esta medicina, era fundamentalmente una medicina aristocrática.

Aunque la Escuela de Cos (siglo IV a. C.) desarrollase un concepto de la enfermedad como proceso natural, negando su carácter sobrenatural y religioso (teúrgico) por la acción o intervención de «espíritus malignos, demonios o fuerzas irracionales Rene Dubois (1968) y desarrolle y relacione, la salud y la enfermedad, con el medio ambiente natural -físico y biológico e incluso social y político- (vivir en una democracia o en una sociedad con gobierno tiránico no tendría los mismos efectos sobre la salud)[1].

Omite a pesar de su ambientalismo, lo más importante en lo que respecta a la salud y la enfermedad, como es, la ocupación o actividad habitual, de la mayoría de la gente que es, el trabajo.

La aparente preocupación por el trabajo, derivada de alguna referencia aislada en el Corpus Hippocraticum, por ejemplo, las intoxicaciones por plomo, o alguna epidemia de difteria de las mujeres esclavas, o a la impotencia que sufren los que montan habitualmente a caballo, y que por lo tanto no afecta a los esclavos, son meras anécdotas. Y en último lugar, si la salud de los esclavos podía tener alguna importancia, estará siempre referida a su estatus de propiedad. Así, hay que entender las recomendaciones de Cayo Varrón (siglo III a. C) sobre las tierras insalubres, que ocasionaban una gran mortalidad de, esclavos. Lo mismo ocurría con Galeno (siglo II d.C.) cuando se ocupaba de la salud de los gladiadores en la Escuela de Pérgamo[2].

Con el cristianismo, se suaviza la maldición sobre la significación del trabajo; hereda de la cultura mosaica su concepción expiatoria y su postura «defensiva» ante el cuerpo. El trabajo, será un instrumento de purificación, como componente de una estrategia salvífica que se irá modificando a partir de dos instituciones: Las ordenes monásticas, y la formación de núcleos urbanos.

En las ordenes monásticas y fundamentalmente en la de San Benito, se empieza a contemplar la salud corporal con una nueva mentalidad de carácter productivo. De la misma manera, el desarrollo de las ciudades, con la incorporación de comerciantes y artesanos; a partir del siglo XI, impulsa el desarrollo de nuevas formas de visualización del cuerpo, aunque se muevan teniendo como referencia la Economía de la Salvación.

El Renacimiento y fundamentalmente La Reforma Protestante, determinará un sistema de percepciones sobre el trabajo, e incluso sobre la pobreza, en la que el primero va a ser valorado como actividad positiva, sujeto de reconocimiento social y moral y el no trabajo, la pobreza, va a ser enfocado con una nueva mirada en la que la anterior sublimación de la Edad Media va a dar paso a percepciones defensivas y de interés económico…la nueva economía de las Naciones no necesitaría nunca más pobres limosneros sino esclavos asalariados y soldados…Singularmente el Renacimiento será el momento en que, se visualiza el cuerpo de panera patente y a su vez, desde diversas miradas paradójicas que contemplan un nuevo modelo de cuerpo desde la anatomía la pintura con el punto de fuga de la perspectiva junto a las primeras miradas protosociológicas o incluso los intentos de ruptura con los estatus de servidumbre a los dos cuerpos del Rey manifestados en las Cortes de Ávila en 1521.

En estos apretados años de la década de los 20 del XVII español y castellano comenzarían las verdaderas lecturas sobre el cuerpo en la modernidad occidental…en Juan Luis Vives, aparecen cuerpos sospechosos como el de los pobres e indigentes que hay que controlar…curiosamente -según nuestra opinión- los primeros esbozos de la sociología española o las primeras miradas  sobre una determinada estructura social las hace Vives en 1526, alterando el estatus del cuerpo de las gentes del feudalismo marcado por la economía de la salvación de manera que, el cuerpo deja de ser visto como sujeto teológico para ser sujeto político, retomando en cierta forma el relato ateniense. Los cuerpos de la mayoría de la población, el Popolo minuto, tienen ahora que trabajar…ser productivos para la República…no vale solamente con rezar o limosnear…el pobre ya no será en el occidente cristiano un hermano o una réplica dolorida del cuerpo de Cristo o partícipe de una nebulosa asociativa/fraterna como la “Comunión de los Santos” comenzando a ser propuesta como una inicial socialidad de vivos y de cuerpos productivos que dejarán de ser rehenes de Iglesias y Reyes para ir siendo rehenes del Capital…el cuerpo más allá de las servidumbres feudales que, sobre todo son servidumbres ( y nos repetimos) a los dos cuerpos del Rey[3] comienza a servir al Capital a organizar una peculiar socialidad sobre la que, con los siglos permitirá un saber al que un cura y un politécnico rotularán como Sociología y que en España pondría negro sobre blanco un militante anarquista, un obrero del arte de imprimir en madrugadores fechas como 1869[4]

De esta manera, se rompe el orden teológico de la Edad Media en lo que se refiere al equilibrio social, racionalizándose la relación con los pobres. El cercano relato de Lutero es de manera precisa el que cerrará definitivamente el relato de Vives y el que, remata el discurso de la modernidad sobre las productividades del cuerpo.

Además, Luis Vives en su Subventione pauperum comienza a considerar a los pobres no sólo como sujetos improductivos, sino como focos y transmisores de enfermedades inaugurando en cierta medida uno de los ejes basales de la Medicina pública moderna, como asistencia de pobres

EL COMIENZO DE LA MEDICINA SOCIAL DEL INDIVIDUO A LAS GENTES.

Se diseña una nueva valoración del cuerpo, incluso una visualización formal del mismo. La medicina se concentra sobre el cuerpo humano (se pasa de las autopsias y disecciones de cerdos a actuar sobre el cuerpo del hombre). Es el tiempo de Vesalio (1514-1564) padre de la anatomía moderna. Giovanni Batista Morgagni, adelantándose a Ramazzini, introducirá en el protocolo de autopsia «la profesión ejercida”. Lo que se desarrolla, es una nueva concepción de la vida humana como vida del cuerpo, frente al diseño medieval, centrado en la vida del alma. Súbitamente, comentaría el historiador suizo de la medicina, Henry Sigerist (1948), la gente empieza a desear vivir «más tiempo». Los tratados con la rúbrica de «vita longa» empiezan a proliferar. La hora de la muerte va a dejar de ser considerada como algo predestinado por Dios. El hombre tendría por primera vez, un cierto poder para prolongarla. En 1560, se edita la obra de Paracelso «Liber de Longa Vita«, la medicina, la higiene y la dieta serían las herramientas para la consecución de esta vita longa.

Es la época de la traducción al latín y a algunas lenguas europeas de las obras médicas de la Escuela de Salerno, y de la medicina arábigo-medieval. La compilación más importante sería el régimen Sanitatis Salernitanum

En este proceso de

VALORACIÓN DEL TRABAJO

Y

VALORACIÓN DEL CUERPO Y LA VIDA

Va a aparecer un conjunto de médicos que, de manera aislada, pero también respondiendo a un nuevo modelo generacional y cultural de entender la realidad humana y la ciencia, empezarán a describir enfermedades y riesgos relacionados no tanto con individuos aislados o con individuos representativos de las clases poderosas, como con colectivos, que van a estar situados en contextos diferentes como pueden ser los mineros y los artesanos o trabajadores de la naciente manufactura. El primero de estos médicos será Ulrich Ellenborg que en 1473 publicó un folleto dirigido a los orfebres en el que contemplaba los efectos tóxicos de los humos y vapores que se desprenden del carbón, del óxido nítrico, del plomo y del mercurio. Posteriormente Paracelso (1493-1541), Georg Agrícola (1494-1555) y fundamentalmente Bernardino Ramazzini (1633-1714) comenzarán a desarrollar lo que podríamos denominar protomedicina del trabajo.

En España, a partir del S. XVI comienza a desarrollarse una rudimentaria medicina pública, que tendrá como objetivo el estudio de las pestes y epidemias

Casi paralelamente se comenzaría a completar esta inicial medina de los oficios

DE MORBIS METALLICA

0

DE MORBIS ARTIFICUM

Con los estudios                                    DE MORBIS POPULORUM.

Aquí, nos encontraremos con una lista numerosa de médicos que inician en España la medicina social, en la medida en que el estudio de las epidemias de peste hacía hincapié en la Prevención Pública y Colectiva como preámbulo a lo que más tarde sería la Higiene social. Esta visualización de la enfermedad y de la salud, aunque no tuviese una relación directa con el trabajo como la representada por Ramazzini y Agrícola, suponía, no obstante, una nueva perspectiva, al introducir efectos ambientales y al considerar como objetivo de la mirada médica, a las gentes más que, al individuo aislado. Por otra parte, estos médicos van a tener en cuenta las nuevas condiciones de vida urbana de las clases populares y los efectos, y las relaciones entre la salud y el inicial desarrollo de la primitiva manufactura española.

Así tendríamos los siguientes médicos españoles

  • Luis Collado (1571-1572). Estudio enfermedades endémicas en Valencia.
  • Luis Mercado (1525-1611). Estudio de la epidemia de tifus exantematico (el popular tabardillo) que se desarrolló en Castilla y León en 1574.
  • Alonso de Freylas. Estudio de la epidemia de peste que asoló Jaén en 1603.
  • Juan Tomás Porcell. Epidemia de peste en Zaragoza en 1656.
  • Juan Pascual. Publicó una Información en Valencia en 1555, sobre la contaminación del aire derivada de la posibilidad de que éste fuera «inficionado» por la fetidez resultante de la maceración del cáñamo en las balsas.
  • Juan Bautista «Juanini». El promotor de los «Novatores» (movimiento médico que introduce la iatroquímica en España en el reinado de Carlos II), en 1679, en su Discurso Político y Phisico, estudia las sustancias que *impurificaban el aire de Madrid».
  • José Lucas Casalet (1680-1701). Publica en 1698 los resultados de una consulta pedida por la Inquisición «Acerca de las consecuencias que la instalación de una fábrica de tabacos dentro de las ciudades podía tener para la salud pública»

La aportación realmente significativa de todos estos médicos es, como hemos señalado antes, el salto desde operaciones o estrategias de prevención centradas en el individuo, a otras que van teniendo como objeto a la sociedad y a colectivos de individuos.

La preocupación por

  • La limpieza de las calles.
  • La fetidez del aire.
  • La higiene de las ropas.
  • El control de aguas encharcadas.
  • Los oficios contaminantes.

Dará paso años más tarde, ya en el siglo XIX, al estudio de las condiciones ambientales, de vida y trabajo de las clases populares.

Tendríamos así, dos líneas o ejes de desarrollo de la Medicina Social en Europa

Una centrada sobre la minería, metalurgia y manufactura.

       DE MORBIS METALLICA Y DE MORBIS ARTIFICUM.

       Representada por Paracelso, Agrícola y Ramazzini.

Y otra, centrada (en el caso español) en DE MORBIS POPULORUM con el estudio y prevención de las epidemias, y el comienzo de las estrategias públicas de prevención de la salud.

Paracelso, desarrollaría el cuadro clínico de la neumoconiosis minera, como patología específica laboral, junto con las enfermedades «mercuriales», de los trabajadores de la mina y los fundidores.

Si Paracelso, es un médico que todavía trabaja inmerso en una cosmología alquimista (habla de «espíritus metálicos y de mineral lunático»). Georg Agrícola, en su obra De Re Metallica (1541), introduce una metodología más rigurosa y moderna, desarrollando una medicina clínica y sobre todo cuadros o mapas de la patología específica minera, e incluso desarrollando normas y estrategias de prevención.

Ramazzini en su obra De Morbis Artificum Diatriba (1700), en la que trata más de 50 profesiones y oficios, sienta los cimientos de una moderna medicina del trabajo, incorporando como lo hiciera Morgagni para las autopsias el oficio, en el historial clínico, o anatomopatológico.

Para Ramazzini, las causas de la enfermedad estarían entendidas desde dos contextos.

  1. Las condiciones en que se desarrolla el trabajo.
  2. El modo de vida a que el trabajador se ve obligado por la exigüidad de sus recursos.

Escribía, Ramazzini en su obra citada:

«La medicina… debe contribuir al bienestar de los trabajadores y vigilar en la medida de lo posible que estos puedan cumplir con sus obligaciones sin daños».

A partir de finales del siglo XVIII y fundamentalmente en la primera mitad del XIX, el panorama ha cambiado profundamente. En esta etapa, la gran dureza en las condiciones de vida y de trabajo, de las clases populares, tanto en la minería como en las primeras fábricas y talleres de la industria textil y de la manufactura en general, van a propiciar el desarrollo de un movimiento de preocupación, de crítica social, de movilizaciones y de reivindicaciones, que dará lugar a un intento de comprensión, no solamente desde la medicina, sino del derecho y la naciente sociología. En general, de la opinión pública de la época, bajo la rúbrica de «la cuestión social».

Estas condiciones de vida y trabajo organizarían una nueva sensibilidad moral, social y científica, que sin duda estará relacionada con el diseño del nuevo modelo político y socioeconómico que la revolución industrial irá consolidando en Europa y en EE. UU. Esta sensibilidad, no podría aceptar una situación que no solamente es (y puede serlo más) conflictiva, sino que iría en contra de la productividad (lo demográfico como reproducción de la fuerza de trabajo) económica y política (la necesidad de tener ciudadanos sanos para la guerra y para la industria).

En palabras de un economista y filósofo de la segunda mitad del siglo XIX:

 «El trabajo mecánico ataca enormemente el sistema nervioso, ahoga el juego variado de los músculos y confisca toda la actividad física y espiritual del obrero…».

En 1784, Thomas Percival, médico fundador de la Sociedad Literaria y Filosófica de Manchester, con motivo de la aparición y estudio de una nueva enfermedad que se denominó «fiebre de las fábricas” constató la especial virulencia de la misma en los niños que trabajaban en las fábricas y talleres textiles, denunciando a los industriales, que compraban niños por el precio de 5 libras. Su preocupación llevo al gobierno británico a promulgar en 1802 la Primera Ley Europea del Trabajo «La Ley de Salud y Moral de los Aprendices«.

Por la misma época en Austria, Johan Peter Frank, nombrado director general de Salud Pública en la Lombardía Austríaca, publica un discurso en 1790, en donde diseña, lo que va a ser una importante corriente de la medicina centroeuropea de la época, La Medicina Social Con un carácter reivindicativo, que no va a parecerse en nada, a otras corrientes, como la española, cargada de paternalismo.

En su discurso diría:

«El hambre y la enfermedad están pintadas sobre la frente de toda la clase trabajadora. Se la reconoce a primera vista…Y quien quiera lo haya observado, no llamará a ninguna de esas personas a un hombre libre…»

En 1807 tenemos el Informe del Perfecto Dubois sobre el trabajo de niños en Lyon.

En 1839 el informe de otro francés, Louis Rene de Villermé, también sobre el trabajo de los niños, que quizá motivó igual que ocurriría con el Informe de Percival la primera Ley Francesa del Trabajo de 1841, prohibiendo el trabajo a los n menores de 8 años, que al igual que la inglesa nunca se aplicó.

En 1831 en Gran Bretaña, el médico Turner Thackrach, publicó un informe señalando los efectos de las condiciones de vida y de trabajo, sobre la salud y la longevidad.

En 1836 en EE. UU., Benjamin Mc Cready, estudió las condiciones de vida y de trabajo en las obras públicas, denunciando la costumbre de pagar la peonada diaria con 5 pintas de whisky.

En 1842, el famoso informe del inglés Edwin Chadwick, sobre «Las condiciones sanitarias de la población trabajadora en Gran Bretaña» reflejarían como se distribuía la esperanza de vida en Liverpool:

  • 35 años para la aristocracia.
  • 22 años para los comerciantes.
  • 15 años para los obreros.

En 1845, el libro de Frederick Engels sobre la situación de la clase obrera en Inglaterra, como síntesis global del problema, constituiría, un verdadero manual de sociología del trabajo, de la salud y del sufrimiento humano.

Por la misma época, tendríamos en Alemania dos médicos que encuadrados en la corriente crítica y liberal de la medicina social alemana, empiezan a desarrollar informes, estudios y publicaciones en las que establecen relaciones directas entre las condiciones de vida y salud de los trabajadores con las condiciones de desamparo -político y social- desde los poderes públicos y con el mantenimiento de modelos de relación contractual ultraliberales (y en el caso alemán, también semifeudales) y en definitiva, negativos para la supervivencia de los trabajadores,

Son el famoso patólogo alemán Rudolf Virchow (1821-1902) y su colaborador Salomón Newmann (1819-1907). Virchow funda, la revista Die Medizinische Reform (1848), proclamando que la medicina fuese una ciencia social, junto con el derecho de los individuos como trabajadores y como ciudadanos, a una existencia compatible con la salud.

En el mismo año (1848) y en su informe sobre el estudio de una epidemia de tifus en la Alta Silesia (Las Mittheilungen) señala, cómo la solución, a las causas de los males sociales la enfermedad y la pobreza de las clases trabajadoras- asi como su prevención, solamente sería posible con una profunda reforma social.

Salomón Newmann en 1847, señalaría con toda claridad que, si el Poder Público estaba obligado a proteger la propiedad, en la medida en que la única propiedad que el trabajador tiene es su fuerza de trabajo y su salud, el Estado deberá por lo tanto proteger también ese trabajo de todo riesgo.

La presión pública, tanto desde la medicina social como de sectores políticos, intelectuales, religiosos y de clase (la 1º Internacional se funda en 1864, y en 1867, August Bebel y Wilhelm Liebknecht, fundadores del S.P.D., son elegidos diputados del Parlamento alemán): hace que Alemania sea el primer país europeo en que se conseguiría, la cobertura pública y obligatoria de las enfermedades (1883) de los accidentes (1884) y de la invalidez (1889).

¿Qué ocurre por la misma época en España?, A diferencia del radicalismo de la medicina social alemana y de las fuertes denuncias de los médicos franceses e ingleses, la visualización en nuestro país tanto desde la medicina como desde otras instituciones de la denominada «cuestión social” es fundamentalmente paternalista y moralizante

Así, por ejemplo, los esbozos ya, claramente sociológicos al hilo de la “cuestión social” se irían realizando desde el positivismo de la ILE a pesar de su tono siempre discreto y conciliador. Otra cosa sería el discurso – a veces un grito -, de la olvidada o peor no conocida, sociología (y en ocasiones contrasociología) anarquista la de:

RAFAEL FARGA PELLICER

ANSELMO LORENZO

LÓPEZ MONTENEGRO

FEDERICO URALES

SOLEDAD GUSTAVO

TEOBALDO NIEVA

TARRIDA DEL MÁRMOL

ANTONIO PELLICER PERAYRE

MARCELINO GÓMEZ ARIAS

JOSEP LLUNAS

RICARDO MELLA

Escrito de Antonio Pellicer de 1937 que reproduce el libro homónimo que Pellicer Perayre editase en Buenos Aires en 1900 con el rótulo Conferencias Populares sobre Sociología

Solamente a finales de siglo, dentro del proceso de modernización y de racionalización de lo social que promueve la Restauración, y por otra parte, como consecuencia también de la presión reivindicativa de la clase obrera, se perfilaría un escenario legal, más o menos moderno, con respecto a las condiciones de vida y trabajo y su relación con la accidentabilidad con la legislación laboral; pero será solamente a principios del siglo XX.

En 1856 el médico catalán Felipe Monlau eleva un informe al Gobierno bajo el título «La Higiene Industrial como memoria de «medidas que deben ser dictadas por los poderes públicos en favor de las clases obreras”.

En las 20 medidas higiénicas de Monlau solamente la 2ª está dirigida a la salubridad de las fábricas, y la 9ª a evitar los accidentes de trabajo. Todas las demás, giran alrededor de formas y hábitos de vida con un fuerte contenido higienista y moralizante.

Paralelamente a los escritos de Monlau, otro médico catalán Joaquín Salarich, publica en 1858 su «Higiene del Tejedor», aún más moralizante que el doctor Monlau, proponiendo como remedio a las malas condiciones de vida y de trabajo, la caridad, la educación religiosa y moral y las virtudes del ahorro.

En 1873 se dicta la primera Ley de Accidentes de Trabajo. La Ley Benot, reglamentando el trabajo de los menores que como en otros países, parece que nunca se llevaría a la práctica. De cualquier manera, el gran impulso inicial de adecuación legal se dio por primera vez, como hemos señalado, con la Restauración.

En 1883 se funda la Comisión de Reformas Sociales con el mandato de realizar una Gran Encuesta Nacional sobre Condiciones de Trabajo de la Población. Se va a ir estableciendo en nuestro país la práctica estadística tanto en la medicina como en la Administración, bajo el impulso de Ibáñez de Aldecoa en 1879, (aunque en España no habrá realmente una estadística oficial civil hasta 1902). Luis Comenge en 1899, desarrollaría una aceptable metodología de estratificación social en un estudio que realiza en Barcelona sobre mortalidad infantil, en la misma línea que otros médicos como Hauser (con su Informe sobre la Salubridad en Madrid, 1887) que poco a poco, van utilizando una cierta metodología estadística en sus informes y conclusiones.

De 1900 a 1902 se ponen las bases y se diseña, la estructura de fondo, de la legislación laboral española y por lo tanto de la contemplación pública del contexto de las relaciones y condiciones trabajo.

Lo más significativo de este nuevo diseño es precisamente su comienzo con una Ley de Accidentes de Trabajo. La Ley Dato, 30 de enero de 1900, con un Catálogo de Mecanismos Preventivos (R.D. de 2 de agosto de 1900). En 1902, otro político conservador D. José Canalejas presenta en forma de libro su proyecto de constitución de un Instituto de Trabajo, con la colaboración de profesores de la Institución Libre de Enseñanza como Gumersindo de Azcárate y Adolfo Posada. El Instituto de Trabajo será el antecesor inmediato del Instituto de Reformas Sociales (1903) e incluso del INP (1908) y del andamiaje administrativo que dará lugar, en 1920, a la configuración del Ministerio de Trabajo Español.

Este proceso de renovación y de adecuación del contexto laboral español al europeo, finalizará en 1939, y tendrá su culminación última con la legislación del trabajo republicana cuyos hitos más significativos serán:

  • Ley de 31 de noviembre de 1931, de Contrato de Trabajo.
  • Ley de 8 de octubre de 1932, de Accidentes de Trabajo.
  • Ley de 13 de julio de 1936, de Enfermedades Profesionales.

El 9 de marzo de 1938 para una parte de España, y un año más tarde para toda ella, nacerá una nueva filosofía de la consideración del trabajo con el denominado Fuero del Trabajo.

El eje discursivo, que va de finales del siglo XIX, tanto en España como en Europa hasta los años posteriores a la II Guerra Mundial en que se consolida el Estado de Bienestar, (en el caso español con un ritmo cuantitativo y cualitativo diferentes) la visualización de la salud de los trabajadores recorrería los siguientes momentos:

El de la simple supervivencia.

El problema básico de «la cuestión social» a lo largo de todo el siglo XIX es un problema de «reproducción» de la fuerza de trabajo. La salud, es la no salud. La cuestión principal, que el trabajador, pueda seguir vivo al mes o a la semana siguiente

El eje de preocupaciones pasaría más, por las condiciones de vida que por las condiciones de trabajo.

A partir de comienzos del siglo XX una vez superadas, las condiciones mínimas de subsistencia, Las Condiciones de Trabajo, empezarían a presentar un claro protagonismo que permitirá la visualización de la salud desde la cobertura y prevención del Accidente y la Enfermedad Profesional.

La cuestión social se convierte «en problema social, esto es en algo, que puede ser estudiado y manejado racionalmente con arreglo al recurso de las ciencias físicas y sociales. Las condiciones de trabajo se convierten en el espacio central, de los conflictos y de las soluciones. Su contemplación racional acotará tanto el riesgo de los accidentes como la productividad y los riesgos sociales. La implantación del Orden y la Disciplina en las condiciones de trabajo constituirá el paradigma, desde el que se contemplarán las relaciones de trabajo y de producción.

Desde un punto de vista psicológico, el sentido último del proceso estaría dado por el salto desde una simbólica del “cuerpo doblegado», a una simbólica del «cuerpo automatizado y disciplinado».

En esta línea, recordemos una interesante cita del I Congreso para la Prevención de Accidentes de Trabajo e Higiene Industrial celebrado en Milán en 1912:

«Prevenir… sería procurar que el trabajo venga siempre del mismo modo y que los movimientos que el individuo debe perfeccionar tengan los mismos caracteres, que vengan continuados en la misma forma con energía constante y en la misma dirección…»

El término Condiciones de Trabajo se empezará a utilizar de manera institucional en el momento fundacional de la OIT (Tratado de Versalles 1919), en relación con la protección del trabajador, contra la enfermedad y accidentes profesionales y por lo tanto, incidiendo en la mejora de dichas condiciones de trabajo, pero sin especificar ni fijar el concepto de salud.

La idea de “riesgo” como conjunto de operaciones negativas sobre el cuerpo del trabajador estaría por lo tanto exclusivamente centrada, en el accidente y en la enfermedad.

En los años que van desde la configuración de la Organización Científica del Trabajo (Taylorismo), pasando por la Escuela de Relaciones Humanas tanto en sus versiones Norteamericana (Elton Mayo) como Británica (Escuela de Tavistock), se irán perfilando elementos «extratecnológicos», lo que nosotros denominamos «los que actúan más allá de la máquina” que poco a poco, irán organizando nuevos espacios y situaciones de riesgo que al final, se concretarán en la consideración de la salud de los trabajadores como objetivo integral.

Un momento significativo estaría dado por la Conferencia de Dublín en 1950 en la que el Comité Mixto OIT-OMS define la Salud Laboral, como el conjunto de actividades que tienen como finalidad fomentar y mantener el más alto nivel de bienestar físico, mental y social.

En el marco ya del nuevo espacio europeo, tendríamos la Declaración Marco nº 391 del Consejo de las Comunidades Europeas de 1989, en donde se consolida la doctrina comunitaria referida a la Salud de los Trabajadores y que en líneas generales se reproduce en nuestra actual Ley de Prevención de Riesgos Laborales de 8 de noviembre de 1995.

El asunto desde la perspectiva actual y casi treinta años después de que redactáramos el grueso de este escrito, es que las estrategias preventivas para la mayoría de la población trabajadora están privatizadas junto a qué, las patologías o trastornos de índole psicosocial y ergonómico constituyen aún, asignaturas pendientes. Es más, en grandes colectivos profesionales como paradójicamente en los trabajadores de la sanidad, la enseñanza o las agencias de seguridad desde los bomberos forestales hasta los ejércitos, que por su tamaño poblacional deben tener servicios de prevención propios y, según nuestra opinión apoyada en los pocos datos que hemos podido recoger, cuando los hemos podido conseguir y, además, derivados casi exclusivamente de testimonios individuales, el umbral de deteriores, corrosiones emocionales y estrés, de muchos profesionales de estos colectivos constituye una realidad institucionalmente velada pero real…nadie quiere decir nada…todo funciona a la perfección, pero a la perfección del papel.

Y lo grave es que, vamos a ingresar en la sociedad digital, en una sociedad de logros fantasmáticos pero de incertidumbres y corrosiones emocionales probablemente insoportables pero a su vez, aceptadas desde un paradójico y falso modelo de felicidades asentadas sobre los suelos movedizos de artefactos, tecnologías y modos de vida totalmente controlados por un Capital digitalizado sin cara y si un culo que ni tan siquiera se pueda patear…Probablemente en esta sociedad sin socializadas carnalizadas y quizá con una accidentalidad traumática posiblemente controlada, las patologías, los sufrimientos derivados de un potente riesgo psicosocial pueden ser inimaginables…ya lo están siendo y además emboscadas por una estadística institucional que las camufla continuamente.

La LPR la Ley de 1995, se ha quedado vieja 30 años después de su publicación…la cuestión está exclusivamente en manos de los sindicatos el Estado, los propios profesionales y trabajadores más, los colectivos irritados…colectivos continuamente irritados pero que parece se hayan olvidado que, junto a la Sanidad Pública existe una sanidad del mundo del trabajo o también de la mayoría de la población, privatizada o lo que es peor, sin despegarse del papel…Otras veces, ha habido intentos, ademanes sin duda bien intencionado de tratar o manejar institucionalmente la problemática de la salud mental, pero tenemos la impresión de que no han sabido si mataban o espantaban; además ¿ que se entiende por salud mental…? ¿Algo contemplado en los protocolos, en los DCM clínicos? …No se han enterado de que estamos hablando de sufrimiento, y el sufrimiento no tiene nada que ver con la enfermedad mental…el sufrimiento es corrosión emocional de la persona y de su socialidad…su manejo no es algo clínico, su manejo es social y político y por supuesto sociológico o psicosociológico

Con toda seguridad este país necesitaría urgentemente una gran encuesta acompañada de algún apoyo cualitativo (si queda vivo algún sociólogo o psicólogo social, que entienda de qué va, esto de lo cualitativo) sobre estos sufrimientos y corrosiones en el territorio de todos los oficios y profesiones…incluidos como haría Ramazzini en la frontera del XVII con el XVIII, los soldados, los profesores y las vírgenes consagradas.

Y unos apuntes más, que atañe a los profesionales de la Sanidad Pública y especialmente a los médicos de familia emparedados entre los protocolos (UCMs) institucionales y la realidad con su testarudez en patologizar los trastornos y sufrimientos derivados de las condiciones de trabajo como patologías clínicas y su alegre manejo de las bajas laborales…en fin, un panorama todavía abierto que merece y exige una profunda reflexión política y social

Abundando es estos asuntos y porque nos da la gana, un apunte final…En estos días hemos sido testigos de tres acontecimientos que desde su manejo institucional como reconocimiento a hechos concretos ha sido en principio correcto en dos y desproporcionado en el último

En primer lugar las numerosas respuestas de condolencia ante el fallecimiento de dos guardias civiles con motivo del choque de sus motolanchas en la persecución de embarcaciones de las mafias de la droga…ante eso, nadie se ha preguntado porqué unos profesionales de la seguridad pública tienen tamaño accidente…nadie, ni siquiera una Directora invisible ha reflexionado o hablado sobre una cuestión a nuestro modesto entender que, posiblemente y porque, esos esforzados y escasos agentes no tienen tiempo ni para respirar; guardias escasos y estresados que, posiblemente no han tenido tiempo (repetimos) para formarse en el manejo de unas lanchas potentísimas y en cuanto les han llegado, en menos de 24 horas se han montado en ellas sin el necesario entrenamiento; sencillamente porque no podían esperar a que las narcolanchas realizasen o parasen en su innoble trabajo

Segundo apunte relacionado con el antivirus. En principio reconocer un manejo post, de chapeau; en líneas generales perfecto y ejemplar; aunque a nuestro humilde entender quizá sin darse cuenta de que habría salido más barato y seguro. Se pudo haber colocado otro barco paralelo para instalar un espacio de esterilización y cuarentena sin tocar tierra en pleno Atlántico y lejos de cualquier población terrestre…pero lo más importante sería plantearse por las estrategias de nuestra Sanidad Exterior con relación a los protocolos de seguridad y preventivos de todos los trayectos de los grandes barcos turísticos en relación a sus escalas y a la fiebre turística…turistas bobalicones, gentes insaciables que sin ningún control preventivo visitan y pisan territorios sometidos a potentes inficionamientos endémicos. Situaciones impensadas que, posiblemente su irresponsable manejo por las Instituciones públicas sea infinitamente más peligrosa que las de los pobres inmigrantes que, en general son sometidos a operativas preventivas cuando toman tierra en nuestro país…En definitiva aprender o no dejar de pensar. Nuestro problema en materia de emergencias lo hemos apuntado continuamente es el de la prevención…somos unos maestros en saber enterrar, pero pocas veces tenemos en cuenta que antes, debemos intentar que no necesitemos enterrar sea bien o mal. Nos centramos en criticar la gestión de algunos políticos en determinados momentos catastróficos, pero qué hemos hecho al día de hoy por prevenir y reconstruir el caudal del barranco del Poyo en Valencia ¿??? Y ya, que nos hemos metido en harinas…cuidadín con los buenismos geopolíticos y sobre todo, como se plantean; solamente recordar, apuntar que, los Estados Unidos y el Estado de Israel, nos ayudaron en los años de plomo, cuando otras democracias se ponían de perfil…arrieritos somos

Y una advertencia más…esperemos que algo se haya aprendido del anterior apagón…no somos ni mucho menos conspirativos…solamente prudentes y previsores y que la Santa Rita de los mineros nos pille al loro, y no tengamos que esperar a que truene.

Caños de agua municipales

Entrenamiento de Bomberos y Protección Civil en rescates de ascensores bloqueados

Entrenamiento de Instituciones Hospitalarias y centros especializados externos como de Hemodiálisis

Ambulancias

Parque de bicicletas y algunos caballos para las Policías del Estado y locales más la Guardia Civil con un cierto material de transporte de sangre con carromatos especializados…

Almacenes con mantas, y medicamentos de primera necesidad junto con material desechable, vendas, apósitos, jeringuillas, pilas, bombonas de oxígeno, generadores portátiles, etc., etc.

Depósitos de combustible estratégicos para el parque de helicópteros, ingenieros, zapadores y hospitales con la prevención de que materiales como los gasóleos, tienen fecha de caducidad.

Mapas geográficos y urbanos para las Subdelegaciones de Gobierno con instalaciones de TSH…mucha TSH con fluidas conexiones interadministrativas

Y, en fin, ponerse a pensar…tan difícil es ¿?

Y por último y repetimos, porque nos da la gana y, aunque no tenga nada que vez, con este asunto de la psicosociología o la ergonomía; aunque (y a nuestro peculiar y mordaz entender) probablemente tenga algo que ver con la estupidez humana y con las corrosiones que más allá del trabajo, parece que pueden estar dañando el “oremus” de los españoles. Probablemente el asunto radique en el  particular modo de habitar o deshabitar nuestra socialidad; siempre en “género chico” a modo “Las Corsarias”…Y en suma, todo tiene que ver con todo…la vida social de los humanos será siempre un rizoma sistémico en el que todo está conexionado y trabado; nosotros ingenuamente pensábamos que la Iglesia era ya casi angelical y que solamente la trama del Capital podía corroer nuestras vidas… y hete aquí que, de pronto, aparecen hermanados…y, me repito, nuestros representantes políticos aplaudiendo a rabiar como si estuviésemos en junio de 1939 y para hacer juego monocrómico todos, llevasen chaqueta blanca…

En el mes de junio hemos asistido pasmados a una especie de sobredimensamiento institucional, ante la visita de un respetable señor llamado Pontífice o Santo padre que, en el mismo santuario español de nuestra democracia se atreve a condenar aspectos de la vida humana, de nuestra vida personal por lo que, miles de hombres y mujeres españolas han luchado en las últimas cincuenta décadas, y encima; aplauden fervorosamente al citado señor que, como santo patriarca de la iglesia que sea, está en su derecho a predicar toda suerte de letanías a sus seguidores pero nunca, en un acto institucional en nuestro Congreso y a lo menos, sin la benevolencia bobalicona (de unos y otros) como se recibió y aplaudió…ni siquiera nuestro añorado Berlanga de “Bienvenido Míster Marshall” lo hubiese imaginado. Solamente le faltó a este siempre respetable jefe de estado y de iglesia, que nos predicase o restregase aquello del Syllabus errorum y la Cuanta Cura…al final, parece que nos hemos olvidado de aquellos consejos que nos diese Étiènne de La Boétie para superar las “servidumbres”

BIBLIOGRAFÍA BÁSICA

DE REFERENCIA

TEXTOS Y ESCRITOS DE CARÁCTER GENERAL

ARENDT, Hannah La condición humana. Paidós, 1996

BILBAO, Andrés El accidente de trabajo entre lo negativo y lo irreformable. Siglo XXI de España, 1997

CASTEL, Robert La metamorfosis de la cuestión social. Paidós, 1997

CAMPOS MARIN, Ricardo Alcoholismo, medicina y sociedad en España. C.S.I.C., 1997

CASTILLO, Juan José A la búsqueda del trabajo perdido. Tecnos, 1998

CRESPO, BERGÈRE, TORREGROSA Y ALVARO Los significados del trabajo. Rta. Sociología del Trabajo nº 33. 1998

DAHRENDORF, Ralf Las clases sociales y su conflicto en la sociedad actual. Rialp. 1974

DELEULE. Didier y Guèry François contemporáneo. Buenos Aires, 1975 El cuerpo productivo. Ed. Tiempo

DESCARTES, Renè El tratado del hombre. Alianza Universidad, 1990

ENGELS, Federico La situación de la clase obrera en Inglaterra, Júcar, 1979

GARRIDO, Fernando Historia de la clase trabajadora. Ed. Zero, 1973

HIRSCHMAN, Albert O. Las pasiones y los intereses. Ed. Península, 1999

JUTGLAR, Antoni Condiciones de vida y trabajo obrero en España a mediados del siglo XIX. Anthropos, 1984

LAIN ENTRALGO, Pedro Medicina e historia. Ed. Escorial, 1941

LAIN ENTRALGO, Pedro Ciencia, técnica y medicina. Alianza Universidad, 1986

LAIN ENTRALGO, Pedro La historia clínica. Triacastela, 1998

LESKY, Erna Medicina Social. Estudios y testimonios históricos. Ministerio de Sanidad, 1984

LOPEZ, PIÑERO, José María Medicina, historia y sociedad. Ariel, 1971

LOPEZ, PIÑERO, José María Historia de la medicina. Ed. Historia 16, 1990

LOPEZ, PIÑERO, José María Ciencia y Enfermedad en el siglo XIX. Nexos, 1985

LOPEZ, PIÑERO, José María Antología de clásicos médicos. Ed. Triacastela, 1999

MARX, Carlos El Capital. Tomo I, Siglo XXI de España, 1994

MĖDA, Dominique El Trabajo. Gedisa, 1998

PEREZ ALVAREZ, Marino 1992 Ciudad, individuo y psicología. Siglo XXI de España.

RAMAZZINI, Bernardino Tratado de las enfermedades de los artesanos. Ministerio de Sanidad y Consumo, 1983

RODRÍGUEZ OCAÑA, Esteban La constitución de la medicina social como disciplina en España. Ministerio de Sanidad y consumo, 1987

ROSEN, George Locura y sociedad. Alianza Universidad, 1974

SAINT-SIMON, Henrich El sistema industrial (prólogo de Carlos Moya). Ed. de la Revista de Trabajo, 1975

SMITH, Adam La riqueza de las naciones. Alianza bolsillo, 1997

SOTO CARMONA, Álvaro El trabajo industrial en la España contemporánea. Anthropos, 1989

WEBER, Max Sociología del trabajo industrial. Trotta, 1998

 PSICOLOGÍA SOCIAL

ALVARO, GARRIDO Y TORREGROSA. (Coordinadores) – Psicología social aplicada. Mc Graw Hill, 1996

ALVARO ESTRAMIANA, José Luis Psicología social. Perspectivas teóricas y metodológicas. Siglo XXI de España, 1995

BLANCO, Amalio Cinco tradiciones en la psicología social. Morata, 1995

BLANCO, Florentino. (Ed.) Historia de la psicología española. Biblioteca Nueva, 1997

CARPINTERO, Helio Historia de las ideas psicológicas. Pirámide, 1996

CARPINTERO, Helio Historia de la psicología en España. Eudema, 1994

COLLIER, MINTON y REYNOLDS Escenarios y tendencias de la psicología social. Tecnos, 1996

CLEMENTE DIAZ, Miguel Psicología social aplicada. Pirámide, 1997

CRESPO SUAREZ, Eduardo Introducción a la psicología social. Universitas, 1995

GARCIA VEGA, MOYA Y RODRÍGUEZ DOMÍNGUEZ – Historia de la psicología. Siglo XXI de España, 1992

GONDRA, José María Historia de la psicología. Síntesis, 1997

HARDY LEAHEY, Thomas Historia de la psicología. Debate, 1994

HOTHERSALL, David Historia de la psicología. Mc Graw-Hill, 1997

IBAÑEZ, Jesús Más allá de la sociología. Siglo XXI de España, 1979

IBAÑEZ, Jesús Del algoritmo al sujeto. Siglo XXI de España, 1985

IBAÑEZ, Tomás Aproximaciones a la psicología social. Sendai, 1990

La construcción de la psicología social como ciencia teórica. MUNNÉ, Frederic P.P.U., 1993

ROBINSON, Daniel Historia crítica de la psicología. Salvat, 1982

SABUCEDO, J.M. ADAMO Y BEAUDOUX – Fundamentos de psicología social. Siglo XXI de España, 1997

SMITH Y MACKIE – Psicología Social. Ed. Médico Panamericana, 1997

TORREGROSA, J.R. y CRESPO, E. Estudios básicos de psicología social. Ed. Hora, 1984

TORTOSA GIL, Francisco Una historia de la psicología moderna. Mc Graw-Hill, 1998

ERGONOMÍA

ASTRAND y RODAHL – Fisiología del trabajo físico. Ed. Médica Panamericana, 1992

BUSTAMANTE, Antonio Diseño ergonómico en la prevención de la enfermedad laboral. Díaz de Santos, 1995

CASTILLO, Juan José La ergonomía en la introducción de nuevas tecnologías en la empresa. Ministerio de Trabajo, 1989

CASTILLO, J.J. y VILLENA, A. (Ed.) Ergonomía, concepto y métodos. Ed. Complutense, 1998

JOUVENCEL, M.R. Ergonomía básica aplicada a la medicina del trabajo. Díaz de Santos, 1994

LEPLAT, Jacques La psicología ergonómica. Oikos-tau, 1985

MAPFRE, Fundación – Manual de Ergonomía. Ed. Mapfre, 1995

OBORNE, David – Ergonomía en acción. Trillas, 1987

VAQUERO PUERTA, José Luis Prevención de riesgos laborales: seguridad, higiene y ergonomía. Pirámide, 1996

WISNER, Alain Ergonomía y condiciones de trabajo, Humanitas, 1988

WISNER, Alain De la ergonomía a la antropotecnología. Revista de Sociología del Trabajo, nº 17, 1992

TRABAJO Y ORGANIZACIÓN

CASTILLO, Juan José (Coor.) – El trabajo a través de la historia. Asociación de Historia Social, 1996

CORIAT, Benjamin – El taller y el cronómetro. Siglo XXI de España, 1993

CORIAT, Benjamin – El taller y el robot. Siglo XXI de España, 1993

CORIAT, Benjamín Pensar al revés. Siglo XXI de España, 1993

FAYOL, H. – Administración industrial y general. Biblioteca de la empresa. Orbis, 1987

FINKEL, Lucila La organización social del trabajo. Pirámide, 1996

MAYO, Elton Problemas sociales de una civilización industrial. Nueva Visión, 1977

MAZLISH, Bruce La cuarta discontinuidad. Alianza Universidad, 1995

PEIRO, J.M. y PRIETO, F. Tratado de Psicología del Trabajo. Síntesis, 1996

QUIJANO DE ARANA, S.D. de La Psicología Social en las organizaciones. P.P.U.. 1993

QUINTANILLA PARDO, Ismael El hombre en el trabajo. Promo libro, 1989

QUINTANILLA PARDO, Ismael La participación en las organizaciones. Promo libro, 1988

RODRÍGUEZ, Andrés – Psicología de las organizaciones. P.P.U., 1992

SANCHEZ AZCONA, Jorge Introducción a la sociología de Max Weber. Porrúa, 1979

SANTOS ORTEGA, J. Antonio Sociología del trabajo. Tirant lo Blanch, 1995

SARRIES SANZ, Luis postmoderna. Mira, 1993 Sociología de las relaciones industriales en la sociedad

TAYLOR, F.W. Principios de administración científica. B.E. Orbis, 1987

WATSON, Tony Trabajo y sociedad. Hacer, 1995

WEBER, Max Economía y sociedad. Fondo de Cultura Económica, 1993

WEINERT, B. Ansfried – Manual de Psicología de la Organización. Herder, 1985

EL TIEMPO DE TRABAJO

BUELA-CASAL y NAVARRO HIMANES (Comps) – Avances en la investigación del sueño y sus trastornos. Siglo XXI de España, 1990

CORSI CABRERA, María Psicofisiología del sueño. Trillas, 1983

DOSSEY, Larry Tiempo, espacio y medicina. Kairós, 1992

ELÍAS, Norbert – Sobre el tiempo, F.C.E., 1997

JAY GOULD, Stephen La fecha del tiempo. Alianza Universidad, 1987

KUROPULOS, Petros El tiempo en el hombre. Ed. Ayuso, 1970

PLATTNER, Ilse E. El estrés del tiempo, Herder, 1995

SIVADON, P. y FERNANDEZ-ZOÏLA, A. Tiempo de trabajar, tiempo de vivir. Herder, 1987

LA SALUD LABORAL O MÁS ALLÁ DE LA MÁQUINA

ALVAREZ, José María La invención de las enfermedades mentales. Ed. DOR, 1999

BELLOCH, A. SANDIN, B. RAMOS, F. Manual de psicopatología. V.2. Mc Graw-Hill, 1995

BUELA-CASAL, y otros Manual de evaluación en psicología clínica y de la salud. Siglo XXI de España, 1996

BUCETA, José María y BUENO, Ana María Psicología y salud, control del estrés y trastornos asociados. Dy Kinson, 1995

BUENDÍA VIDAL, José (Coor) – Estrés y psicopatología. Pirámide, 1993

BUENDÍA VIDAL, José (Ed.) – Estrés laboral y salud. Biblioteca Nueva, 1998

BURTON, Robert Anatomía de la melancolía. Ed. Asociación Española de Neuro-psiquiatría, 1997

CASTILLA DEL PINO, Carlos Un estudio sobre la depresión. Nexos, Peninsula, 1991

ECHEBURÚA, Enrique Fobia social. Martínez Roca, 1993

FARIÑA, Fca. Y ARCE, Ramón Ansiedad ante los ordenadores. Euderma, 1993

FUNDACIÓN EUROPEA PARA LA MEJORA DE LAS CONDICIONES DE VIDA Y TRABAJO… El estrés físico y psicológico en el trabajo. Publicaciones Ministerio de Trabajo, 1987

FERNÁNDEZ-BALLESTEROS, Rocío Evaluación conductual hoy. Pirámide, 1994

DE LA GANDARA, Jesús J. Estrés y trabajo, El síndrome de Burnout. Ed. Cauce, 1998

De FRANCISCO RAFAEL; Para una sociología de cuerpos olvidados, Pandorado, 2025

De FRANCISCO RAFAEL; Más allá de la máquina, Pandorado 2025

GIL-MONTE, P. y PEIRO, J.M. Desgaste psíquico en el trabajo. Síntesis, 1997

JACKSON, Stanley Historia de la melancolía y la depresión. Turner, 1989

LABRADOR, F. y CRESPO, м. Estrés, trastornos psicofisiológicos, Eudema, 1993.

LAZARUS, Richard, S. y Folkman, Susan Estrés y procesos cognitivos. Martínez Roca, 1986

LOPEZ-PIÑERO, José María Orígenes históricos del concepto de neurosis. Alianza Universidad, 1985

MIRA ENGO, José Manuel – Psicología y salud. Promo libro, 1990

MOLTO BROTONS, Javier Psicología en las emociones. Albatros, 1995

MONEDERO GIL, Carmelo Psicopatología humana, Siglo XXI de España, 1996

PALMERO, F. y CODINA, V. Trastornos cardiovasculares. Influencia de los procesos emocionales. Promo libro, 1996

PASNAU, Robert O. Diagnóstico y tratamiento de los trastornos de ansiedad. Edifarma, 1987

PEIRO, José María Desencadenantes del estrés laboral. Eudema, 1993

PEIRO, J.M. y SALVADOR, A. Control del estrés laboral. Eudema, 1993

TROCH, Achim El estrés y la personalidad. Herder, 1982

TURCOTTE, Pierre, R. Calidad de vida en el trabajo- Trillas, 1986 VALDES, M. y FLORES, T. Psicobiología del estrés. Martínez Roca, 1990


[1] Contemplado en los libros de las Epidemias y en «Sobre Aires. Aguas y Lugares

 

[2] Referencias históricas. Alrededor del siglo II a. C. Areteo de Capadocia describe nuevamente la Intoxicación por plomo y Plinio el Viejo menciona los efectos negativos del plomo, mercurio y azufre Poetas y escritores como Marcial y Juvenal señalaron, enfermedades de los trabajadores del azufre y los herreros, así como las venas varicosas de los adivinadores como enfermedad profesional. Aunque los comentarios sobre accidentes y enfermedades de las gentes que se movían en otras actividades, como corredores, atletas, y situaciones de salud de hombres de letras, sabios y oradores (la emoción de los oradores), posiblemente ocupó un espacio y una preocupación mayores, en la sociedad romana.

[3] Recordando la obra de Ernst Kantorowicz (1957)

[4] Nos referimos a Rafael Farga Pellicer (1844-1890)

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *