CUERPOS DESMENUZADOS – CAPÍTULO 11
XI.- EL Dr. ENRIQUE LLURIA Y DESPAU: BOSQUEJO GENERAL
En esta compleja y, posiblemente, nunca homogénea arboleda, surgirían pequeños ramajes protagonizados por científicos hoy día, inexplicablemente olvidados, como el representado por el médico hispano cubano Enrique Lluria al que podríamos considerar como un significativo representante de la relación entre lo biológico y lo social.
Enrique Florencio Lluria y Despau[1], nacería en Matanzas en 1862 falleciendo en Cienfuegos en 1925. A pesar de estas referencias demográficas antillanas – y su siempre permanente autoidentificación como cubano – su formación y especialmente, su entorno científico, profesional y sociopolítico se desarrollarían en España[2], en donde llega a los 12 años a Barcelona para estudiar el bachillerato. En 1879 volvería a Cuba comenzando sus estudios de medicina en la Universidad de La Habana. Después de un cierto paréntesis en sus estudios volvería a España para continuarlos en Barcelona y obtener el título de Doctor en 1889 en la Universidad Central de Madrid[3] (Su tesis parece que versó sobre la antisepsia de las vías urinarias) Posteriormente se traslada a Paris donde perfecciona sus conocimientos urológicos e inicia sus primeros acercamientos a los estudios histológicos de la mano del Dr. Louis Antoine Ranvier[4]
En 1893 Lluria se instalaría en Madrid, abriendo una clínica urológica en pleno Paseo de la Castellana. Posiblemente será durante estos años en los que se produce su contacto y acercamiento a Cajal aunque desconocemos los términos y características de esta relación que, por otra parte, da la apariencia de ser bastante consistente, dados los apoyos económicos ofrecidos por Lluria en relación con la materialización del Instituto Cajal de Madrid[5] y por la parte de Cajal, el sentido y afectuoso prólogo al libro de Lluria Evolución super-orgánica (1905)
Los años que van desde 1898 a 1906 constituyeron la etapa más prolífica del Dr. Lluria. Durante estos años no solamente publica la totalidad de sus escritos sino que además participaría activamente en actividades no solamente de concienciación de la militancia socialista sino además de promoción de la cultura entre las clases populares como sería la creación de la Liga Española para la Instrucción Popular[6] y, muy especialmente, en la pedagogía de la salud laboral con numerosas conferencias[7] (la mayoría en la Casa del Pueblo de Madrid) y escritos desperdigados en diversas publicaciones periódicas como Vida Nueva [8]y la Revista Socialista[9] con una relevante intervención en el XIX Congreso Internacional de Higiene y Demografía celebrado en Madrid en 1898[10] más la publicación – pensamos que incompleta – en este mismo año de su libro “El medio social y la perfectibilidad de la salud”
En 1900 Lluria presenta en el Ateneo de Sevilla un proyecto de Ensanche y de Estación Invernal para la ciudad en competición con otros dos autores mucho más arraigados en Sevilla como el militar Lerdo de Tejada y el funcionario Vicente Narbona. Por supuesto, el proyecto de Lluria no merecería ni siquiera una mención de consuelo. Realmente, aunque con toda seguridad influirían querencias y simonismos locales, el proyecto de nuestro doctor pecaría de un exceso de generalidades sociohigienistas de claro enfoque evolucionista demostrando además, un cierto desconocimiento de la topografía urbana sevillana [11]
En 1901, formaría parte del patronato de la Escuela Moderna junto a Cajal, Odón de Buen y Anselmo Lorenzo. Aunque más tarde, en 1905, se afiliaría al Partido Socialista, posiblemente condicionado por su gran amista con Jaime Vera[12] pero, su alma ideológica e incluso su ingenuidad y voluntarismo político fue siempre libertario[13] manteniendo, una gran amistad con Ferrer y anarquistas del entorno de la Escuela Moderna como Carlos Malato[14] que escribe el epílogo de su Humanidad del porvenir (1906) folleto que a su vez se puede considerar como un apéndice sociológico de Evolución superorgánica (1905)
Hacia comienzos de siglo[15] y posiblemente como resultado de sus conferencias en la casa del Pueblo de Madrid 1903 o 1904 publicaría dos folletos alrededor de la problemática de la maquinaria fabril y su relación con la salud de los trabajadores:
La Máquina contra el obrero y la Máquina a favor de la Humanidad [16] En relación con el folleto “La Máquina contra el obrero”[17]
En 1905 se casa en segundas nupcias con María Vinyals marquesa de Ayerbe (apodada la Marquesa Roja) una interesante pionera del feminismo en España. Como resultado del fallecimiento del tío de María Vinyals este matrimonio hereda el castillo de Sotomayor[18] (Pontevedra) edificando en sus alrededores un moderno sanatorio urológico (1909 – 1910) en que además ofrece consultas gratuitas a los obreros y jornaleros de la comarca. El caciquismo local no le perdonará su militancia socialista; se le acusará de dar refugio a patriotas cubanos exiliados en Galicia y de celebrar reuniones con líderes obreristas que darían lugar a una verdadera campaña de acoso, con cortes de luz y suministro de agua, que harán insoportable la viabilidad del sanatorio teniendo que volver a Madrid hacia 1912.No sabemos nada sobre estos últimos años de estancia en Madrid pero la realidad es que retornará a Cuba a principios de 1919 intentando retomar su actividad como médico especialista en urología estableciéndose primero en La Habana y posteriormente en Cienfuegos donde fallece en 1925 en extrañas circunstancias probablemente como consecuencia de su trágica adicción a la morfina[19] durante los últimos años de su vida.
La vida del Dr. Lluria en España, se reparte entre su práctica clínica centrada en la urología con significativos avances terapéuticos como su habilidad y maestría en la utilización de la litotricia y una militante vocación protosociológica revestida de un potente diseño evolucionista al que acompañará continuamente una sentida vocación social que le hará participar activamente en círculos y ateneos progresistas como el de Madrid y en instituciones pedagógicas cercanas al anarquismo como la Escuela Moderna
No tenemos datos sobre los orígenes y el proceso que le llevó a su interés por las teorías evolucionistas pero intuimos por sus escritos, las patentes cercanías con los enfoques socioevolucionistas de Sales y Ferré, Pedro Estasén, Verdes Montenegro o Amalio Gimeno; siendo además discípulo, colaborador y amigo personal de Cajal desde fechas quizá anteriores a 1898 cuando van apareciendo sus primeros escritos de contenido e inspiración evolucionista y obrerista como atestigua en su obra seminal y casi desconocida[20] de 1898, El medio social y la perfectibilidad de la salud
Lluria es sin duda un médico paradójico que se le puede inscribir en la saga de profesionales de la medicina que durante estos años de la Restauración van a compartir una adelantada y fructífera práctica clínica con incursiones más o menos profesionalizadas y voluntaristas – aunque parece que profundamente interiorizadas – en los territorios de lo social y de la política respondiendo, al clima de preocupaciones y de sentidas convicciones que acompañaron la trayectoria vital de estas personas; unas veces teñidas simplemente de republicanismo como sería el caso del Dr. Federico Rubio y Galí[21]o de un arraigado militantismo socialista como en Jaime Vera o Negrín, pasando por el acercamiento teórico al anarquismo de Simarro[22] o el patente ideario anarquista de Sentiñón[23] y García Viñas[24] más el diseño antropológico y sociobiologista de Valentí Vivó[25]o el ecléctico republicanismo del Dr. Amalio Gimeno y Cabañas[26]
Como escribimos hace algunos años[27] el Dr. Lluria sería un médico con carnet socialista y alma anarquista cuya vida se movería en los convulsos momentos del Desastre colonial del 98, los acontecimientos de la Semana Trágica del verano de 1909 y el clima general de descontento, denuncia y visualización de las condiciones de vida y trabajo de las clases populares. Todo ello, acompañado de una sugestiva atmósfera intelectual y científica – a lo menos, en los círculos emergentes revolucionarios (socialistas y anarquistas) o progresistas (liberales y republicanos) – teñida e inundada por sensibilidades positivistas, evolucionistas y experimentalistas a los que sin duda, acompañaron desde las instancias del proletariado militante, que diría Anselmo Lorenzo, esperanzadas e ingenuas ilusiones en futuros de progreso socioeconómico indefinido, dados por la suma de las conquistas revolucionarias (siempre menguadas) y los adelantos científicos; de tal manera que, se restableciese, una especie de equilibrio y relación productiva y armónica entre Naturaleza, Ciencia, Hombre y Sociedad, hasta ahora pervertida por los egoísmos de las clases dirigentes. (el entrecomillado reproduce de manera no estrictamente literal el eje teórico en el que se movería constantemente Lluria)
Sus primeros escritos en el semanario Vida Nueva precisamente fechados en 1898, son de carácter regeneracionista como los titulados: Nuevo horizonte (19 de junio y 24 de julio) Pueblos vivos y pueblos moribundos (10 de julio) La voluntad nacional enferma (14 de agosto) Durante el mes de septiembre publicará cuatro artículos con el rótulo Educación Física en los que sin dejar el tono regeneracionista se centrará en las consecuencias positivas que tendría la educación física y la práctica del deporte para el fortalecimiento total del hombre español siguiendo el modelo de otros países. Esta armonización de lo biológico/eugenésico y lo cultural o intelectual constituirá en Lluria una especie de reiterada metáfora socio/darwinista referida a la función educativa de las leyes naturales frente a los teoricismos metafísicos al uso. En el nº 21 de la Vida Nueva correspondiente al 30 de octubre, el contenido de su artículo, será totalmente evolucionista y además una consecuencia del pensamiento de Darwin, Spencer y el propio Marx, frente a las dudas expuestas por un tal T. Orbe[28]comentando al respecto:
“…el mundo orgánico que empieza en el amibo (sic) no termina en los simios, ni aun en el hombre, sino que termina y se complementa en el mundo social, que obedece en un todo a la ley de la evolución…”[29]
En este mismo año se editará en Madrid su primer libro titulado: El medio social y la perfectibilidad de la salud (Establecimiento Tipográfico de Fontanet, Madrid 1898)[30] en donde afirmará con rotundidad que:
“… El problema de la salud está íntimamente ligado al problema social…”[31]
Aquí, Lluria conectará con la mejor tradición de la medicina social europea que desde Johann Peter Frank y el Virchow joven de las barricadas berlinesas de 1848[32] consideraron, las enfermedades y morbimortalidad de las clases populares condicionadas por su miserabilismo socio/económico aunque, estableciendo su relato higienista desde las nuevas claves de la evolución al considerar que tanto accidentes de trabajo, deficiencias higiénicas como enfermedades, tienen su origen en una organización social que se aleja de las pautas correctas de la evolución de la Naturaleza.
En este prolífico año de 1898 Lluria participaría además en el IX Congreso Internacional de Higiene y Demografía que se celebraría en Madrid entre el 10 y el 17 de abril reuniendo un numeroso y prestigioso elenco de médicos y profesionales que entre otros temas, presentaron significativas comunicaciones sobre diversos aspectos de salud laboral no solamente referidos a los trabajadores en sentido estricto, sino abarcando al mismo tiempo el campo de la higiene militar[33] y naval. La comunicación de Lluria se titulará Concepto mecánico de la fatiga y del agotamiento con un hilo argumental cuyo eje basal residiría por una parte en la consideración de la fatiga como un desequilibrio momentáneo de la estructura molecular de la célula “…sin vencer su límite de resistencia…” mientras que el agotamiento:
“…hace perder su tipo normal a la estructura molecular de la célula, por su persistencia é intensidad; llega á vencer su límite de resistencia sin que la célula pueda recobrar su cristalización, quedando así determinado el trastorno de una manera estable…”[34]
La diferencia que establece el Dr. Lluria con relación a otros planteamientos psicofísicos semejantes como los expuestos un año antes por Julián Besteiro[35] consistiría en apuntar la producción de una serie de sustancias tóxicas que debidas al agotamiento se acumulan en las células recalcando, que precisamente es en el «elemento celular en donde reside el fenómeno vital y en donde se rompe el equilibrio molecular»[36]
Por otra parte, insistiría también en que no se puede hablar aisladamente de fatiga física o muscular y de fatiga nerviosa. No hay más que una sola fatiga que además tiene un único resultado: La aniquilación del individuo».
“…Nosotros creemos que un individuo pueda llegar a la fatiga, al agotamiento, bien sea abusando de sus músculos, ó bien de su cerebro pero lo que no estamos conformes es en admitir una forma puramente muscular ó nerviosa. El organismo es una unidad, todo él es solidario…”[37]
“…se habla de fatiga física, moral é intelectual, como si fueran cosas distintas en su forma y en su esencia, y nosotros creemos que no hay más que una fatiga, aunque tenga distintas manifestaciones; el individuo que se fatiga ó se agota haciendo esfuerzos musculares, ó el que se consume gastando sus fuerzas intelectuales (…) el resultado final es el mismo, el aniquilamiento del individuo…”[38]
El segundo hilo conductor del planteamiento de Lluria nos llevará directamente a lo social insistiendo en el argumento ya utilizado en su folleto El medio social y la perfectibilidad de la salud de manera que.
“…La salud no nos la puede dar ni la medicina ni la higiene; la salud hay que buscarla en la transformación del medio social…”[39]
Como aspecto concreto de este postulado Lluria se detendrá en comentar la penosa situación existente en relación al trabajo infantil como causa no solo de enfermedades y muertes prematuras sino de debilitamiento de la raza exigiendo, una urgente legislación al respecto que, aunque a menudo incumplida, se llevaría a cabo con las llamadas Leyes Dato de 1900[40]
Sin embargo, el desarrollo que presenta tanto del planteamiento como de las posibles soluciones de este problema social adolecen, a nuestro entender de excesivas generalizaciones y vaguedades salvo quizá, el interés referencial y documental de las diversas citas que hace referentes a la obra del fisiólogo italiano Angelo Mosso[41]
Como ya hemos adelantado, en 1900 presenta el fallido proyecto para el ensanche y estación invernal de Sevilla en que desde sus continuos enfoques neuro evolucionistas presenta una serie de estrategias higienistas para que desde la salud de la población y sobre todo la obrera,[42] se consiguiese a la vez, una sociedad económica próspera abundando, en el especial papel que representa la educación física y curiosamente, utilizando como referencia una carta de apoyo del propio Cajal, que haría un significativo y peculiar énfasis en este papel de la educación física en los siguientes términos:
“…La robustez física produce por modo inmediato la robustez mental, en virtud de esa correlación orgánica, oportuna é ingeniosamente expuesta por usted, entre el músculo y el cerebro, entre el vigor de las ideas y la perfección y excelencia del aparato locomotriz, entre el desarrollo y complicaciones de las neuronas motrices y el número, volumen, robustez y diferenciación de las neuronas sensitivas y sensoriales. El valor y la virtud mismos son, en la mayoría de los casos, mera consecuencia de la energía física y del equilibrio funcional. La fuerza engendra osadía, confianza en las propias iniciativas y conduce al individualismo; por el contrario, la debilidad orgánica y mental, desconfía de su poder, se reconoce pobre y desvalida, busca el apoyo del Estado y de la sociedad y conduce, por indeclinable lógica, al funcionarismo y al parasitismo social.
Hay dos modos de educar: el modo latino y el modo sajón. Consiste el primero en esperarlo todo de la Providencia y del Estado, en considerar como cosa secundaria y casi frívola los placeres de la existencia y las realidades del mundo: en inculcar ideas En vez de hechos, y en resolver todos los problemas de la vida con el sentimiento y no con la razón. (…) El modo educativo sajón consiste precisamente en lo contrario. Consiste en enseñar a la juventud las realidades del mundo en que ha de vivir, mostrándole las cosas antes que las ideas, los hechos antes que las cavilaciones de la teología y de la filosofía; en vigorizar el cuerpo para robustecer y templar el espíritu, adaptándose estrechamente a las severas condiciones del ambiente físico y moral; formando de este modo hombres capaces de luchar victoriosamente con los pueblos caducos en el palenque de la ciencia, de la industria, del comercio y la conquista militar, y procediendo siempre como si la tierra fuera el único Paraíso prometido a la humanidad…”[43]
Probablemente estos comentarios de Cajal pensados como refuerzo de autoridad por el siempre ingenuo Lluria, no debieron – sino al contrario – servir de mucho para la aprobación del proyecto por las fuerzas vivas sevillanas.
En 1905 Lluria publicará su obra escrita más representativa Evolución superorgánica: La naturaleza y el problema social con un prólogo de Ramón y Cajal en la Editora madrileña de Fernando Fé [44]
Libro en el que se entrecruzarán los viejos mitos del socialismo utópico con los del ideario libertario pero que intentará racionalizar a través de un riguroso despliegue teórico en el que se combinan positivismo sociológico y evolucionismo darwiniano con las novedosas aportaciones de la histología del momento,[45] a partir sobre todo de su cercanía personal e intelectual con Cajal.
Como sintetiza Don Ramón en el prólogo a dicha obra; Lluria no intentaría otra cosa que sentar “las causas antropológicas de la llamada cuestión social” [46]
Prólogo por que posiblemente hayan pasado de largo muchos especialistas pero que al igual que el redactado para el proyecto sevillano presenta un Cajal poco conocido. En él, se revela no solamente una profunda humildad [47] junto con la bonhomía y generosidad con Lluria sino, sus profundas y realistas convicciones ante realidades en las que a pesar del optimismo de Lluria[48] consideraría su “… solución todavía harto remota, del pavoroso problema social…” [49]
Problemas en los que Cajal se identifica con el relato lluriano considerando que en la Humanidad :
“… el organismo superhumano se ha apartado desdeñosamente de la Naturaleza (sic) habiendo ocasionado esta sistemática y perpetua violación de las leyes evolutivas, irritantes desigualdades y torturantes dolores y miserias…” [50]
En este sentido, y aunque discretamente exponga sus dudas sobre las urgencias e ingenuidades en su aplicabilidad, Cajal no dudará en hacer suyos los presupuestos de partida esgrimidos por Lluria:
“…De acuerdo con el autor, estimo que los únicos capitales antropológicamente legítimos son la organización humana y las fuerzas de la Naturaleza (sic) factores de producción que no podrán marchar en consonancia con la justicia y la ley evolutiva, sino a condición de ser colectivamente fomentados y administrados. La tierra para todos, las energías naturales para todos, el talento para todos: he aquí la hermosa divisa de la sociedad del porvenir. Urge, pues, según el Dr. Lluria declara, reintegrar el hombre en las leyes de la evolución, devolver el capital, secuestrado en provecho de unos pocos , al acervo común de la colectividad, continuar, en fin, como diría Cánovas[51], la historia biológica de la raza humana, estancada por el egoísmo y la injusticia de tres mil años de civilización “ [52]
Sin embargo, Cajal no es Lluria. Nuestro premio Nobel dudará ante las posibilidades reales de concreción de lo que discreta y cariñosamente denominará siempre:
“…bello y halagador ensueño de Lluria…”[53]o “…doctrina altamente simpática y alentadora…” [54]
Para manifestar a continuación:
“…Desterrada la injusticia, ¿no habrá cesado acaso de funcionar el mejor resorte de la evolución mental de la Humanidad ¿ ¡Gran modulador de voluntades y promotor de heroísmos es el dolor! Reducidas a un mínimo tolerable la miseria y la desgracia ¿no descendería en igual proporción la abnegación sublime de los héroes y el genio portentoso de los redentores científicos ¿…” [55]
De cualquier manera, Cajal no puede menos de hacer suyo el sentido relato lluriano sobre un estado de cosas en que:
Divorciado de las leyes naturales, nuestro cerebro no rinde sino frutos desmedrados y escasos, y como indeclinable consecuencia de la penuria alimenticia y de los rigores del sobretrabajo de los más prodúcese el dolor moral y físico, la miseria fisiológica, la degeneración de la especie, y en la esfera moral, el odio de clases y el desapego a la vida (…) Pero tan deplorable estado de cosas no puede ser eterno. Tiempos vendrán en que la ciencia ilumine las conciencias y eleve los corazones (…) redimidos por la solidaridad y el amor…” [56]
Y aquí, en las últimas páginas del prólogo y a propósito de lo que Lluria considera como “…la asimilación de la vida a un ritmo, a un sistema de ondas, comparable en principio al de las partículas del éter…” [57] nos encontramos con un Cajal que, aunque prudentemente, nos va hablar del futuro, a modo de madrugada en las posibilidades de la evolución cognitiva de la Humanidad.
“…En ningún aparato orgánico hallamos más de relieve este carácter rítmico que en el instrumento cerebral. Nútrese nuestro espíritu de ondas llegadas de todas las partes del cosmos (…) nuestro sistema nervioso recoge todos los rumores y estremecimientos del mundo, a fin de concentrarlos, ora en el espléndido foco de la idea, ora en la llama de la voluntad y de la pasión (…) herencia de las cualidades adquiridas por la influencia trófica del sistema nervioso…” [58]
Aunque para Cajal todavía sea pronto, y falten “…datos anatomo-fisiológicos para averiguar esta cuestión…” admite la posibilidad de que en un futuro sin determinar, se pueda producir una suerte de proceso evolutivo que supere la estructura embrionaria actual en términos probablemente cercanos a las nuevas e ilusionadas teorías sobre la transhumanidad [59]
Un nuevo Homo sapiens más allá de la revolución cognitiva de hace 70.000 ó 45.000 años que:
“…Cómo un órgano perfeccionado por adaptación a las condiciones del medio, puede influir sobre el cerebro, para que éste, a su vez, modifique las células germinales…”
En definitiva:
“…La acción del sistema nervioso sobre los arreglos moleculares del núcleo y el protoplasma…”[60]
De esta manera y, sin perderse, en la utopía socioeconómica de Lluria dará Cajal por finalizado su prólogo, no sin manifestar una vez más, el afecto a su autor, reconduciendo el libro con discreta clarividencia por los caminos de la perfectibilidad indefinida del cerebro
“…El himno que Lluria canta a la perfectibidad indefinida del cerebro, de esa víscera eternamente joven que todos llevamos…”
Evolución super-orgánica es un libro complejo, a veces críptico y, otras, excesivamente simple e ingenuo, pero siempre y continuamente lleno de pasión y de voluntad en la búsqueda de soluciones para la dura e insoportable problemática social del momento. Posiblemente se atasque en sus optimismos armonicistas sobre un progreso indefinido en que se hayan reconciliado Naturaleza y Sociedad, o en su voluntarista y mesiánica opinión sobre la función de la sociología:[61]
“…en su justo afán de redimir al hombre…”[62]
Pero a la par, Lluria nos hace partícipes de sentidas y engarzadas reflexiones sobre la relación entre la evolución de la naturaleza y las disfunciones de la sociedad enfatizando, como clave significante el dato de la propiedad privada de los medios de producción y, a la vez, abundando en los quebrantos y deterioros que sobre el género humano produce esta especie de perversión del ritmo y de la esencia misma de la Naturaleza – “…debida al capitalismo…” [63] – alterando de manera aberrante la Ley de la Evolución. La Naturaleza [64] que para Lluria será siempre algo que obedece a leyes armónicas y además, constituyendo el gran patrimonio de la Humanidad. Si esta armonía se altera o se quebranta en la actual organización de la sociedad será porque se han infringido las leyes naturales e, intentando, continuamente sugerir que las medidas de transformación social pueden tener potentes arraigos evolutivos
“…La socialización de la tierra y los instrumentos de trabajo podrían explicarse de una manera positiva [65]
Señalando una:
“…Relación entre el transformismo y la ciencia social…” [66]
Como toda construcción intelectual el libro de Lluria estaría agarrado a un tiempo en que el paradigma médico/fisiológico estaba todavía presidido por el legado de Robert Remak (1852)[67] y Rudolf Virchow (1858). Este mundo de la célula sabiamente prolongado y cerrado en clave neurocerebral por nuestro Cajal en 1906, todavía estaría lejos de la bioquímica y de los actuales paradigmas biomédicos en los que la molécula, los genes, el átomo y la nanotecnología introducen nuevas lecturas sobre la comprensión y complejidad de lo viviente. Probablemente e, incluso, incluyendo el legado darwiniano, el escenario teórico en el que se movería Lluria entre 1900 y 1905 no era otro que el monismo/positivista, impregnado de certidumbres e ingenuidades metafísicas de progreso que de una u otra manera podrían determinar profundas relaciones entre naturaleza, ciencia y sociedad. Ingenuidades, no obstante, que parece se estarían volviendo a repetir en la actualidad. Mundo de seguridades aún no tocado por el relato de incertidumbres que va desde Heisenberg (1925 1927) a Prigogine (1967, 1982) [68] que explicaría sus continúas y sin duda sinceramente interiorizadas manifestaciones alrededor de la posibilidad que desde la eliminación de ciertos lastres socioeconómicos y culturales (capital, propiedad, ignorancia) y bajo la simple beatitud de una dinámica evolutiva de la naturaleza motorizada desde la perfectibilidad y plasticidad neurocerebral, se pueda conseguir sin mayores dudas o contradicciones una sociedad idílica. De igual manera, sus nunca mal intencionadas derivas eugenésicas y sus consideraciones sobre el papel “fertilizante” de la mujer estarían condicionadas por un tiempo ideológico en el que desde el campo de la intelectualidad libertaria y socialista, no se habría caído en la cuenta de que los posibles o supuestos dispositivos de perfectibilidad físico/moral suelen resultar a menudo armas letales cargadas por el diablo…y, sin embargo, el relato lluriano supone una cálida y sugerente apuesta por la humanización y el progreso de la humanidad, por el destierro del sufrimiento y por la confianza en la perfectibilidad de la especie a partir de la permeabilidad y potencia evolutiva del cerebro. De alguna manera Lluria estaría – a su modo – abriendo los actuales senderos de las biotecnologías y neurociencias explorando nuevas reflexiones y enfoques para las sociologías venideras en cuanto que, la posible sociedad del porvenir tendrá que enfrentarse a una problemática estructuralmente diferente a la del industrialismo y la modernidad.
Por otra parte, este bienintencionado ingenuismo evolutivo/mecanicista de Lluria proyectado hacia lo social, nos podría ayudar a los que estamos comenzando a bucear en la neurosociología, a ser tremendamente cautos y, fundamentalmente, a no olvidar que la permeabilidad, potencia y capacidad evolutiva humano/cerebral no es solamente fisio/bioquímica sino además cultural y psiquico/simbólica, dando lugar en su desarrollo histórico a tensionamientos, complejidades y contradicciones que paradójicamente desmienten a la vez, optimismos y pesimismos.
La explanación de Evolución Superorgánica será prolija. Lluria lo desarrolla en 10 apartados o capítulos acompañados de unos preliminares nutriéndose de los escritos más representativos del momento en cuanto a sociología, biología, histología y transformismo
Comenzará con dos apartados introductorias en los que desgrana sus reflexiones sociobiológicas para pasar a tres apartados de denso contenido histológico tomados de la obra de Darwin, Haeckel y Cajal…para finalizar con tres capítulos dedicados a la lucha de clases y el concepto de igualdad más la Herencia, y un último apartado que rotula como Medio
[1] Personaje exuberante y polifacético que combinaría los saberes médico/clínicos – centrados en la urología y que le servirían como soporte económico – con la histología, la sociología y el activismo socio/pedagógico.
[2] Aspecto sobre el que en nuestras páginas introductorias hemos ya insistido.
[3] Las referencias biográficas más representativas sobre el Dr. Lluria las hemos tomado del historiador cubano Francisco Domenech, contenidas en su obra Tres vidas y una época (Habana, 1940)
[4] Louis A. Ranvier (1835-1922) fue uno de los histólogos más relevantes de la época; descubridor de la mielina y de los llamados nodos de Ranvier en 1878, siendo también alumno suyo el Dr. Luis Simarro.
[5]Programado en el papel por el Ateneo de Madrid en 1889 pero no finalizado totalmente hasta 1932. Por otra parte parece que Lluria ayudó también a Cajal en la publicación de alguna de sus obras como por ejemplo la 2ª edición del libro Tónicos de la voluntad: Reglas y consejos sobre investigación biológica (Discurso de ingreso en la Real Academia de Ciencias de Madrid en 1897) publicado por la Imprenta de Fontanet (Madrid, 1899) y que el propio Cajal hará mención en “Recuerdos de mi vida” (1923-2006,552) considerándolo como “mi excelente amigo el Dr. Lluria…”
[6] Creada bajo el patrocinio de LLuria en 1907 y cuyo comité directivo estuvo formado entre otros, por Cajal, Simarro, Amós Salvador, Soraya y José Ortega Munilla. Ver: Alejandro Tiana, Maestros, misioneros y militantes, Madrid 1992
[7] Como su intervención en la Casa del Pueblo de Madrid el 16 de diciembre de 1915 bajo el título El problema del trabajo y la paz
[8] Vida Nueva fue un semanario madrileño de corta vida editorial (junio de 1898 a marzo de 1900) de sosegado ideario regeneracionista en el que colaboraron aparte de Lluria, Blasco Ibáñez, Galdós, Felipe Trigo, Unamuno, José Carracido o José Verdes Montenegro.
[9] Publicación quincenal fundada por Juan Almela Meliá ahijado de Pablo Iglesias duraría desde enero de 1903 hasta octubre de 1906
[10] Con una ponencia sobre el Concepto mecánico de la fatiga y el agotamiento (publicado en el tomo VII de las Memorias del Congreso, Imprenta de Ricardo Rojas, Madrid 1900)
[11] Ver al respecto: Juan L. Carrillo y Alberto Carrillo-Linares: Una nueva ciudad para un nuevo siglo, Tres Proyectos de reforma urbana de Sevilla (1900-1901) Universidad de Sevilla 1999.
[12] No tenemos clara la relación de lluria con Jaime Vera, habría que indagar como se conocieron. Sin poderlo confirmar por ahora planteamos como hipótesis si esta relación pudo tener que ver con la enfermedad crónica que padecía Jaime Vera y su contacto facultativo con el Dr. Lluria como eminente urólogo. El caso es que un médico de extracción pequeño burguesa con una posición económica acomodada no solamente se afilia al Partido Socialista sino que desde unos pocos años después de su acomodo como eminente urólogo en Madrid comienza su magisterio obrerista que por otra parte, no será estrictamente socialista, sino que parece empapado de lecturas, contactos y sensibilidades claramente libertarias
[13] Ver el artículo de Miguel Ángel Puig-Samper El pensamiento evolucionista de Enrique Lluria pp. 399-400, en la obra colectiva Evolucionismo y Cultura, Madrid, Ediciones Doce Calles, 2002.
[14] Carlos Malato (1857-1938) anarquista francés amigo y colaborador de Francisco Ferrer y muy vinculado a la Escuela Moderna
[15] No hemos podido concretar y fijar la datación de esta actividad así como la fecha en que por primera se publicaron estos dos folletos.
[16] La Máquina contra el obrero sería editada en Madrid por Gráfica Socialista (s.f.) mientras que de La Máquina a favor de la Humanidad no hemos encontrado ningún rastro de su impresión. Probablemente estos folletos fueron el resultado de sendas conferencias dadas por nuestro autor en la Casa del Pueblo de Madrid entre 1903 y 1905
[17] Nosotros hemos manejado una edición de Grafica Socialista de Madrid probablemente editado hacia 1922 – 1926
[18]También conocido como castillo de Mos
[19] Algunos cronistas hablan de una septicemia provocada al inyectarse morfina
[20] Libro o folleto – pues al final creemos que solamente se editaría un primer volumen de los 4 proyectados por el autor – del que, nos consta la existencia de solo tres ejemplares en toda España custodiados en la biblioteca de la Real Academia de Ciencias Exactas de Madrid y en las de las universidades de Granada y Santiago
[21] Federico Rubio y Galí (1827-1902) aparte de ser un cirujano eminente y pionero en la institucionalización en España de una enfermería laica y profesionalizada, fue un destacado miembro del Partido Federal Republicano y posiblemente, se le pueda considerar como un adelantado de la sociología clínica – aunque adoleciese de un potente sesgo médico/patológico – acompañado todo ello, con una constante preocupación por las condiciones de higiene y salud de la clase obrera. A este respecto, habría que anotar un madrugador escrito publicado en La Crónica Médica de Sevilla (30 de junio de 1865) a propósito de la salud laboral de los trabajadores del ferrocarril que la amplia además, a las condiciones higiénicas de los viajeros en el trayecto que unía Córdoba con Sevilla expuestos a recorridos por terrenos pestilentes que desencadenaban numeroso episodios de fiebres intermitentes.
[22] El Dr. Luis Simarro Lacabra (1851-1921) sería el titular de la primera cátedra de psicología en España (1902) con una clara mentalidad positivista y evolucionista que acompañó toda su vida con una sincera sensibilidad progresista que le haría oponerse al juicio y sentencia de muerte contra Ferrer y Guardia el fundador de la Escuela Nueva en 1909 con su único libro que conocemos El proceso Ferrer y la opinión europea (1910) Postura que por otra parte le llevaría al distanciamiento con la ILE, que en este caso, desvelaría su trasfondo laico/curil y santurrón. Como otros muchos médicos progresistas de la época manifestaría una profunda sensibilidad ante los problemas de salud laboral siendo uno de los primeros médicos españoles (1887 en plantear la fatiga en el trabajo en términos psicosociológicos modificando y adelantándose al enfoque exclusivamente biomecánico de su maestro Kraepelin de 1896 al igual, que desarrollaría una lectura psicosocial de la neurastenia que para nosotros supone una madrugadora aportación a la construcción de la psicosociología clínica en España
[23] Gaspar Sentiñón Cerdeña (1840-1903) médico anarquista catalán y uno de los promotores del anarquismo español como participante en la formación de la Federación Regional Española de la A.I.T. desarrollaría posteriormente una intensa labor pedagógica en los campos de la higiene obrera y la prevención de la siniestralidad laboral en sus clases y conferencias en el Ateneo Catalán de la Clase Obrera y colaboraciones en diversas revistas barcelonesas como La Salud entre 1877 y 1879, con el rótulo La higiene del proletariado.
[24] El Dr. José García Viñas (1848-1931) compañero de militancia anarquista de Sentiñón en la fundación de la FER combinaría su ideario político con una sentida vocación en el terreno de la salud de los trabajadores con especial dedicación a la higiene y salubridad de la vivienda de las clases populares. Su única obra escrita que conocemos es la edición (1876) de su memoria de doctorado titulada: Apuntes para el estudio médico-higiénico de la miseria.
[25] Ignacio Valentí Vivó (1841-1924) otro peculiar médico catalán catedrático de Medicina Legal y Toxicología en Barcelona que desarrollará en sus numeroso escritos una especie de relación entre la antropología, la biología y la sociología y que algunos comentaristas le asociarían con la constitución del eugenismo español. Junto con su Biología y política (1899) Herencia y trabajo (1907) Eugenesia y biometría (1902) su obra sociológica más relevante seria La Sanidad Social y los obreros (1905) libro espeso – en dos volúmenes – y pesado de leer que apuesta decididamente por la prevención y atención desde el Estado a la salud de los trabajadores.
[26] Amalio Gimeno (1852-1936) vinculado de joven a la ILE y a los círculos republicanos valencianos terminaría acercándose al catolicismo social español. No obstante, Gimeno mantuvo siempre una gran sensibilidad por las condiciones de trabajo de las gentes, siendo durante su etapa como Ministro de Gobernación (1919) cuando se establece en España la jornada de 8 horas. Antes en 1903, abundaba en las causas patológicas del trabajo excesivo utilizando al igual que Simarro el concepto de la fatiga psicofísica asociándola o dando lugar a la infección microbiana y los accidentes de trabajo (Discurso leído en la Universidad Central en la inauguración del Curso 1903-1904, Madrid, Imprenta de Estrada Hermanos, 1903; 36-37-38 y 39)
[27] Rafael de Francisco: La salud laboral en la nueva Europa o la apuesta por la ciudadanía o el clientelismo. Revista LA MUTUA nº 11, 2004 pág. 10.
[28]Con toda seguridad se trataría de un publicista socialista vasco no muy conocido llamado Timoteo Orbe de San Vicente.
[29] Darwin, Spencer, Marx. Revista Vida Nueva nº 21, 30 octubre, 1898. Referenciado en Miguel Ángel Puig-Samper: Evolucionismo y Cultura, Madrid 2002 pág. 399
[30] Obra en principio que debía constar de 4 partes o volúmenes y que nuestra impresión es de que solamente se publicaría la primera parte
[31]Anotado por Ángel Gonzalo de Pablo 1997,446 y Rafael de Francisco 2004,10.
[32] Al médico franco-alemán Johann Peter Frank (1745-1821) se le puede considerar como el precursor de la medicina social europea a partir de su famosa conferencia de 1790 con el rótulo “De populorum miseria: morborum genitrice” y monumental obra en seis volúmenes System einer Vollstandingen Medizinischen Polizey” (1779-1819)
Rudolf Ludwig Karl Virchow (1821-1902) aparte sus contribuciones en el campo de la patología celular constituye una referencia obligada en la constitución de la medicina social moderna a partir de su informe sobre La epidemia de tifus en la Alta Silesia (1848) aunque, según nuestro entender, parece que sobre todo, fue una preocupación casi exclusiva de su juventud al hilo del contexto revolucionario de 1848
[33] En este apartado dedicado a la higiene y medicina militar habría que destacar un minucioso estudio estadístico sobre la morbimortalidad de las tropas españolas durante el primer año de la campaña cubana (1896) realizado por el médico militar Ángel de Larra y Cerezo
[34] Actas del Congreso Tomo VII: Madrid Imprenta de Ricardo Rojas 1900 pág. 114
[35] En su libro Psicofísica, Madrid Imprenta de Ricardo Rojas 1897
[36] Op. citada pág. 116
[37] Op. citada pág. 119
[38] Op. citada pp. 118-120
[39] Op. citada pág. 128
[40] En 1898 el trabajo infantil – y únicamente en los denominados establecimientos fabriles y mineros – estaba regulado por la llamada ley Benot (24 julio de 1873) que establecía la edad mínima en los 10 años para las jornadas diurnas y en 15 para el trabajo nocturno.
[41] Angelo Mosso (1846-1910) publicaría su libro sobre La Fatica en 1891 siendo editada en castellano en 1893 y por tanto, perfectamente conocida por Lluria. Aparte su gran interés implícito en el que también se advierten intensas influencias evolucionistas habría que destacar el prólogo del médico y sociólogo español Rafael Salillas (1854-1923) para el que la historia natural del hombre será la historia de su propio proceso evolutivo articulando lo sociológico, lo fisiológico y lo psicológico. A. Mosso: La Fatiga, Madrid Librería de José Jorro, 1893 (XII – XIII)
[42] “…Es de todo punto imposible mejorar la industria de un país, mientras no se mejore la condición del obrero…” Enrique Lluria: Proyecto de ensanche y estación invernal de Sevilla. Implantación en España de los juegos de sport, Madrid Establecimiento Tipográfico de Fontanet, 1901, pág. 63
[43] Proyecto de ensanche…pp. 40-47
[44] Nosotros conocemos 4 ediciones. La de Fernado Fe de 1905 , otra de Barcelona de El Siglo Nuevo también de 1905 y otra realizada por la Editorial Maucci vinculada a la Escuela Moderna de Barcelona en 1929; la cuarta sería la inglesa de 1910 editada por la casa Willians & Norgate de Londres.
En el presente trabajo hemos utilizado la de Maucci de 1929, de forma que todas las citas a pie de página anotadas de dicha obra estarán referidas a ese dato. Por otra parte, el que hayamos utilizado esta edición se debe a que contiene interesantes notas a pie de página de esta Biblioteca de la Escuela Moderna que reflejan con gran nitidez, el ideario libertario sobre el libro de Lluria.
[45] Téngase en cuenta que la gran obra histológica de Cajal: Textura del sistema nervioso del hombre y de los vertebrados se terminaría de imprimir en 1904.
[46] Op. cit. pág 5 del prólogo
[47] El que dentro de unos meses sería galardonado con el Nobel diría en los inicios de este prólogo:
“…Semejante requerimiento me pone en un grave aprieto, pues sobre ser yo lego en la ciencia creada por A. Comte y desarrollada por H. Spencer, me he preocupado muy poco, o, mejor dicho, no he tenido tiempo de preocuparme, de la evolución moral e intelectual del hombre considerado en sus relaciones con la Sociedad y el Estado. Abeja obrera…me he limitado buenamente a libar en el jardín de la Naturaleza, para fabricar mi pequeña e individual celdilla, dejando que otros…tracen la perspectiva y hagan la filosofía de la obra común , marcando los futuros rumbos del enjambre humano …” (Op. cit. pág 6 del prólogo)
[48] En su posterior libro “La Humanidad del porvenir” (1906) nuestro buen Lluria fijaría nada menos que en 1925 el inicio de la solución de los problemas sociales en América y determinados países de Europa
[49] Op. cit. pág 6 del prólogo
[50] Op.cit. pág 6 del prólogo
[51] Interesante esta referencia de Cajal a Cánovas del Castillo
[52] Op. cit. pág 8 del prólogo
[53] Op. cit. pág 8 del prólogo
[54] Op. cit. pág 10 del prólogo
[55] Op. cit. págs 9 y 10 del prólogo
[56] Op. cit. págs 10 y 11 del prólogo
[57] Op. cit. pág 12 del prólogo
[58] Op. cit. pág 13 del prólogo
[59] Intencionadamente decimos “probablemente cercanos” dado que el relato evolucionista de Lluria parte de un componente sociopolítico previo que es el perturbador del desarrollo evolutivo correcto frente a la nueva biosociología genética en la que los adelantos bio/tecnocientíficos constituirían las claves para el cambio.
[60] Op. cit. pág. 14 del prólogo
[61] La percepción que parece expresar Lluria con respecto a la sociología se movería cercano al imaginario libertario sobre la misma en el entorno de las últimas décadas del XIX. Para los anarquistas la sociología más que una disciplina teórica explicativa, es fundamentalmente una práctica, una herramienta si se quiere comprensiva pero, sobre todo operativa – y casi revolucionaria – para transformar la sociedad.
En este sentido serán abundantes las utilizaciones del término o la voz “Sociología” para rotular acontecimientos, publicaciones o comportamientos y sensibilidades ligadas a los círculos libertarios españoles durante estos años como por ejemplo, la denominación del órgano de los colectivistas catalanes “Anarquía” (1886) como Revista sociológica o menciones a “obreros que se educaban en la ciencia sociológica “ como se comentaba en la revista de la Federación de tejedores a mano de Igualada en 1884. De cualquier manera esta visualización mesiánica/operativa de la sociología sería también compartida – aunque con menor radicalismo – por la mayor parte de los círculos y colectivos no libertarios vinculados con el movimiento obrero durante estos años de la década de 1880 como simplemente lo atestigua el propio rótulo del Congreso Nacional de Sociología de Valencia (1883) patrocinado por el Ateneo-casino obrero de Valencia y con una fuerte presencia de la Federación de las Tres Clases del Vapor de tendencia claramente armonicista pero de indudables conquistas prácticas en lo que se refiere por lo menos a la paliación de las extremas condiciones de vida y trabajo de la época junto con una cierta mejora en las relaciones entre capital y trabajo y, que sería considerado, como acontecimiento histórico “del movimiento sociológico español “ En términos parecidos el Centro Obrero de Barcelona utilizaría el término de sociología democrática para referirse a la “ciencia que aspiraba a la completa emancipación de la clase productiva “ Por esos mismos años en 1887 en un artículo de El Obrero escrito por Manuel Navarro Murillo se comentaba cómo la sociología era la “búsqueda de la armonía perceptible de la organización mutualista y la cooperación (…) permitiendo y aportando solidaridad (…) estando al servicio de la emancipación obrera “
Vide, Ramón Casterás (1985,89 – 90)
[62] Op. cit. pág 29
[63] Op. cit. pág 33
[64] Siempre que Lluria utiliza el término Naturaleza o Humanidad lo hace escribiéndolas con mayúsculas
[65] Op. cit. pág 19
[66] Op. cit. pág 19
[67] Robert Remak (1815-1865) neurólogo y embrionólogo polaco/alemán sería entre otros descubrimientos el alumbrador de los procesos mitóticos por los que las células se multiplican partir de sus núcleos (1852) siendo por lo tanto junto con Virchow un actor relevante en el diseño de la patología celular.
[68] Ilya Prigogine (1907-2003) científico ruso belga y Nobel de Química en 1977.
Sus obras más representativas : Estructuras disipativas de 1967 y Tan solo una ilusión (1972, 1982)